Eduardo Ceregatti Madrigal es uno de los pensionarios más
antiguos en casa de doña Tere y es, a la vez, uno de los
menos conocidos. Sin embargo, es él quien trae a la vida
la comedia de enredos “La Pensión”, el programa
nacional del género de ficción que por más
tiempo se ha mantenido al aire con un rating de privilegio.
Como director, Ceregatti es el encargado de tomar cada historia
escrita en papel y contársela al público con imágenes.
Aunque su rostro no es tan conocido como el de los actores que
dirige, ya muchos lo identifican por el nombre que ha aparecido
doscientas noventa y cinco veces en los créditos de la
producción, todo un récord para un director nacional.
Con casi cuarenta y seis años de edad, Ceregatti es afable,
conversador y posee una pasión por la televisión
fácil de percibir. Atento, habló con Teleguía
sobre el éxito de La Pensión, la cual acaba de
estrenar su octava temporada.
–¿Cuando comenzó La Pensión sospechó que
duraría tanto al aire?
–Uno nunca sabe cuánto va a durar una serie de
estas. Al menos uno pretende que sean de dos o tres temporadas.
Ya a partir del quinto año fue sorpresa.
–¿A qué cree que se deba esta aceptación?
–Me he dado cuenta de que La Pensión es parte de
la vida cotidiana del costarricense. Es como fue La patada en
la radio. La Pensión, para mucha gente, está ahí,
es algo tan normal como ir al supermercado y eso nunca había
pasado en este país con una serie de televisión.
–¿Cómo se originó la serie?
–La premisa de La Pensión la estableció Oscar
Castillo en una página de texto. Oscar logró un
resumen del tico, pues los personajes están muy inmersos
en la vida de todos nosotros: el chofer, el burócrata,
la polaca..., y están recogidos y construidos de forma
concienzuda.
Por eso los seguidores de La Pensión cuentan la historia
de don Pedro y Paco como si los conocieran, como si fueran un
fulano más del vecindario. Ellos adquirieron profundidad.
–¿Cuáles desafíos enfrenta un director
después de tantos años al frente de un programa
de televisión?
–El reto es cotidiano y constante. Los personajes pueden
llegar, en momentos, a tomar decisiones correctas o incorrectas
y esas decisiones influyen en la gente. Los personajes hay que
manejarlos a nivel dramatúrgico, pero también se
deben cuidar las acciones y el mensaje que estos transmiten.
Hay que tener cuidado con eso y sacar un producto que a la vez
entretenga. Se trata de un esfuerzo colegiado de los guionistas,
la producción y los actores, no solamente del director.
–¿Hay momentos en los que piensa que ya se cumplió el
ciclo de “La Pensión” y que es hora de pasar
a otra cosa?
–Al final de año uno puede sentirse un poco embotado,
pero cuando ves lo que sucede con el público y la identificación
que tiene con los personajes, ya no quieres dejarlo.
–¿Le ha tocado escuchar malos comentarios
de la serie?
–He oído cosas buenas la mayor parte del tiempo
y también de otras personas que desechan los productos
nacionales. Para el público que no nos quiere ver no hay
nada que decir. Es imposible que un producto le guste a todos.
–
Alguna gente se ha molestado por la cantidad de comerciales que
pasan dentro de la serie. ¿Qué piensa de eso?
–Hay que tener en cuenta que esa es la forma en que está estructurada
la televisión en nuestro país. No es algo bueno
ni ma, o sino que sencillamente así es como se hacen las
cosas aquí y eso tiene que ver con situaciones que se
escapan del conocimiento del público. Tiene que ver con
procesos económicos y con los costos elevados de producción,
que son el principal motivo. El otro es la dura competencia que
significa para las producciones locales el que series extranjeras
puedan ser adquiridas a un precio menor.
–¿Qué le gustaría hacer en
el futuro?
– Me gustaría trabajar series de televisión
o, si hay apertura en el mercado, poder hacer miniseries o un
largometraje. Las series de tele son valiosas porque tienen un
acceso fácil, son un medio de comunicación importante
y podés decir cosas enriquecedoras. No son tan educativas
como un documental, pero el público también es
diferente.
En una serie, podemos meter temas de salud y, aunque la información
es muy somera y básica, proviene de personajes que le
llegan a la gente. Por ejemplo, cuando Camacho tuvo problemas
de próstata primero se ocultaba; pero al final fue donde
el doctor y se arregló el asunto.
Seis años de cine en Kiev
En medio de la Guerra Fría, Eduardo Ceregatti vivió seis
años de gloria. Quería estudiar arte y cinematografía,
pero en el país no había opciones. Una beca lo
llevó a la antigua Unión Soviética en donde
cursó dirección de cine ficción.
El Instituto de arte teatral Kiev, hoy República de Ucrania,
fue su morada. Las facilidades para estudiar eran completas.
Ceregatti supo aprovechar la oportunidad y de ahí sacó hasta
la última gota de conocimiento posible.
El ambiente multicultural y multiracial en que se desenvolvió durante
esos años también enriqueció su visión
y le permitió adaptarse al cambio que significó volver
a la realidad costarricense, tan carente de posibilidades y con
una desalentadora depresión del movimiento cinematográfico.
Conoció a la gente de radio Nederland y comenzó a
trabajar en proyectos educativos enseñando a becarios
del continente a utilizar los medios audovisuales.
También colaboró en la creación del Centro
de Imagen del Instituto Nacional de Aprendizaje, un trabajo que
todavía hoy lo llena de orgullo.
Su labor en el campo educativo continuó en el Instituto
Costarricense de Enseñanza Radiofónica (ICER),
hasta que en 1989 se involucró con Oscar Castillo en la
dirección de la teleserie El Barrio y, después
de dirigir unos treinta y siete capítulos, pasó a
La Pensión.
Eduardo Ceregatti vive en Heredia acompañado de su madre,
Esperanza, y de su mascota, un perro dóberman de nombre
Charlie
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Fotos:
Carlos González