REPORTAJE
 

San José, Costa Rica, del 30 de julio al 6 de agosto de 2006.

Se acongoja si la ven

Pena. A la modelo del programa Sábado Feliz le da un poco de vergüenza cuando la gente se le queda viendo.

Gustavo Jiménez M.
gujimenez@nacion.com

A Vivian Campos se le suben los colores si la gente se le queda viendo mucho. Le da “penilla”, se acongoja, como si todavía no estuviera acostumbrada al reflector público de la televisión.

“Es que es diferente”, explica. “En el programa uno está concentrado y sabe que la gente está pendiente, viendo todo. De compras, con mi mamá, es otra cosa”.

Pero cómo no verla. Por famosa o por frondosa, siempre habrá alguien dispuesto a regalarle como mínimo una mirada o un mal pensamiento.

Esta herediana de 22 años es una de las bailarinas de Sábado Feliz, uno de los últimos herederos de la interminable colección de programas “regala licuadoras” que desde siempre aparecen en nuestra pantalla.

Ahí le toca bailar, sonreír y de vez en cuando tomar el micrófono para presentar alguno de los productos.

Antes de llegar a la pantalla chica, empezó trabajando como una de esas bailarinas inagotables que pasan horas moviéndose en la tarima de algún bar de moda.

Su compañera Ana Lucía Vega la “carboneó” para que probara suerte en la televisión, hace tres años. En canal 7 encontró un nicho estable para trabajar y hasta le apareció el amor –uno de los presentadores de ese mismo espacio, Mauricio Hoffmann–.

Este sí, este no. La televisión le abrió otras puertas y le permitió ser selectiva a la hora de elegir trabajos. Por ejemplo, a cada rato la llaman para desfilar en ropa interior, lo cual rechaza pues considera que el concepto se vulgarizó. Eso sí, para no ser políticamente incorrecta, dentro de su propio gremio, asegura de inmediato que respeta mucho a las colegas que sí le entran a eso.

Está considerando la posibilidad de aparecer en un catálogo de ropa y, más adelante, espera dar el salto y convertirse en animadora “titular”.

Mientras tanto, participa como anfitriona o modelo en diversas actividades. A veces le toca recibir invitados, y a veces solamente posar junto a otras modelos.

Al pasar sometida a semejante exposición, cualquiera pensaría que ya se acostumbró a ser centro de miradas, a ser “famosa”, aunque ese concepto sea tan relativo en este país, dado que aquí todo el mundo, o se conoce, o al menos es pariente lejano.

Sin embargo, Vivian insiste en que le incomoda pillar a algún curioso contemplándola. “La gente te mira, te mira y te mira. A mí me da mucha pena, me hago así de este tamaño (pequeñita). Me da una vergüenza, pero cuando la gente habla conmigo me suelto un poquito más. Lo que me da cosilla es que la gente se me quede viendo mucho”.

La excepción a tales accesos de timidez ocurre, por supuesto, los sábados en la tarde. En el set de Sabana Oeste se desenvuelve con soltura y ya hasta se acostumbró a superar los errores en algún paso de baile. Esto partiendo del caso de que haya alguien que observe este programa para evaluar la coreografía.

Empírica. Vivian no ha recibido instrucción formal para hablar en público y su único bagaje en el mundo de la danza fueron las lecciones de baile popular que le daba su abuela cuando niña.
Aun así, dice que le basta con esta formación empírica para sobrevivir como bailarina, modelo y preanimadora. Cada viernes se reúne con su compañera Ana Lucía y ensayan los pasos que mostrarán al día siguiente. El resto del trabajo consiste en llegar temprano el sábado para someterse a las rigurosas sesiones de maquillaje y peinado.

Vivian quiere entrar a estudiar a la universidad, un proyecto que espera que no pase del próximo año. Estaba indecisa entre la veterinaria y la medicina, aunque últimamente parece más inclinada a usar el bisturí con humanos.

En su actual ocupación espera seguir hasta que “Dios y la ley de gravedad me lo permitan”. Hace un tiempo se reforzó la zona pectoral, muy a tono con las tendencias actuales, aunque asegura que pasar por el quirófano no es requisito indispensable para sobresalir en la tele y el modelaje.

“Una mujer inteligente y con talento puede llegar muy lejos, no hace falta que se opere nada. Yo lo hice por gusto, igual lo hubiera hecho si no trabajara en esto”.

Vivian tiene en la lista de pendientes matricularse en un curso de inglés. Por experiencias recientes se dio cuenta de que la falta de un segundo idioma es una barrera, aun en su profesión, pues hasta en el mundo del modelaje no todo entra por los ojos.

Se trasmite Teletica canal 7 los sábados a las 2 p. m.


Suegro y jefe

La gran figura de autoridad en la vida de Vivian Campos es Nelson Hoffmann. Es su jefe y su suegro, anque la modelo asegura que él expresa de formas distintas ambas facetas.

”Como suegro es un amor. Como jefe sí es muy estricto, es más directo a la hora de decir qué está mal”.

Vivian dice que era fanática del programa de Hoffmann padre, Hola Juventud, cuando salía en las tardes, aunque todavía lo ve, el sábado por la noche.


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Fotos:
Garrett Britton

 

 

 

 

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