Conversar con ellos es como un acto de prestidigitación
a ocho manos.
Parecen unidos por hilos invisibles que atan y desatan la frase
ingeniosa, el juego de palabras, la referencia cruzada, la analogía,
justo en el momento preciso. Se conocen al dedillo, se complementan
y reemplazan, arman y rearman las historias con placer. Van tejiendo
a su alrededor una red de gestos persuasivos y miradas cómplices,
como niños recordando una sabrosa travesura.
Razonan,
alucinan, coinciden, discrepan.
Recrean. Se redescubren a sí mismos
permanentemente. Y se lo toman todo con una irreverente circunspección.
Diablos, ¡cómo se divierten!
Por eso es difícil tratarlos en serio. Y difícil
es distinguir si el comentario o la respuesta son los correctos
o una tomadura de pelo.
Édgar Murillo Mora, Mario Chacón Jiménez, Erik Hernández
Gabarain y Daniel Moreno Rojas, no están en el escenario
en este momento (salvo hoy, que terminan en el Melico Salazar
una corta temporada de reposición de su espectáculo “Tele
Par'odiar”), pero con el mismo profesionalismo interpretan
el que será su siguiente episodio: El show de La ½ docena,
un programa de historias cortas o sketches, de media hora de
duración, en un horario apetecido (canal 7, miércoles
8 p.m., a partir del 20 de julio).
El proyecto los ha absorbido por completo pero no los ha tomado
por sorpresa; de hecho, ya tienen 52 sketches grabados, material
suficiente para siete programas. Saben que es un reto fuerte
pasar de hacer un espectáculo teatral cada dos o tres
años a un espacio semanal que no les dará tregua.
Eso tampoco los asusta.
Por el contrario, consideran que llegar a la television era el
paso lógico en el proceso de maduración del grupo,
que ya ha apagado 10 velitas. Y la puerta a una posible "internacionalización" en
Hispanoamérica, una de sus ambiciones capitales, con un
programa de contenido muy universal.
En función de ese nuevo peldaño, hasta la forma
de trabajar han redefinido, a sabiendas de que el ritmo es muy
diferente en la pantalla chica, que la densidad del humor es
mayor, que tendrán que dejar atrás el minimalismo
del teatro en favor de --redundancia incluida-- la dosis visual
más alta que exige este medio de comunicación.
Sin embargo, pese a que son muy mandones y perfeccionistas, como
ellos mismos se definen, los acuerdos siempre fluyen como la
broma,el chiste, la parodia o la situación absurda conque
han divertido a miles de espectadores en sus tres espectáculos
previos: “Un dos X tres”, “¿Qué hay
de nuevo?” y “Tele Par'odiar”.
Ahora dividieron el proceso creativo de su original forma de
hacer comedia, en procura de que cada quien aporte aquello en
que es mejor. Simple unión de fortalezas, especialización.
"Empezamos pensando conceptos, porque todo sale en función
de esos conceptos, y luego hacemos una lluvia de ideas",
explican. "Después nos repartimos los sketches, se
hacen los guiones con los aportes individuales, revisamos y reescribimos
y de ahí surge el guion definitivo".
En la etapa de producción, se meten de lleno en lo que
es la visualización, se retiran en la preproduccion, obviamente
intervienen en la filmación (son "indoblables"),
de nuevo fuera en la preedición y otra vez de cabeza en
la posproducción. Para entonces, la fusión con
Mario Vargas, quien actúa como director de cámaras
y gestor de locaciones, y con Gloriana Sanabria, encargada de
la parte logística, habrá dado fecundos frutos.
La fórmula se completa con el equipo de luminotécnicos,
sonidistas, camarógrafos y asistentes de canal 7, empresa
que les hizo la oferta de manejar el espacio como una coproducción.
Si usted creyó que llegado aquí ya podía
encender el televisor y ver el sketch, se equivoca. Erik debe
revisar aún que el sonido haya quedado perfecto, Mario
tendrá que asegurarse de que no hay detalles sueltos,
Daniel verificará lo más técnico y Edgar
dará fe de la fluidez de la historia.
Como igual se equivoca si cree que el contenido del primer programa
fue dejado al azar. No. Esos 23 minutos que les corresponden
a ellos no fueron organizados ni por rifa ni por cansancio.
Balance en los programas. Variedad. Presencia de actores invitados.
Duración de cada sketch. Proporción de material
en exteriores y material en interiores. Calificacion de 1 a 3
a cada una de las pequeñas historias, hecha por ellos
mismos. Esos fueron los criterios de selección aplicados
para configurar el contenido de los 23 minutos, lo que incluirá además
(en este y en todos los episodios del programa) un comercial
de parodia, algo que consideran muy novedoso.
