Los patitos feos
de la televisión
Teletica estrenó hace un par de semanas la serie gringa de Fox The Swan. Al traducirla al español es El Cisne, bautizada con ese nombre por la historia del patito feo…
¡Así como lo está leyendo!, llevan a mujeres para ellos feas (más bien descuidadas), con muy baja autoestima y, con el morbo que siempre envuelve una transformación física de este tipo, las convierten en unas hermosas mujeres, según los estándares de belleza que la sociedad actual maneja. Todo esto sucede en menos de una hora para el televidente (más de tres meses en la vida real).
Cada semana son dos candidatas y solo una de ellas clasificará para estar en la final.
Una vez que la temporada termine, las ganadoras de cada capítulo competirán por ser coronada como la mujer que alguna vez fue la más fea, para luego transformarse en la más bella, gracias –principalmente– al bisturí.
Además de pasarles la cuchilla por todo el cuerpo, les preparan una dieta balanceada, una fuerte rutina de ejercicios según su condición física y están en constante tratamiento psicológico por el cambio tan radical que sufren.
De nuevo un reality show, invade la televisión y al parecer El Cisne es la nueva apuesta que tiene el canal de la Sabana para atrapar a más televidentes, considerando el gran éxito que tuvo este programa en Estados Unidos.
Son las mujeres la carnada para atraer televidentes y está en sus manos ver si tanto dolor físico vale la pena. He de confesarlo... las transformaciones son asombrosas.
No madruga ni por millones de dólares
A estas alturas de su vida (y de su cuenta bancaria), el astro Michael Caine, de 73 años, se da el lujo de rechazar jugosos contratos de productoras que lo quieren en sus películas y que le han ofrecido hasta $20 millones. “No me interesa nada que me obligue a levantarme temprano. No necesito dinero para pagar la renta y madrugar sencillamente no es lo mío”, dijo Caine a The Sun. Hizo la excepción con The Prestige porque, a pesar de su flojera mañanera, su colmillo pudo más y supo, al ver el guión, que sería una verdadera joya.
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