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Costa Rica, Domingo 28 de junio de 2009

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¡Calma, calma! Ahí vienen los Paer

  Jill y William Paer han hecho de ¡Qué rico! una marca registrada. El programa lleva 22 años en la televisión. Hoy llega por XperTV canal 33.

Ángela Ávalos R. | aavalos@nacion.com

La señora Matusa, profesora de secundaria en una escuela del Bronx, en Nueva York, se lo pronosticó: “Usted va a inventar recetas”.

En aquel entonces, Jill Paer solo pensaba en el piano clásico y en cuidar perros y gatos. La cocina no estaba para nada dentro de sus planes. Así que la niña de once años no le creyó a su maestra de Economía del hogar.

Pero hoy, casi 40 años después de aquella premonición, Jill no puede dejar de pensar en aquella visionaria emigrante de Grecia, cuando se ve creando nuevas mezclas con afrecho, arroz integral, guineos cuadrados, bananos, tomates y chiles, en todas sus formas imaginables.

No se hizo veterinaria “porque no quería andar metiéndole la mano a los toros”. Tampoco se dedicó profesionalmente al piano, porque lo suyo no era pasar 15 horas semanales frente a una pizarra “aprendiendo cosas que no le interesaban”.

Jill terminó donde menos pensaba: en la cocina, su laboratorio de alquimia culinaria. Queriéndolo o no, también se infiltró como uno más de los personajes de la farándula nacional al crear el programa ¡Qué rico! junto a su padre y mentor, el psicólogo William Paer.

Desde ¡Qué rico! , Jill libra una misión personal: intenta convencer a la gente de un país muy distante de aquel donde dejó perdido el ombligo, sobre las ventajas de una alimentación balanceada y una salud integral.

¡Qué rico! la tiene como una de sus caras más emblemáticas. El otro rostro del programa es el del doctor William Paer, el experto en terremotos de la tevé nacional.

Este psicólogo de 75 años ha protagonizado frente a la cámara de ¡Qué rico! dos intentos de huida ante tremendos movimientos sísmicos que lo “pescaron” en plena grabación.

En el último de estos sismos –ocurrido el 8 de enero anterior–, Paer padre le dio la vuelta al mundo a través de YouTube . Puso en boca de todos los que lo vieron, la frase “¡Calma, calma!”, casi gritada a galillo mientras su hija se aferraba a una silla como intentando parar el terremoto.

Transplantados

La historia de los Paer aquí ya acumula varios calendarios. Cayeron en Tiquicia en 1976, provenientes del Bronx, Nueva York.

Jill y Adam –su hermano–, eran apenas unos adolescentes, y el doctor Paer, un psicólogo de barba profunda que intentaba alejar a sus hijos de las drogas y libertinajes en los que caían otros gringos de la época.

La vida da muchas vueltas. En una de tantas, un divorcio y un juicio por la custodia de los jóvenes Jill y Adam, lanzaron a esta familia –para su buena suerte– en un país que hicieron suyo, tal y como si hubieran nacido en él.

Se instalaron en Rohrmoser, Pavas. William Paer se inscribió como el psicólogo número 28 del recién creado colegio de profesionales en Psicología, que él mismo ayudó a fundar.

Los hermanos estudiaron en La Salle y aprendieron español en los primeros tres meses de corretear por San José.

En su intento por acercar a los ticos a un estilo de vida más saludable, el doctor Paer se acercó, en los años 80, al canal 13 para proponerles un programa sobre los padres solos que crían hijos.

“El entonces director del Sinart (Sistema Nacional de Radio y Televisión), era un gordito. Comía queque de fresas... ¡lo adoraba! Yo le ofrecí un pastel más saludable y natural que hacía Jill... cuando lo probó nació ¡Qué rico, luego de un (programa) piloto en canal 13”, contó Paer.

Durante muchos, muchos años, relató Jill, el programa se mantuvo cinco horas a la semana en el canal nacional. Luego pasó a canal 19, con 30 minutos semanales.

Hoy, seguidores fieles y novatos lo pueden ver en XperTV canal 33, los martes y jueves, a las 4 p.m., con repetición a la medianoche, y los miércoles y viernes, a las 8 a. m.

“No es solo un programa de cocina. Nunca lo ha sido”, se apresura a aclarar Jill. “Es un programa de salud al 100%, que une la cocina natural con el aporte que da mi padre al bienestar mental y espiritual de las personas”.

En casa

Ya no graban en los sets de las televisoras. Dos salas de su casa, en Rohrmoser, guardan los dos escenarios en los cuales se desarrolla el programa todos los días.

“Es una casa llena de Tiquicia, de cuentos, de gentileza”, describió William Paer, quien se autocalificó como “el más tico de los ticos”.

El primero de los sets , está justo a la entrada de la acogedora residencia de pinos y pochotes.

