No hace mucho tiempo que la niña Vanessa Funes Castro
soñaba con ser la presentadora de un importante noticiero,
o convertirse en la intrépida reportera que busca entre
la muchedumbre alguna historia para contar.
Hoy, aunque no tan niña, Vanessa ha visto su sueño
materializado luego de ser la cara principal de un noticiero
en El Salvador, otro en Guatemala y ahora en Costa Rica. Si hay
algo que ella siempre ha tenido bien claro es su norte, por eso
no titubea cuando afirma que lo suyo es la comunicación
y, más específicamente, la televisión.
Su ligamen con la pantalla chica empezó a los 18 años,
apenas saliendo del colegio, en un programa de entretenimiento
que condujo en su natal El Salvador.
Luego, sin experiencia alguna, le tocó enfrentarse a
la “nota dura” en dos distintos telenoticiarios de
su país.
Por aquellos días, Vanessa se comprometió con
Rodrigo Fonseca, un joven mercadólogo guatemalteco que
un par de años después sería su esposo.
Debido a una oferta de trabajo en una multinacional para su entonces
novio, se mudó a Guatemala mientras hacían los
preparativos de la boda. En ese país, trabajó en
dos canales pertenecientes a la cadena Repretel.
Ahí, además de presentar noticias, tuvo a cargo
otros segmentos como Cosas de la gran ciudad, en donde, según
cuenta, narraba historias que pasaban en una urbe tan dispareja
como la guatemalteca.
En Guatemala, se mantuvo cerca de tres años hasta que,
una vez más, por el trabajo de su esposo, tuvo que hacer
maletas e iniciar un nuevo periplo, esta vez a Costa Rica.
No obstante, Vanessa se autodefine como una mujer de “armas
tomar”, y no le preocupó el cambio; y menos aún
que en esta oportunidad venía con la recomendación
de Fernando Villanueva, Presidente de Repretel en tierras chapinas,
quien habló con su homólogo y tocayo en Tiquicia,
Fernando Contreras.
No pasó mucho tiempo para que su rostro se diera a conocer
en la edición matutina de Noticias Repretel, en donde,
desde hace más de tres meses, además de presentar,
se encarga de los reportes que cada hora emite el canal.
Ella sabe que le transmite credibilidad al televidente y se
siente segura de su experiencia internacional, por lo que no
le preocupa la crítica. “Me han criticado porque
mi estilo es como el de Primer Impacto; yo digo que las noticias
se deben transmitir con agresividad y de forma directa, y si
eso es ser Primer Impacto, pues lo soy”, sentencia.
Otro aspecto que no le preocupa es que se le señale por
ser extranjera, pues explica que eso ya le pasó en Guatemala
y, más bien, confía en que la gente le tomará cariño,
amén de que el canal está muy satisfecho con su
trabajo.
Su romance con la tevé ha sido relativamente fácil;
aunque también ha sido una mezcla de empeño, fortuna
y saber “mercadearse”, pues reconoce que al talento
que tiene, se suma su belleza física. Ella lo resume así: “el
secreto está también en la forma en que uno se
proyecte”.
Sus planes a futuro, por ahora, dice mantenerlos en reposo debido
a su reciente maternidad y, aunque asegura que en Costa Rica
ha encontrado todos los elementos para establecerse definitivamente,
no descarta que en el mediano plazo emprenda un nuevo viaje,
esta vez hacia las grandes ligas.
“Me veo en unos años en CNN En Español o
inglés. Trabajo para eso porque siempre he soñado
con ir a la Casa Blanca y decir desde ahí: 'para CNN,
Vanessa Funes'”, asegura sin vacilar.
Breves de Vanessa
Nombre: Vanessa Funes Castro
Edad: 25 años
Casada con: Rodrigo Fonseca Soto
Hija: Ana Valeria (7 meses y medio)
Un sueño: escribir un libro de superación
personal.
Una característica: “soy superperfeccionista”.
Una pasión: El futbol. En Costa Rica es fanática
de la L. D. A.
Tras el rostro de la noticia
En el plano íntimo, Vanessa se siente una esposa realizada,
enamorada de su hija Ana Valeria y de su esposo.
Un detalle particular en esta familia es el origen de sus miembros,
ya que ella es salvadoreña, su esposo guatemalteco y la
pequeña es tica, por eso, entre broma y en serio, dice
que se autodenominan la familia “Centroamérica feliz”.
Cuando no está en el canal, le encanta salir por las
tardes con su hija, reunirse con su legión de amigas para
ir a “refaccionar” –que en buen cristiano significa
ir a tomarse un cafecito–, o bien ir de compras a algún
supermercado o mall.
Otra de sus pasiones es la cocina, y ahí sí hace
una parada para dejar bien claro que, cuando se trata del arte
culinario, no hay quien “le ponga la cuchara encima”.
Asimismo, confiesa que una de sus debilidades son los chocolates,
a los que procura mantener a distancia pese a que se come uno
diariamente.
Aún así, Vanessa tiene una figura bien cuidada
que conserva haciendo ejercicios en casa. “Imagínate
vos que en el embarazo aumenté 40 libras y a los cinco
meses ya había recuperado mi forma”, dice con marcado
acento salvadoreño.
El karaoke también la trastorna, y más cuando
se trata de cantar las tonadas de Rocío Durcal. Tanto
es así, que en su casa las sesiones de canto son tan frecuentes
como kilométricas en las reuniones con amigos, porque,
como anfitriona, también dice tener un gran talento, rasgo
muy típico de los salvadoreños, dice.
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Fotos:
Garrett Britton