La fastuosidad que ha precedido el lanzamiento de la sexta temporada de Los Soprano –que algunos críticos se arriesgan a calificar como la mejor serie en la historia de la tevé– no puede estar más acorde con la magnificencia que derrochan los padrinos de la mafia de New Jersey.
Claro, su grandilocuencia viaja en una montaña rusa que, a menudo, lleva al jefe de jefes –Tony Soprano (James Gandolfini)– y a los suyos a caer en la decadencia moral, emocional y física, como suele ocurrir en la vida real con quienes escogen el delito como forma de vida.
Pero bueno, moralismos aparte (de todos modos no vienen al caso para quienes admiramos la serie como ficción y no como apología), hoy, por fin, millones de espectadores estrenarán el primero de 12 episodios que podrían ser los últimos de este drama.
La prestigiosa cadena HBO no ha escatimado en su campaña de expectativa: afirma que el episodio de hoy arrancará cargado de tensos cambios en la vida familiar del capo más temido de New Jersey. Esto es mucho decir si se toma en cuenta que, en el pasado, fue casi imposible observar un episodio sin permanecer con los dientes apretados durante una hora entera.
La fascinación que ejerce esta serie entre sus seguidores solo es comprendida en su intensidad por ellos mismos. Sin embargo, siempre hay espacio para nuevos adeptos. A estos es menester esbozarles a grandísimos rasgos el argumento: los Soprano son una familia de la mafia italiana instalada en los suburbios de New Jersey. Su protagonista, Tony Soprano, intenta ser un buen hombre de familia, al tiempo que desempeña su rol como capo de la mafia. Las presiones a las que se ve sometido son de tal magnitud que debe buscar terapia psiquiátrica, claro, a escondidas de los suyos, pues alguien como él no se puede dar el lujo de tener “esas debilidades”.
Pero ¿qué tiene Los Soprano que la hace tan irresistible? ¿Cuáles son las claves para que un tema tan manido por el cine y la televisión se convierta en un éxito de masas?
El cinéfilo y blogger español, David Garrido Bazán, realiza una interesante interpretación del fenómeno en su página web. Según dice, hay un elemento clave –ya presente tanto en la trilogía de El Padrino como en Buenos muchachos– que lo explica: Los Soprano no es una serie sobre la mafia, sino una serie sobre una familia cuyo estresado protagonista es un capo de la mafia. Es una diferencia sutil, pero esencial que el guionista David Chase estableció como columna vertebral de la serie desde su brillante episodio piloto: ¿Cómo se conjugan los problemas que causan sus actividades al margen de la ley con los de una familia a la que pretende dejar al margen de las mismas? Como decían en uno de los primeros trailers promocionales ¿qué va a ser, good father o Godfather (buen padre o Padrino)?
“Pues ambas”, responde Garrido. “Porque el fascinante Tony Soprano es un personaje al que ambas características definen por igual de forma indisoluble. James Gandolfini ha hecho una composición portentosa con ese personaje capaz de ofrecer caras muy distintas según la faceta de él que estemos viendo. Resulta igual de creíble cuando saca a relucir su lado más encantador –no cabe duda que es un tipo que, de entrada y si no sabes a lo que se dedica, sabe resultar de lo más simpático y está dotado de un carisma muy especial– como cuando desata su lado más violento atemorizando morosos o imponiendo una incuestionable disciplina entre sus tropas”.
Como también lo señaló el actor mexicano Pedro Armendáriz en un especial reciente sobre la sexta temporada, Soprano engancha a sus seguidores gracias a un peculiar sentido del honor y la justicia. Vive en un mundo dotado con sus propias reglas que sigue a rajatabla –salvo cuando las circunstancias le obligan a hacer lo contrario– y se hace respetar. Y querer.
Para Garrido, la fuerza de los Soprano está en la cuidada construcción de personajes. Estos se hacen visibles en los sólidos guiones que adentran al espectador en un mundo que les era conocido pero con ojos completamente nuevos, en unas tramas llenas de humor negro y de una violencia brutal en un coctel explosivo. “Uno tiene la continua sensación de que algo horrible puede ocurrir en la siguiente escena, que el terror puede desatarse de forma inesperada, congelando la sonrisa en una terrible mueca de espanto. Y sin embargo, uno no puede sino simpatizar con Tony Soprano y su circunstancia, conmoverse con él con algo tan simple como que unos patos salvajes aniden en su piscina y que su posterior partida le deje en la más absoluta miseria, con sus esfuerzos por salir adelante en la vida que le ha tocado vivir”. Decía Pedro Almendáriz que, quizá, esto se deba a que todos nos parecemos en algo a Tony Soprano en lo bueno..., y en lo malo.
Sea cual sea la razón, pocas series tienen esa capacidad de enganche. Claro, tiene un terrible inconveniente: resulta sumamente adictiva, lo que se convierte en un problema cuando uno no tiene más temporadas qué devorar.
Por lo mismo hoy –se especula– sus millones de fanáticos estarán cerca de romper un récord de teleaudiencia.
Cifras doradas
Los reconocimientos respaldan la calidad de una serie que no cesa de dejar mella, a juzgar por los pronósticos de la temporada que arranca hoy. Solo en el 2004 Los Soprano recibió 20 nominaciones al Emmy, de los cuales obtuvo cuatro. Un año antes habían liderado todos los programas de HBO.
También ha obtenido cinco Globos de Oro, incluyendo el premio en la categoría de Mejor Serie de Drama para Televisión.
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HBO para La Nación