A las diez de la mañana, la Avenida Central se agita al ritmo apurado de los transeúntes. En la Churrería Manolo´s, lugar de trabajo de nuestro entrevistado, las meseras atareadas se encargan de atender a un puñado de comensales. Entre tanto, un humeante café con leche torna placenteros los minutos de espera.
En eso estábamos cuando llega a la cita Hernán Morales Martínez. Se trata del mismo Hernán que, desde hace casi un cuarto de siglo, trocó los zapatos de futbol por un micrófono y se estrenó en el oficio de comentarista deportivo.
Por aquella época no se acostumbraba que un futbolista tomara un puesto al lado locutores como Manuel Antonio Pilo Obando, Luis Gerardo Rojas y Ramón Coll. Hernán fue el primero, y llegó para quedarse.
Aunque no estaba entre sus planes, la oportunidad que le dio Alvaro Allen, quien para entonces era el gerente de los canales 6 y 2, lo amarró frente a las cámaras.
En el segundo piso del restaurante que Hernán administra, nos acomodamos en un balcón con vista a la calle. Él es serio, igualito a como se ve por la tele. Habla con pausa, entrecruza las manos y transmite tranquilidad.
Como preámbulo, recordamos sus años de futbolista en la década de los setenta. Ocho años jugó con Saprissa, cuando los equipos no tenían dueño. Mientras vestía la camiseta morada, Morales estuvo en el equipo que logró el récord de seis campeonatos seguidos. Cuatro temporadas más con Cartago sellaron su carrera deportiva en 1982. Ese mismo año llegó a la televisión.
Nuevo rumbo. Su primer juego como comentarista fue el de Italia contra Polonia del Campeonato Mundial España 82. Luego pasó a presentador de notas deportivas en los resúmenes dominicales. Al principio, como es de suponer, tuvo que lidiar con las críticas. Unas positivas, de quienes querían ayudarle a superarse; otras, más agrias, de quienes no. Hernán se enfocó en las primeras y veinticuatro años después su puesto está asegurado.
Fue su criterio como exfutbolista el que le valió su buena reputación. Morales le dio al público local la oportunidad de escuchar la versión de alguien más cercano a la realidad del jugador y a las incidencias que escapan al ojo de la cámara. “La gente capta la credibilidad y no es que siempre estén de acuerdo conmigo, pero la opinión es valorada. Esa ha sido mi fortaleza”, comenta.
Le cuestionamos si a veces se pasa de condescendiente con los errores del futbolista, como si quisiera justificar cada yerro que estos cometen. Hernán se defiende: “Respeto la individualidad en un campeonato tan disparejo como el nuestro. Además, en televisión hay que guardar una consideración especial y, por eso, nunca digo que un jugador es malo. Yo no soy quien para juzgar”.
Otro punto espinoso es la relación comercial que tienen las televisoras con los equipos de futbol, pues a canal 7 se le asocia con el Saprissa y a Repretel con la Liga.
Sin embargo, asegura nunca haber recibido indicaciones de favorecer con sus comentarios a un equipo en particular, ni tampoco alguna llamada de atención por expresarse desfavorablemente a los intereses extradeportivos.
Otra característica de la presencia de Hernán en la tele ha sido la mancuerna que hizo con Manuel Antonio Pilo Obando. Ambos narraron las incidencias del Mundial de México 86 y se les recuerda juntos en la memorable transmisión de la hazaña de la Sele en Italia 90. Al recordar este Mundial, Hernán no duda en calificarla como su máxima realización en el micrófono. “Fue un orgullo haber estado allí”, recuerda emocionado.
Desde hace siete meses al comentarista se le encargó presentar la sección deportiva, en la edición de las siete, de Noticias Repretel. Como la televisión ya es parte de su vida, en el futuro le gustaría participar en un programa tipo “después de la jornada”, en donde se puedan desmenuzar las incidencias de lo ocurrido en los encuentros de futbol. A ver si se le cumple.
Una vida
pausada
Desde 1999 Hernán Morales comparte su oficio de comentarista deportivo con el de administrador de la Churrería Manolo´s, en la Avenida Central de la capital. Él se califica como una persona sencilla, no le gusta figurar, pero sí estar ocupado. Como se puede adivinar, el futbol ocupa un muy importante lugar en su vida. Corre por su sangre.
Morales asegura que lleva una vida tranquila al lado de su esposa Brigitte Boza. Tiene cuatro hijas –Susana, María José, Paula y Megan– y un hijo, Hernán Alberto. Con 55 años de edad es abuelo por partida doble.
Las canas lo acompañan desde hace ya bastante rato; sin embargo, eso no lo desvela. “Entre quienes dicen que me las tiña y los que no, mejor no”, resuelve.
Hernán gusta mucho de la tertulia. Para eso cuenta con un par de grupos de amigos, aunque reconoce que, más que hablar, ejercita el arte de escuchar.
Revela que, de haber tenido facilidad, habría sido músico bohemio, cantante de boleros, o algo así. Pero la verdad, ni al karaoke se anima. “No me oigo bien cantando y me piden que por favor no insista”, reconoce con humor.
Amigo del buen comer, su paladar sucumbe a la tentación de las carnes. Puede ser un buen lomito o un filet.
–¿Y los churros?
Suelta una carcajada:
– ¡Sí, también los churros!
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Fotografías
Eyleen Vargas