Por: Juan Hernández 2 diciembre
Juan Hernández trabaja en la editorial costarricense Germinal, donde publica títulos de autores internacionales y ticos. A finales del 2016, publicó su primera novela: Dígame quién soy yo, madre (Diagonal). Foto: Guillermo Barquero.
Juan Hernández trabaja en la editorial costarricense Germinal, donde publica títulos de autores internacionales y ticos. A finales del 2016, publicó su primera novela: Dígame quién soy yo, madre (Diagonal). Foto: Guillermo Barquero.

En una época, la televisión por cable compitió ‘‘taco a taco’’ con mi biblioteca. Mi horario paralelo al laboral pasó a ser el primario. Mi día consistía en ver programas de cocina, cocinar y leer.

Tenía la dicha de que mi esposa trabajaba y cuando ella llegaba a la casa le decía que ‘‘el futuro de nuestra familia sería la cocina, no la escritura’’.

Al cabo de un año, el pantalón no me cerraba bien y seguía leyendo y escribiendo al lado de la cocina.

Tras cinco años tratando de distribuir mi tiempo entre series de cocina, teleseries y mi biblioteca, puedo decir que el punto exacto entre narrativa, reality show, diseño de interiores y muebles, lo tiene The Great British Bake Off (GBBO).

'The Great British Bake Off' es una serie británica con ocho temporadas al aire. Los creadores de la serie tomaron el concepto de los concursos estadounidenses de cocina de pasteles. Foto: cortesía BBC.
'The Great British Bake Off' es una serie británica con ocho temporadas al aire. Los creadores de la serie tomaron el concepto de los concursos estadounidenses de cocina de pasteles. Foto: cortesía BBC.

El programa se resume en tres etapas a las que son sometidos los concursantes: una “horneada” de autor, un desafío técnico y un final espectacular.

En cada capítulo se elimina un concursante hasta llegar a la gran final donde quedan tres. En este punto, la tensión es brutal.

Pocas veces un carbohidrato genera más movimiento que una visita al gym. Y esto es lo que sucede en GBBO cuando se acercan las horas finales de sacar del horno el queque y, luego, afrontar el juicio que definirá si hay que irse a la casa o seguir cocinando.

Existe un acercamiento a las nuevas formas de narrar fuera de la pantalla del televisor que solo nos lo permiten los programas de cocina.

Porque, claro, es más fácil salir a cocinar un hermoso pastel después de un episodio de GBBO que cocinar metanfetamina luego de ver a Walter White en Breaking Bad.