REPORTAJE
 

San José, Costa Rica, del 31 de julio al 7 de agosto de 2005.

Sin medias tintas

Idealista. Este 2005 ha sido un año especial para Ignacio Sánchez Cantillano: se casó y recién estrenó un ambicioso programa en la televisión nacional. Sin embargo, asegura, sus metas apenas empiezan. Reconocida figura pública por años, hoy nos muestra su yo íntimo.

Yuri Lorena Jiménez
yjimenez@nacion.com

Si algo se ha demostrado a sí mismo Ignacio Sánchez Cantillano es que sus límites llegan hasta donde él quiera. Al menos hasta hoy, a sus 36 años de edad, ha visto cristalizado todo lo que se ha propuesto, incluso desde que era niño y decidió que se convertiría en un periodista reconocido.

También sabe por experiencia propia que sus planes no necesariamente son los de Dios y está preparado para aceptar si algún designio divino cambia el destino que se ha trazado. Pero, en tanto esto no ocurra, hace lo propio por llegar a donde quiere. Y, a juzgar por los resultados, hasta ahora lo ha logrado con muy buen tino.

Hace dos semanas, Sánchez regresó al mundo de la televisión, el que le es familiar desde hace más de una década cuando se convirtió primero en periodista y luego en presentador de Telenoticias para, desde entonces, mantenerse en la palestra pública ubicado en diferentes flancos.

Esta vez lo hizo con el programa estrella de Televisora de Costa Rica, Protocolo 84, Análisis Final, una producción que ha recibido muy favorables críticas en su arranque y que, en su primera temporada, saldrá al aire cada martes, a las 9:00 p.m., durante cuatro meses.

Se trata de una serie de documentales que narran, con dramatizaciones, efectos especiales y narraciones, sucesos policiales de gran envergadura ocurridos en el país, así como su respectiva interpretación por parte de especialistas.

Pero bueno, esta vez los detalles del nuevo espacio pasan a segundo plano y su creador, productor, guionista, escritor, co-musicalizador, editor y conductor es quien interesa.

En concordancia con su personalidad exigente y, en ocasiones, absolutista, Ignacio trata de sacar un combo dos por uno a las horas del día para encargarse personalmente de cada detalle de lo que hace. Así ha sido siempre, asegura, sobre todo cuando se enamora de un proyecto lleno de retos.

Lo mismo le ocurrió tras terminar el contrato de Expedientes CR06, en Repretel, tras un diferendo con la gerencia. Una hora después de que los medios dieran cuenta de su renuncia, recibió una llamada del entonces ministro de Obras Públicas y Transportes, Javier Chaves, para que asumiera la Dirección Ejecutiva del Consejo de Seguridad Vial y, un mes después, también la Dirección General de Tránsito.

Desde su época de veinteañero, Ignacio se había involucrado de lleno con esta dependencia cuando se convirtió en tráfico ad honórem. Así, siempre encontraba la forma de combinar sus ocupaciones habituales para ir a colaborar con el orden en las carreteras. Su experiencia lo hizo ir acopiando ideas y, proactivo como es, ya había comunicado varias inquietudes e ideas a sus superiores.

No lo pensó dos veces y asumió el puesto ofrecido con un norte fijo: no ejercería la función pública por más de dos años, y se abocaría a erradicar la imagen de “choriceros” de los oficiales, a darles mejores condiciones de trabajo y a establecer de nuevo, a toda costa, el uso obligatorio del cinturón de seguridad.

“ Logramos mucho, todavía tengo que estar yendo a juicios y procesos de gente que despedí por corrupción y que están en curso. Es cansado y engorroso, pero solo el hecho de haber logrado lo que me propuse, y lo que eso significó en términos de vidas humanas, compensa lo demás”.
La huella de Sánchez aún se percibe en el Tránsito, pues las campañas que están saliendo actualmente fueron diseñadas por él, como lo reconoce al realizarle la consulta.

Y es que si hay alguien incapaz de impostar modestia, ese es Ignacio Sánchez Cantillano. Quizá por lo mismo, desde pequeño, sus éxitos han estado enmarcados en una imagen egocentrista o de autosuficiencia que le endilgan los demás. No solo acepta el hecho, sino que lo tiene sin cuidado.

–¿ Por qué alguna gente lo califica de arrogante? ¿Qué piensa de ciertas críticas que aseguran que usted tiene un ego desproporcionado…

(Risas) –Sí, es cierto que tengo muchísima seguridad en mí mismo y sé que proyecto un aire de autosuficiencia… y sí, puede ser que crea que soy muy gato en muchas cosas, pero ojo, lo más importante: no creo que eso me haga superior a nadie ni creo que por eso alguien tenga que estar en competencia conmigo. El balance de mi autosuficiencia es ponerlo al servicio de los demás. Por eso acepté el puesto en la policía de Tránsito y por eso estoy tratando de hacer cosas diferentes y bien hechas en el periodismo.

– ¿Es Ignacio Sánchez de pocos o muchos amigos?