En resumen, los televidentes podrán esperar humor inteligente
pero no habrá personajes fijos que se repitan en los distintos
programas.
En octubre del 2001, después de dejar todos sus respectivos
trabajos y comprometerse a que ninguno tendría otra actividad
formal aparte del grupo, los integrantes de La ½ docena
planearon que en un lapso de cinco años todo estuviera
consolidado. "Fue una decisión de vida el que nos
dedicáramos de lleno", dicen.
Entonces el 2002 transcurrió como período para
consolidar algunas cosas sueltas, el 2003 trajo consigo la creacion
de “Tele Par'odiar”, y en el 2004 la palabra "internacionalización" demandó una
mayor presencia en el vocabulario del grupo, proceso que empezó a
perfilarse cuando ese mismo año arrancaron las conversaciones
con canal 7.
Ahora bien, aparte de irse a ejercitar músculos y neuronas
a la Sabana, La ½ docena sigue fiel a sí misma.
No ofender. No copiar. No ser vulgares. Privilegiar la imaginación
del espectador para que este se ría de las situaciones
y de lo que se dice, y no de como ellos luzcan. Estos siguen
siendo sus cuatro mandamientos. Como lo sigue siendo su consigna
de que la audiencia los recuerde como el grupo que vino a hacer
algo diferente y trascendente, y su promesa de burlarse de los
estereotipos, de no hacer imitaciones y de no contar chistes
tomados de Internet.
Se precian de ser autodidactos en muchas cosas, compran libros
para instruirse (la temática de moda es producción
televisiva), siguen admirando al grupo de comediantes argentinos
Le Luthiers (al que consideran un referente), pero igual los
inspira, en cuanto a formato, el programa estadounidense “Saturday
Night Live”, y los trabajos del grupo británico
Monty Phyton.
Por lo visto, a medias, con ellos, solo el nombre. Hoy saben
mejor que nunca lo que hacen y de lo que son capaces, quizás
mejor de lo que ellos mismos quisieran, pues a final de cuentas
su propia vida podría ser un ingenioso y divertido sketch
más. Advertidos quedamos, pues: que nadie presuma de ser
completamente immune al dardo agudo del humor de La ½ docena.
Y muy pronto con una audiencia ilimitada.
Hueviculum Vitae
Para los que sintonizaron tarde la historia, este es un breve
repaso de quienes integran La ½ docena: cuatro versátiles
comediantes por vocación, amigos desde sus tiempos de
estudiantes del colegio Saint Francis y treintones con un pacto
de no casarse al menos por los próximos tres años,
mientras se consolidan los proyectos del grupo.
Nombre: Daniel Moreno
Es economista e ingeniero civil, fue profesor en secundaria y
trabajó en diseño estructural en la firma Consultécnica.
Se dice que llegó a ser el más terrible del colegio
hasta que --en sus propias palabras-- “mi hermanilla
me ganó”. Es sobrino de Chino Moreno y actualmente
es el representante del grupo Gandhi y propietario del bar
El retrovisor, en San Pedro. Tiene una novela escrita y dos
más ya contextualizadas.
Nombre: Mario Chacón
No es familia de
los músicos Chacón, porque con
frecuencia se lo preguntan. Se graduó de publicista y
su buena voz es objeto de contratos para algunas locuciones.
Ningún profesor del colegio se salvó de que lo
imitara y entre su anécdotas más célebres
se recuerda la ocasión en que llegó a clases con
solo la mitad de la cara rasurada y le dijo al profesor que se
le había hecho tarde y apenas había podido “medio
afeitarse”.
Nombre: Erik Hernández
Toca piano y otros instrumentos e integra a veces grupos de música
renacentista y barroca. Los genes artísticos le vendrían
de su mamá, que fue bailarina, pero también de
su papá, que tiene un gran sentido del humor. Es químico
e ingeniero químico de profesión y dio clases en
estas especialidades, en la Universidad de Costa Rica. Fue el último
en sumarse al grupo.
Nombre: Édgar Murillo
Fue subgerente de marca en British American Tobacco y dice que
hoy se siente más cómodo viendo que logra hacer
reír a la gente en vez de hacerla fumar. Administrador
de empresas con una maestría en mercadeo, toca guitarra
y saxofón y es dueño de la tienda de ropa Lolita,
en Plaza del Sol. Sus habilidades histriónicas --cree--
son herencia materna, pues su madre es muy bromista y punzante.
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Fotografías:
José Díaz