La cocina, como muchas otras artes, se llena de color, sabor,
texturas y de otros factores indispensables como el olor y el
buen gusto.
Sin embargo, en nuestro país hay quien se atrevió a agregarle dos
ingredientes más a esta seductora receta: el ritmo y la pasión
de amar cada cosa que se hace.
El nombre de este osado cocinero es Óscar Castro O'Sullivan, un chef josefino
que llena las mañanas de los costarricenses de positivismo en el programa
Giros, que se transmite de lunes a viernes por canal seis de Repretel.
Hijo de Óscar Castro Torres y de Maureen O'Sullivan, este reconocido chef
tiene el sabor del Caribe por todas-todas sus venas.
“Mi abuelo era jamaiquino; mi abuela, por su parte, nació en Limón
al igual que mi madre. Cuando ella aún era una niña se pasó a
San José, años después conoció a mi papá que
era de Tibás”, dijo.
“Mi mamá es la mejor cocinera del mundo, es increíble: de ella yo
heredé todo este amor por cocinar”, comentó
Óscar, quien se declara amante confeso de las plantas. Él viene de una
numerosa familia, donde comparte el puesto privilegiado de ser el menor de la
casa con su hermano gemelo Sergio.
“Yo soy mayor que mi hermano por cinco minutos, y a pesar que somos gemelos
somos
muy distintos, él es una persona más tranquila, piensa un poco
más las cosas.
En cambio, yo soy una persona completamente hiperactiva e, incluso, soy más
impulsivo que él ”, comentó.
Castro, seguidor de la música salsa, cuenta que su pasión por la
cocina es algo que viene con él desde pequeño.
En medio de risas Óscar recuerda cuando apenas tenía tres años,
es desde ese momento que el amor por la cocina daba sus primeras manifestaciones
en él.
“Recuerdo que a mí me encantaba jugar con los platos, vasos y ollas de
mi hermana.
Entonces cuando ella quería pelear con nosotros sacaba todos sus juguetes,
los ponía sobre la cama y no nos dejaba tocarlos, en ese momento yo salía
llorando para donde mamá diciéndole: ¡Mami veala, ella tiene
un montón de platos y no me los presta!”, indicó Castro,
con esa sonrisa casi inextinguible que lo caracteriza de forma permanente.
Pese a estos inconvenientes, Castro cuenta que la unidad es algo que ha caracteriza
do a su familia.
“Tengo una relación increíble con todas mis hermanas y, desde luego,
con todos mis hermanos”, comentó.
Accidente con el destino.Pese a que Óscar siempre disfrutó de la cocina, de joven nunca
imaginó que esta profesión sería la que marcaría
su vida de forma trascendental; es más, ni siquiera consideró esta
rama dentro de todas sus prioridades profesionales.
“Cuando yo me dediqué a la cocina fue por un error que cometí al
dejar una empresa para ponerme un alquiler de vídeos con un amigo... nos
fue tan mal que yo terminé muy decepcionado, por lo cual agarré mis
cosas y me fui a vivir a unas cabinas de mi familia en Playa Bejuco”, dijo.
A esa mala racha se unió una decepción amorosa que Castro vivió,
lo cual hizo que la decisión fuera irrevocable.
“Ese día, mi mamá se quedó muy extrañada, cuando
me preguntó qué vas a ir a hacer allá, le dije: ¡ Diay
mami, me voy a alquilar las cabinas y a vender comida!”. Ese comentario
hizo que su mamá se preocupara más por él, ya que no era
mucha la experiencia de su hijo en esa rama.
“Recuerdo que me dijo: cuál comida si usted ni siquiera sabe hacer arroz”.
“Estando en la playa, yo empecé a cocinar para grupos pequeños como
de seis personas aproximadamente”, comentó Óscar.
En medio de la arena, la playa y el Sol, Oscar entendió que lo suyo era
la cocina y lo descubrió un día que tuvo la oportunidad de cocinar
para el gerente de un hotel cercano a las cabinas, con el cual entabló una
amistad.
