Turista inteligente, el espacio que presenta desde hace unos
meses Gustavo Adolfo Rojas Antillón (sábados al
mediodía, Repretel), se convirtió en el pretexto
perfecto para infiltrarnos en la vida de este abogado y prestigioso
actor de teatro.
Siendo un rostro conocido en el ámbito nacional desde
hace décadas, las canas surcan sus sienes a dos años
de cumplir cincuenta, al igual que las normales líneas
de expresión. Por lo demás, sigue siendo el conversador
incansable y jovial, de risa fácil y franca o carácter
de ogro (según la circunstancia), que hoy se encuentra
felizmente “coqueteando con la adolescencia de la vejez”.
Y es que, a dos años de cumplir 50, Tavo Rojas se muestra
exultante porque confiesa que, por fin, los años y las
canas le han ayudado a encontrar el equilibrio entre el ímpetu
que alguna vez lo convirtió en bohemio y mujeriego, y
el sosiego que solo la experiencia de los años puede conferir.
“
Estoy en una edad clímax, me siento con la energía
de un adolescente mezclada con la maravilla de la experiencia,
hasta rajo con eso de que soy un adolescente ciudadano de oro”,
bromea Rojas.
Es indudable que este sagitario de pura sangre (nacido 18 de
diciembre), que se autodefine mitad hombre, mitad bestia “con
todo lo que ello implica” , requiere, como nunca, del entusiasmo
que emana de sus palabras.
Para empezar, es padre de cuatro hijas de 22, 20, 14 y 4 años
de edad. La última es producto de su último matrimonio
(se ha casado tres veces) con la también actriz Tatiana
Zamora.
“Imaginate, Cristina (la mayor) ya es profesional; María
Andrea (la segunda) está en pleno proceso de decisión
sobre qué va a estudiar, Inca Daniela es una preadolescente
y Sofía es mi hija-nieta..., lo digo así porque,
a estas alturas, la mayoría de gente de mi generación
no pregunta '¿cuántos hijos tenés?', sino
'¿cuántos nietos tenés'”.
Así, aparte de repasar someramente sus atestados principales
(como los premios nacionales en teatro que ha ganado), se declara,
a mucho orgullo, como experto en barbies, cromos, jakcses, prensitas
de pelo de última moda y chiquilladas femeninas por el
estilo.
Antes de pasar al ámbito laboral, Gustavo reflexiona sobre
sus adoradas mujeres y concluye: “Siento que he sido un
buen tata. No un buen exmarido, eso sí que no”,
remata con una risa cómplice.
Su rebosante vida actual se complementa con vivir en la montaña,
en Puriscal, en una finca familiar donde “todos estamos
suficientemente cerca para sentirnos acompañados pero suficientemente lejos para que cada familia
tenga su privacidad”.
Turista inteligente es apenas uno de los flancos de su apretada
agenda semanal.
“
Lunes y martes son dedicados al programa. El domingo en la noche
los productores me avisan cuál es el destino que nos corresponde...,
por cierto, yo sé que suena trillado pero desde que estoy
en este programa cada vez siento más incredulidad de ver
las maravillas que tenemos en este país con solo recorrer
5 ó 100 kilómetros, y tampoco entiendo cómo
mucha gente prefiere gastar dinerales en ir a buscar paseos
fuera del país. Cada lugar que visitamos supera mi capacidad
de asombro”, dice Gustavo con su característica
vehemencia.
Tres mañanas, entre semana, graba el espacio Panorama (de la Cámara Nacional de Radio, Canara), y el resto de
su tiempo lo dedica a su trabajo como abogado, donde, curiosamente
y sin proponérselo, se ha ido especializando en casos
de derecho de familia.
“Pienso que tengo algo de psicólogo, la gente se identifica
conmigo porque también me considero buen escucha”,
cuenta Gustavo.
Lo de su energía desbordante tiene asidero: además
de lo anterior, está inmerso en la producción de
un nuevo programa de televisión que se llamará El
diario de Eva (estilo Casos de la vida real), cuyo piloto ya
está listo; y por su puesto, la esencia de su vida, su
affaire eterno, no podía faltar: el teatro.
En este último, está trabajando de lleno en el
montaje de la obra Quién le teme a Virginia Wolf,
un clásico
de la dramaturgia universal que produce junto con Jaime Hernández
y en donde también será uno de los actores principales.
Definitivamente, el ímpetu del otrora latin lover tico,
Gustavo Rojas, sufrió una metamorfosis y ahora está dirigido
a seguir aquella frase genial de quien él mismo considera
el maestro de maestros, Arnoldo Herrera, fundador del Conservatorio
Castella: “Creer, crear y crecer”.
Hombre de escena
No importa si es en radio, en televisión, en el teatro
o hasta en la tarima de una plaza pública, Gustavo Adolfo
Rojas Antillón demuestra que nació con el don de
comunicador arraigado en los genes.
Se considera afortunado porque disfruta todo lo que hace, pero
su “amante” de por vida, asegura, es el teatro.
En televisión se dio a conocer con producciones como El
Barrio, Caso resuelto, Los elegidos y, más recientemente,
Giros. Pero sus incontables participaciones en teatro de primera
(como su premiada Edipo Rey) también han marcado su imagen
en la retina del ojo público.
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Fotos:
Garrett Britton