REPORTAJE
 

San José, Costa Rica, del 16 al 23 de enero de 2005.

La lucha continúa

Conocido por décadas en el ambiente musical, ahora Luis Jákamo impulsa a los valores nacionales en el programa Los artistas del 13.

Yuri Jiménez

yjimenez@nacion.com

¿Quién no conoce a Luis Jákamo? Desde los años 70, cuando era un muchacho de veintitantos, este limonense empezó a abrir brecha en los escenarios musicales con otros contemporáneos que hoy también son leyenda.

Por ello, con su llegada a la televisión, el pasado 15 de octubre, se da el caso atípico de que no es la pantalla chica la que lo hizo famoso, sino que, por ser tan popular y por su reconocida trayectoria en la trinchera del artista nacional, más bien a él se le consideró una buena opción para rescatar un espacio dirigido a los valores locales.

Y ahí está Luis Jákamo Novoa, con 51 años muy bien guardados en su rostro moreno y su pulcra presencia, aprendiendo a desafiar las cámaras, a entonar su dicción y a aprender este nuevo oficio de salir en tele.

Se trata de asuntos de forma, nada más. Porque el trasfondo de Los artistas del 13, Jákamo lo maneja al dedillo con sus más de 30 años de formar parte de grupos musicales, como integrante y como creador.

Como muchos de su generación, Luis tuvo que jugársela primero para abrir camino, luego para sostenerse y hoy, para sobrevivir en un medio cada vez más saturado de grupos, discomóviles, karaokes y hasta bailarines de tarima que indudablemente han acaparado una porción del gusto del público.

Justamente la idea de Los artistas del 13 fue de Belisario Solano y otros funcionarios del Sinart, quienes están de acuerdo en la necesidad de promocionar a los artistas locales antes de que sigan siendo engullidos por la globalización.

" Queremos proyectar nuevos valores, gente que ya está formada, que ya está en el medio, pero que a veces no tiene una plataforma adecuada para despegar. No solo presentamos músicos, también otro tipo de artistas que pueden ser pintores, escultores, escritores, etc.", explica Jákamo.

El espacio se transmite los viernes de 8:00 a 9:00 p.m., y la dinámica es bastante simple: se presenta una entrevista de fondo con el artista invitado y se transmiten sus videos. También se pasan otros de diferentes cantantes o grupos, ya sean de antaño o modernos.

" Gente como Rush, como Ricardo Sossa, la misma Elena Umaña. Pero también hemos tenido a un Rodrigo Pigo Mafiolli, toda una institución que definitivamente aporta a esta lucha con toda su experiencia", justifica Luis, quien comparte cámaras nada menos que con la veterana Ivonne Blanco.

" Por un lado siento mucha responsabilidad porque Ivonne ya tiene muchos años en esto, pero más que todo lo que he hecho es tratar de aprender de ella, de su experiencia y de su buena voluntad para ayudarme", asegura Jákamo.

Largo camino

Y es que la vida de este hombre se ligó definitivamente a la música desde aquel día lejano en que su papá, siendo Luis un escolar de Barra del Colorado, en el Atlántico, le regaló una guitarra y una batería de juguete.

Más adelante, ya en el colegio de Limón y con unos 14 años, cuenta que un buen día se topó en la calle a Max Forbes, líder de un grupo llamado Los Playmates, que eran todo una sensación en la zona y en el país en esa época.

" Le pregunté si le podía llevar la guitarra, me dijo que sí, terminé por acompañarlo a un ensayo y desde ese momento no me volví a separar jamás de la música".

Fue tal su "fiebre" que Luis terminó por dejar de lado su intención de estudiar arquitectura y siguió con lo que había empezado en el colegio, donde fundó su primer grupo junto con gente como Isidor Ash, hoy líder de Marfil.

A pesar de su juventud y poca experiencia, Jákamo logró pegar un éxito con ese grupo: "Desde ahora en adelante", producida por Alfredo Chino Moreno y con arreglos de Pigo Mafiolli.

Ahí estaban aquellos muchachos saliendo de la adolescencia y llevando la batuta de lo que sería la pauta musical nacional en los 70's, 80's y parte de los 90's.

Después vino Bocaracá y luego Stop, un grupo que también pasó con mucho éxito por los escenarios nacionales, hasta que finalmente, en 1977, Jákamo consolidó lo que sería su carrera en el ámbito musical con la creación de Manantial, que permaneció y prevaleció hasta 1993, cuando un accidente de tránsito sacó temporalmente a Jákamo no solo de la música, sino del torbellino en que se había convertido su vida.

" A Manantial le debo mucho. Conocí mi país completo, viajé por el mundo, me consolidé de muchas maneras".

El relato de su terrible accidente lo pone reflexivo, pues estuvo a punto de perder la vida por lo que hoy reconoce como una gran irresponsabilidad.

" Lógicamente en ese momento no lo veía así, pero supongo que la vida nocturna, el mismo éxito, todo, me tenían metido en la fiesta. Una noche de octubre venía de Cahuita muy tomado y choqué de frente contra un palo de coco. Yo venía tan mal que no recuerdo nada, cuando me vi, me estaban sacando del carro… yo vivi eso que la gente llama el túnel. De alguna forma seguí vivo, pero lleno de fracturas muy serias".

Las fracturas, como bien dice Jákamo, fueron tanto físicas como emocionales. Tardó un año para volver a caminar, pero en lugar de quejarse tomó aquello como una segunda oportunidad que, asegura, no piensa desperdiciar.

Con su vida en orden, volvió a los escenarios como propietario de un nuevo grupo, Baby Rasta, y cuando éste cumplió su ciclo armó Latin Band, el que mantiene hasta la fecha.

Jákamo también tiene una oficina de producción musical y de representación de artistas.

Aunque su trajín sigue siendo muy intenso por las presentaciones del grupo, no hay nada que disfrute más que estar en su casa junto a su esposa, Karen Moncada y con las mascotas que ambos consienten y disfrutan a más no poder: una chanchita vietnamita que se llama Silvia, y una perra salchicha.

Padre de tres hijos -Andrea, de 19 años; Jeannina, de 16, e Isaac, de 11--, Jákamo se ha vuelto un lector empedernido de literatura de autoayuda.

" Yo mi historia se la cuento a todo el que puedo, a la gente que está en hospitales, luchando. No volví a probar un trago, y aprendí que sí se puede vivir en el mundo de la bohemia, disfrutar de las tertulias, salir con amistades sin necesidad de emborracharse. Vivo feliz y hasta orgulloso de mi sobriedad. Esta paz que siento ahora no la cambio por nada", asegura el productor.

Pero quizá sea el título de su libro de cabecera el que refleje el mensaje que este hombre dice haber recibido 11 años atrás. De Og Mandino, su título es El memorandum de Dios.


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