“Un día se enfermó la recepcionista del hotel y como yo sé hablar
inglés me llamaron para hacer la incapacidad; ese día, casualmente,
también se enfermó el asistente de cocina del hotel, entonces me
dividí para trabajar en las dos áreas”, recordó el
chef Castro.
Cuando volvió la recepcionista de este hotel, Óscar se las ingenió para
trabajar medio día en el negocio de su familia y la otra parte de su tiempo
trabajaba en el hotel, en ese lugar donde fue escalando posiciones hasta tener
a su cargo la cocina del lugar.
“Durante esta experiencia descubrí que toda la vida había
estado al frente de lo que siempre amé”, comentó.
Meses después de asumir la responsabilidad culinaria del hotel, Castro
volvió más convencido que nunca a San José, donde inició sus
estudios como chef en el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), donde rápidamente
pasó de ser alumno a ser profesor.
Con su llegada a San José, Castro se llenó de coraje y, con su
hermano Gerardo, instaló su primer restaurante al que llamó Caprichos.
Tiempo después Castro se aventuró a vivir esta experiencia por
sí solo, e instaló Melo's Antojería, restaurante especializado
en rica comida mexicana.
El tiempo pasó y Óscar debió dejar de atender el restaurante
para saltar a otra oportunidad aún mejor: establecer en conjunto con el
INA, en el hotel Meliá Playa Conchal, una escuela para la formación
de expertos en el área de la cocina, donde trabajó con el chef
Brad Lloyd.
“Esta experiencia es una de las más importantes dentro de mi vida profesional”,
comentó Castro.
A la televisión. Dicen que la suerte no llama
dos veces; sin embargo, en el caso de Óscar,
no queda duda de que, cuando el destino se ensaña con la vida de alguien,
no descansa hasta ver que su propósito de vida se cumpla. Esa es la
historia de Castro.
Un claro ejemplo de esto se dio mientras cubría la incapacidad de uno
de sus hermanos en una tienda de discos compactos, donde tuvo la oportunidad
de conocer a José Mairena, productor del desaparecido programa ¡Aló! ¿Qué tal?.
Con esa oportunidad al frente, Castro no perdió tiempo y de inmediato
le comentó a Mairena acerca de experiencia, lo cual le garantizó un
pase especial como invitado de esa revista informativa.
“ El día que me invitaron fue un 15 de setiembre, me fue tan bien
que inmediatamente me dejaron como chef del programa”, recordó.
Desde ese momento, el viento sopló a favor de Óscar, su estilo
original, agradable y ameno hizo que poco a poco este hombre de 35 años
se ganara un espacio en la tele.
Una muestra de ello, es que desde aquella primera vez Óscar y su cuchara
han tenido la oportunidad de aparecer en distintos programas de televisión,
entre ellos: Sin secretos conducido por Doris Golgewicht en canal 13.
Otro de los programas que le ha dado a Óscar la oportunidad de llevar
su salsa fue Buen día de canal siete.
El 2004 hizo que la buena vibra que Óscar transmite se quedara, permanentemente,
en las pantallas cuando ingresó a Giros, donde a diario prepara una
receta distinta aderezada con su sonrisa.
Polifacético
Los amores de Óscar
Cuando Óscar Castro se define como una persona hiperactiva,
no se equivoca; ya que además de llenar su vida con el
mundo de la cocina, completa su tiempo en el gimnasio, regando
sus plantas o simplemente bailando, que es una de sus grandes
pasiones.
“Me gusta mucho bailar salsa clásica, como la de Gilberto
Santa Rosa”.
De esta forma, Óscar vive su vida procurando que cada
una de las cosas que hace pueda buscar no solo su propio bienestar,
sino el de todas las personas que viven a su alrededor.
“Una de las cosas que más me motiva es darme cuenta que
mi trabajo sirve para que otros se motiven”, concluyó el
chef costarricense.
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Fotografías:
José Díaz