– Como persona pública yo soy una cosa, como persona, totalmente otra. No es que tenga dos caras, jamás, pero cuando estoy trabajando, estoy trabajando, y soy exigente al máximo conmigo y con los demás. Ya en el ámbito privado soy de muchos amigos, tengo familias enteras, muchas, en las que soy un miembro más, ahí aparezco en los álbumes familiares y todo. Yo creo que muchos de los que me critican el asunto del ego son personas inseguras a quienes les exacerbo sus inseguridades. En cambio, la gente en la calle, la que no se siente en competencia, tiene una relación buenísima conmigo.

A menudo, Ignacio habla de su búsqueda esencial como ser humano. A ella se abocó tras dejar Telenoticias, hace ocho años. Después de cursar una maestría en Comunicación Audiovisual y trabajar en España durante tres años, se dedicó otros tres a viajar como mochilero por Europa, Medio Oriente, África, Australia y Nueva Zelanda.

Así, el menor de cinco hijos de una familia de clase media, aquel muchacho graduado en el colegio Humboldt que nunca había conocido las carencias, se enfrentó a calamidades propias y ajenas, pues presenció pobrezas extremas, tiroteos y hasta se contagió de malaria en Uganda, por citar en dos líneas una historia que ameritaría una voluminosa novela.

“ Es salirse de una burbuja. En una experiencia de esas uno aprende a forjarse una disciplina con el entorno en contra. Ahí no importa quién sos ni de dónde, ni qué tenés. Ahí es donde de verdad uno se da cuenta de lo que proyecta como ser humano. Por eso no me importan las críticas sobre mi supuesto ego: yo sé quién soy y la gente que me conoce bien también”, agrega.

La época de ese periplo fue aleccionadora para él en todo sentido. Mientras se encontraba en Europa, un día llamó a la empresa de uno de sus hermanos para equis asunto, y la secretaria que lo atendió le ofreció su pésame por el fallecimiento de Juan Antonio, su hermano mayor, quien acababa de morir en un accidente de aviación.

" Después del estado de shock, me replanteé muchas cosas. Ahora, por ejemplo, creo que no puede ser que todo eso tan complicado, que estemos en un planeta, con el cuerpo humano tan complejo… se venga a vivir una vida y se muera y ya. No es un mecanismo de defensa, pero después de una pérdida así se llega a la conclusión de que hay algo más allá y se enfrenta la vida desde otra perspectiva".

La trágica muerte de su hermano además fortaleció sus vínculos familiares y especiales. “Teníamos una súper relación, no sentí que hubiera dejado nada por fuera y, por otro lado, creo que me ubicó en la fragilidad de la vida”.

La madurez que, afirma, ha adquirido al día de hoy, fue quizá la que empezó a hablarle al oído hará un par de años, cuando se reencontró con su novia formal en dos ocasiones, la también productora de televisión Éricka Nahrgang.

“ Las dos veces anteriores habíamos roto básicamente porque ella no era feliz con la cantidad de tiempo que yo le podía dar por todas mis ocupaciones, y esa no era una responsabilidad que yo quería llevar sobre mis hombros”.

Sin embargo, el último distanciamiento terminó por unirlos más, esforzarse en conciliar agendas e intereses y esmerarse en que la tercera fuera la vencida.

Hoy están recién casados, trabajan juntos y se encuentran a la espera de que finalice la primera temporada de Protocolo para, finalmente, irse de luna de miel a Europa.

–¿ Es feliz Ignacio Sánchez?

– Muchísimo. Pero no ahora, siempre he tenido mucha paz interna, mucha armonía. Y no tiene que ver con lo que hago, sino con lo que yo valoro de mí mismo. No mido el éxito en función del rating, sino en función de a cuántas personas he podido ayudar y con quiénes he logrado crear un vínculo, ya sea un chiquito de 11 años o una señora de 80.


En pocas palabras

Respuestas, datos y confesiones a quemarropa:

¿Cómo muestra su enojo?
Yo nunca me altero, no soy de gritar exabruptos, creo que se nota cuando hablo con un tono de voz seco y cortante.
¿ Es gastón o más bien austero con el dinero?
Soy muy cuidadoso, todo lo que yo tengo es producto de la disciplina financiera. Varias cosas de las que poseo provienen de ahorros que tengo desde mis 15 años,
¿ Cómo se cuida físicamente, hace ejercicio?
Antes iba al gimnasio, ahora no tengo tiempo pero acostumbro trotar. Hace meses no tengo tiempo ni para eso.
¿ Le gusta el futbol, va con algún equipo nacional?
Claro, yo fui portero. De hecho mi ídolo nacional, hasta la fecha, es el exportero Alejandro González, de la Liga. Todavía no lo he logrado conocer.
¿ Tiene algún HOBBIE especial?
Los carros de carrera, eso de toda la vida. Ahora estoy compitiendo en la Copa Yaris.
¿ Duerme tarde?
Muchísimo. Si pudiera me levantaría a las 11:00 a.m. Pero soy noctámbulo, mi mente funciona mejor de noche.
¿ Es vanidoso? ¿En qué?
Sí y no. Soy híper ordenado con mis cosas, pero no soy vanidoso en lo material. Igual ando un Rolex que un reloj de los más sencillos, como este (muestra la muñeca) Si puedo tener un carro bonito lo tengo y si mañana amanezco en una montaña sin nada, igual soy feliz.


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Fotografías:
Garrett Britton

 

 

 

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