Cuando Luis Badilla, el creador del grupo Swingy Boom, realizó los
casting para escoger a quienes representarían el ala femenina
de su nueva agrupación de baile brasileño axe,
decidió incluir una morena y una rubia para satisfacer
todos los gustos.
Y de verdad que lo logró porque estas dos chicas, Claudia
Guillén y Verónica Araujo, son sensuales por igual,
solo que en diferente color.
Ambas forman parte, junto con otros tres bailarines, del grupo
de baile que de tarde en tarde ameniza –por no decir electriza– a
todo el que las ve con sus movimientos rítmicos y cadenciosos
a través de la pantalla de Repretel, en el programa vespertino
A Todo Dar.
Tras 10 meses de estar al aire, las muchachas se han convertido
en un torbellino de popularidad que las atropelló, para
empezar, a ellas mismas, pues a sus 20 años (tienen la
misma edad) la vida les cambió de un día para otro
y aún se sorprenden de que las reconozcan en todas partes,
les pidan autógrafos o les soliciten fotografiarse con
ellas.
El mosaico cultural del grupo también está bien
representado. Claudia es costarricense y Verónica es brasileña;
dos de los hombres del grupo también son brasileños
(Neto e Indio), y Cristian es tico.
Pero ya hablaremos de los muchachos en una próxima edición.
Por ahora, ellas son las que interesan.
Luis Badilla explica que tras los problemas que tuvieron en el
país grupos como Portoseguro y Portobahía, él
decidió empezar desde cero y organizar un conjunto de
baile con todas las de la ley.
“ A la hora de hacer los casting y la búsqueda, analicé cualquier
cantidad de muchachas, la mayoría modelos. El caso es que aquí se
necesitan otras aptitudes tan importantes como la belleza; hablo de disposición,
actitud, trabajar muchísimo, dejar a su familia, esto es todo un estilo
de vida porque hay que dejar de ser bailarín de tarima para vivir de lleno
en esto”, explica el manager.
Y las muchachas hacen eco de sus palabras cuando cuentan que, a su edad y contra
lo que se pudiera pensar, su vida está supeditada a ensayar, bailar y
dormir suficiente porque quedan agotadas.
Y es que A Todo Dar se convirtió de inmediato en una plataforma que les
ha llenado la agenda de contrataciones de lunes a domingo. A estas alturas declinan
presentaciones para poder tomar su día de descanso.
Últimamente también estuvieron muy ocupadas con la grabación del
disco Swingy Boom (que se está vendiendo como pan caliente) y con la filmación
de un video que saldrá al aire a mediados de mes.
A Verónica la conoció en fotos y venía muy bien recomendada,
pues apenas saliendo de la adolescencia fue contratada para bailar en Chile.
Desde hace 10 meses vive en el país pero habla español casi perfecto.
Los brasileños del grupo habitan incluso en una misma casa con su manager,
así que prácticamente son una familia. Esto no evita, sin embargo,
que la lejanía de sus propios parientes provoque con frecuencia estados
de nostalgia o tristeza en esta agraciada muchacha.
“
A veces salgo de la casa triste y cuando la gente me saluda en la calle con cariño,
especialmente un niño, yo ya gano mi día”, dice con sencillez.

Nostalgia. En marzo, Verónica
Araujo viajará por dos semanas a su natal Brasil. ¡Cuenta
los días!
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Originaria de Río de Janeiro, Verónica empezó a bailar a
los 14 años. Hoy se considera realmente afortunada de formar parte de
un grupo tan popular en otro país, pues reconoce que en Brasil la competencia
entre bailarinas de diversas agrupaciones es férrea.
“
Es el sueño de todo el mundo, ser el mejor para ser contratado en otro
país”, dice esta joven de piel de ébano, quien confiesa que
gasta “millones” en cuentas de teléfono porque no hay domingo
que no llame a su casa y se pega horas a hablar con su mamá y hermanos.
Ella es la menor de cuatro, y se declara la consentida de la familia.
Aún así, ha aprendido a ser independiente, a ponerle al mal de
patria buena cara y hoy dice que no se cambia por nadie y que aún se siente
rara al percibir que mucha gente la mira y la reconoce en la calle (especialmente
el público masculino).
Verónica habla de todo sin reparos. Por ejemplo, dice que de su físico
lo que más le gusta es su sonrisa y lo que detesta son sus pies. También
cuenta que se hizo cirugía plástica en el busto pero “solo
el necesario, los implantes más pequeños, apenas los que necesitaba
para sentirme mejor, porque yo era muy pequeñita y quería que se
vieran natural”, aclara.
Aunque no lo crean, con ese cuerpazo lo único que hace para mantenerse
físicamente es bailar, a pesar de que come de todo y en las cantidades
que quiera.
“
Yo creo que esto del baile quema las calorías porque yo como las pizzas
que sean, muchos helados… ¡como más que los hombres!. Creo
que es el baile lo que me ayuda a no estar gordita porque si no fuera por eso,
con lo que como estaría bien fea”, dice con sencillez.
Aunque ahora no tiene posibilidades de seguir estudiando por el trajín
del trabajo, asegura que en cuanto disponga del tiempo requerido continuará la
carrera de educación física que alguna vez comenzó.

Ya casi. Claudia Guillén
está por terminar la carrera de Relaciones Internacionales.
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La rubia del grupo, Claudia, es toda autenticidad y en su plática todavía
se esbozan algunas actitudes de niña.
Ella ha vivido siempre en Calle Blancos y es la única que no trabaja en
un negocio familiar de importación de repuestos que dirige su papá.
Tras obtener su bachillerato en el Liceo Napoleón Quesada, y después
de una negociación algo complicada con sus padres, se dedicó a
bailar en bares nocturnos que contratan coreografías de tarima.
Su destreza para el ritmo brasileño le valió la contratación
en Swingy Boom, pues hasta esos sitios en donde bailaba la fueron
a ver Badilla e incluso quienes hoy son sus compañeros de grupo.
Tuvo que interrumpir sus estudios de Relaciones Internacionales, los cuales
está por
retomar en cuanto pueda, en especial porque se halla cerca de graduarse y porque
tiene claro que su oficio actual es de tiempo limitado. Van a pasar los años
y ella necesite evolucionar como mujer a un trabajo más tranquilo y, por
qué no, formar una familia.
Al igual que Verónica, Claudia se siente obnubilada por el cariño
de la gente. “Yo todavía me incomodo cuando me piden autógrafos. ¿Qué tengo
yo de especial, qué me hace diferente? Que salgo en televisión
y que a muchos les gusta como bailo, pero fuera de eso soy un ser humano corriente”.
Sin embargo, su simpatía le gana a su modestia y nunca le niega una rúbrica,
una sonrisa o un saludo a nadie.
Obsesionada con el color rosado (tiene decenas de blusas en ese color,
pero también
zapatos, bisutería y maquillaje en ese tono), Claudia asegura que con
Verónica mantiene una amistad muy cercana y que saben vida y milagros
una de la otra, pues todo se lo han contado.
Ella también se operó el busto “en bastante talla”;
dice que no le molesta admitirlo y que, si tuviera que recurrir al quirófano
en el futuro para corregir algo que no le gusta de su cuerpo, lo haría
de nuevo.
La pregunta del millón a ambas ¿Tienen novio? ¿Están
enamoradas? Curiosamente, las dos contestaron algo similar. Claudia dijo que
ella es “soltera, sin compromiso y en busca de”, y Verónica
se declaró “enamorada, sí, pero del público”.
¿ Les creemos?
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