REPORTAJE
 

San José, Costa Rica, del 9 al 16 de enero de 2005.

Ébano y marfil... para todos los gustos

Claudia Guillén y Verónica Araujo, de Swingy Boom, desbordan energía a diario en A Todo Dar con su sensual baile axe.

Yuri Jiménez

yjimenez@nacion.com

Cuando Luis Badilla, el creador del grupo Swingy Boom, realizó los casting para escoger a quienes representarían el ala femenina de su nueva agrupación de baile brasileño axe, decidió incluir una morena y una rubia para satisfacer todos los gustos.
Y de verdad que lo logró porque estas dos chicas, Claudia Guillén y Verónica Araujo, son sensuales por igual, solo que en diferente color.

Ambas forman parte, junto con otros tres bailarines, del grupo de baile que de tarde en tarde ameniza –por no decir electriza– a todo el que las ve con sus movimientos rítmicos y cadenciosos a través de la pantalla de Repretel, en el programa vespertino A Todo Dar.

Tras 10 meses de estar al aire, las muchachas se han convertido en un torbellino de popularidad que las atropelló, para empezar, a ellas mismas, pues a sus 20 años (tienen la misma edad) la vida les cambió de un día para otro y aún se sorprenden de que las reconozcan en todas partes, les pidan autógrafos o les soliciten fotografiarse con ellas.

El mosaico cultural del grupo también está bien representado. Claudia es costarricense y Verónica es brasileña; dos de los hombres del grupo también son brasileños (Neto e Indio), y Cristian es tico.

Pero ya hablaremos de los muchachos en una próxima edición. Por ahora, ellas son las que interesan.

Luis Badilla explica que tras los problemas que tuvieron en el país grupos como Portoseguro y Portobahía, él decidió empezar desde cero y organizar un conjunto de baile con todas las de la ley.

“ A la hora de hacer los casting y la búsqueda, analicé cualquier cantidad de muchachas, la mayoría modelos. El caso es que aquí se necesitan otras aptitudes tan importantes como la belleza; hablo de disposición, actitud, trabajar muchísimo, dejar a su familia, esto es todo un estilo de vida porque hay que dejar de ser bailarín de tarima para vivir de lleno en esto”, explica el manager.

Y las muchachas hacen eco de sus palabras cuando cuentan que, a su edad y contra lo que se pudiera pensar, su vida está supeditada a ensayar, bailar y dormir suficiente porque quedan agotadas.

Y es que A Todo Dar se convirtió de inmediato en una plataforma que les ha llenado la agenda de contrataciones de lunes a domingo. A estas alturas declinan presentaciones para poder tomar su día de descanso.

Últimamente también estuvieron muy ocupadas con la grabación del disco Swingy Boom (que se está vendiendo como pan caliente) y con la filmación de un video que saldrá al aire a mediados de mes.

A Verónica la conoció en fotos y venía muy bien recomendada, pues apenas saliendo de la adolescencia fue contratada para bailar en Chile. Desde hace 10 meses vive en el país pero habla español casi perfecto.

Los brasileños del grupo habitan incluso en una misma casa con su manager, así que prácticamente son una familia. Esto no evita, sin embargo, que la lejanía de sus propios parientes provoque con frecuencia estados de nostalgia o tristeza en esta agraciada muchacha.

“ A veces salgo de la casa triste y cuando la gente me saluda en la calle con cariño, especialmente un niño, yo ya gano mi día”, dice con sencillez.

Nostalgia. En marzo, Verónica Araujo viajará por dos semanas a su natal Brasil. ¡Cuenta los días!

Originaria de Río de Janeiro, Verónica empezó a bailar a los 14 años. Hoy se considera realmente afortunada de formar parte de un grupo tan popular en otro país, pues reconoce que en Brasil la competencia entre bailarinas de diversas agrupaciones es férrea.

“ Es el sueño de todo el mundo, ser el mejor para ser contratado en otro país”, dice esta joven de piel de ébano, quien confiesa que gasta “millones” en cuentas de teléfono porque no hay domingo que no llame a su casa y se pega horas a hablar con su mamá y hermanos. Ella es la menor de cuatro, y se declara la consentida de la familia.

Aún así, ha aprendido a ser independiente, a ponerle al mal de patria buena cara y hoy dice que no se cambia por nadie y que aún se siente rara al percibir que mucha gente la mira y la reconoce en la calle (especialmente el público masculino).

Verónica habla de todo sin reparos. Por ejemplo, dice que de su físico lo que más le gusta es su sonrisa y lo que detesta son sus pies. También cuenta que se hizo cirugía plástica en el busto pero “solo el necesario, los implantes más pequeños, apenas los que necesitaba para sentirme mejor, porque yo era muy pequeñita y quería que se vieran natural”, aclara.

Aunque no lo crean, con ese cuerpazo lo único que hace para mantenerse físicamente es bailar, a pesar de que come de todo y en las cantidades que quiera.

“ Yo creo que esto del baile quema las calorías porque yo como las pizzas que sean, muchos helados… ¡como más que los hombres!. Creo que es el baile lo que me ayuda a no estar gordita porque si no fuera por eso, con lo que como estaría bien fea”, dice con sencillez.

Aunque ahora no tiene posibilidades de seguir estudiando por el trajín del trabajo, asegura que en cuanto disponga del tiempo requerido continuará la carrera de educación física que alguna vez comenzó.

Ya casi. Claudia Guillén está por terminar la carrera de Relaciones Internacionales.

La rubia del grupo, Claudia, es toda autenticidad y en su plática todavía se esbozan algunas actitudes de niña.

Ella ha vivido siempre en Calle Blancos y es la única que no trabaja en un negocio familiar de importación de repuestos que dirige su papá.

Tras obtener su bachillerato en el Liceo Napoleón Quesada, y después de una negociación algo complicada con sus padres, se dedicó a bailar en bares nocturnos que contratan coreografías de tarima.

Su destreza para el ritmo brasileño le valió la contratación en Swingy Boom, pues hasta esos sitios en donde bailaba la fueron a ver Badilla e incluso quienes hoy son sus compañeros de grupo.

Tuvo que interrumpir sus estudios de Relaciones Internacionales, los cuales está por retomar en cuanto pueda, en especial porque se halla cerca de graduarse y porque tiene claro que su oficio actual es de tiempo limitado. Van a pasar los años y ella necesite evolucionar como mujer a un trabajo más tranquilo y, por qué no, formar una familia.

Al igual que Verónica, Claudia se siente obnubilada por el cariño de la gente. “Yo todavía me incomodo cuando me piden autógrafos. ¿Qué tengo yo de especial, qué me hace diferente? Que salgo en televisión y que a muchos les gusta como bailo, pero fuera de eso soy un ser humano corriente”.

Sin embargo, su simpatía le gana a su modestia y nunca le niega una rúbrica, una sonrisa o un saludo a nadie.

Obsesionada con el color rosado (tiene decenas de blusas en ese color, pero también zapatos, bisutería y maquillaje en ese tono), Claudia asegura que con Verónica mantiene una amistad muy cercana y que saben vida y milagros una de la otra, pues todo se lo han contado.

Ella también se operó el busto “en bastante talla”; dice que no le molesta admitirlo y que, si tuviera que recurrir al quirófano en el futuro para corregir algo que no le gusta de su cuerpo, lo haría de nuevo.

La pregunta del millón a ambas ¿Tienen novio? ¿Están enamoradas? Curiosamente, las dos contestaron algo similar. Claudia dijo que ella es “soltera, sin compromiso y en busca de”, y Verónica se declaró “enamorada, sí, pero del público”.

¿ Les creemos?


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