Intenta recrear una casa de campo, con cómodos sillones y dos ventanas “postizas”, con potreros igual de postizos asomándose por las ventanas. Ahí está instalada la famosa mata que sirvió de sismógrafo el día del terremoto de Cinchona.

El otro set está no más cruzando un pasillo. Es la cocina. Solo las luces de la televisión la delatan, porque si no pasaría como la cocina de la casa.

Es inevitable soltar un “¡Qué rico!” cuando se ven –y se huelen– sobre la mesa los pancitos integrales rellenos de fresa y piña.

¡Ni qué decir de la torta de huevo con chayote, adornada con salsa de tomate natural!, otro invento culinario de los pronosticados por la profesora griega casi cuatro décadas atrás.

Jill mostró sus famosas galletas de afrecho con pasas, endulzadas con banano. También habla con orgullo de su mayonesa JP, el cheesecake ‘a la Jill’ y la pizza integral.

Queques, lustres de chocolate, coco, maní –todos preparados a base de huevo duro–, son parte de los cientos de creaciones que la hacen sentir orgullosa.

Porque esta Jill no para de inventar, como si además de una premonición su profesora griega le hubiera dado una orden.

Hoy, crea platillos tan novedosos y extraños como el pastel de “jocochayotepapa”, o sus panes integrales rellenos de frutas naturales, cuya fama ha corrido por todo el barrio y más allá.

En esos inventos lleva los últimos 22 años, y dice no ver el fin de la carrera, porque la disfruta.

También enseña. Jill tiene alumnas que quieren encontrar el secreto de comer saludablemente sin engordar. Últimamente, descubrió los eventos especiales.

El último de ellos tiene que ver con su intención de enseñar a escolares y colegiales los beneficios de comer arroz integral. Lleva varios centros educativos recorridos en ese nuevo desafío.

“Costa Rica debe saber lo que es la fibra. Quiero incluir en esta campaña a los hospitales y escuelas. Hasta pedí una cita con la ministra de Salud para contarle el plan”, dijo Jill, tan entusiasmada como siempre suele estar.

Por esto y más, algunos se han atrevido a llamarla “la loca de la cocina”, “pola” y “campechana”.

Pero estos apelativos, lejos de enojarla o quitarle energía, la impulsan más; a ella y a su papá.

“Yo me siento bien y les doy las gracias por esto”.

Originales

Lo que sí está dispuesta a defender contra viento y marea es el concepto desarrollado en ¡Qué rico!, cuando se le trata el tema de otros programas de cocina.

“No me gusta compararme con otros, que tendrán su talento. Pero mi estilo, sin duda, es único. En la forma de preparar alimentos originales, nadie cocina como Jill”, dice con los ojos abiertos como dos monedas de ¢500, y soltando una carcajada que resuena entre los troncos de pino y rebota en el piano de la pequeña sala.

¡Qué rico! tiene muchas facetas. En el set que hace de sala campesina, conversa con su padre sobre la vida, e intenta ayudar a los otros para que mejoren la suya. Hasta ha probado hacer terapia con mascotas en varios programas para ayudar a niños y ancianos enfermos.

Jill también crea sus propios vestuarios, hace ejercicios frente a los televidentes, baila al final de cada programa y canta. Las palabras vergüenza y timidez no existen en su diccionario vital.

Fue a través de ¡Qué rico! que su papá, el doctor Paer, hizo famosa, en los años 90, la canción Chupando una semilla de jocote , grabada en esa época por Manantial.

En un inmenso álbum de fotografías y recortes de periódicos, esta familia guarda los recuerdos más preciados de los 22 años del espacio.

Por cada una de esas páginas pasan expresidentes, estrellas de la farándula nacional e internacional, periodistas, locutores, futbolistas...

Al álbum le sobran varias páginas. Una columna de nuevos recortes y fotografías hace fila para apropiarse de esos espacios vacíos que Jill piensa llenar, para demostrar a la señora Matusa que su profecía se hizo realidad.

FOTOS

  • Nacion.com

    Fotos: Alonso Tenorio/La Nación

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    Jill no escatima en reconocer la influencia de su padre, a quien considera su mentor. Alonso Tenorio

  • Nacion.com

    Jill Paer se define como una persona positiva. Aquí, junto a la famosa mata del terremoto. Alonso Tenorio

  • Nacion.com

    Inevitable soltar un ‘¡qué rico!’ ante este pancito fresco relleno con fresas y piña, receta original de Jill Paer. Alonso Tenorio

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Más ticos que nadie

A William y a Jill Paer nadie les gana en amor a Tiquicia. Por lo menos, esto es lo que ellos aseguran. Llegaron a una Costa Rica de tranquilidad, aún sin rejas en las ventanas, y la han visto transformarse en una jaula con barrotes.

Buenos recuerdos

El cantante Luis Aguilé, el grupo musical La Pandilla, periodistas como Marcelo Castro, futbolistas y políticos... han pasado por el espacio y probado los inventos gastronómicos de Jill Paer, orgullosa de sus 22 años en la televisión.

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