REPORTAJE
 

San José, Costa Rica, del 2 al 9 de enero de 2005.

Diva eterna

Sylvia Blanco habla de su estrecho vínculo con la televisión y de su comentada soltería.

Rónald Díaz

rdiaz@nacion.com

Es un amor de más de veinte años. Una pasión inmutable que nació en ella desde que se paró frente a una cámara de televisión y sintió aquella mágica vibración que la empujó a hacer carrera en este medio.
Por eso sigue allí. Ahora en un espacio semanal como Hábitat, de canal 7, el cual, asegura, la tiene contentísima porque ha marcado el regreso a la pantalla chica desde su participación en Sylvia, un espacio nocturno que condujo hace cuatro años por canal 4.
Sin embargo, al aire o no, lo cierto es que Sylvia nunca se ha alejado por completo del medio ni de la farándula y así lo confirma su presencia –casi perenne– en transmisiones especiales como la Teletón y los topes y carnavales de fin de año, entre otros.
Para ella, más que un trabajo se trata de una actividad que le fascina y la hace sentirse una mujer plena y realizada.
Por eso, cuando le preguntamos si extrañaba ese contacto con el público y si añora la posibilidad de tener un programa diario, su respuesta es pronta y afirmativa.
“ Me hace falta, para qué lo voy a negar. Lo que pasa es que la televisión es cíclica y en este momento, tal vez por el tipo de programas que se hacen, yo no encajo. También hay que reconocer que existe una búsqueda de nuevo talento de nuevas figuras, y las producciones han ido en esa línea”.
Sylvia Blanco tiene 43 años de edad, y eso lo dice a los cuatro vientos pues es una mujer segura de sí misma, luchadora, que sabe darse su lugar.
Más que llegar a la televisión, ella ha sabido mantenerse vigente a lo largo del tiempo, aunque también es conciente de la dificultad de encontrar espacios para desarrollarse en un medio tan cambiante y competitivo.
–¿ Se reducen entonces las posibilidades en la televisión para una mujer de su edad?
– Sí, creo que es difícil, no hay un hervidero de opciones, pero no lo descarto. Agradezco a los productores de Hábitat la oportunidad que me dan y también creo factible que se dé un programa que satisfaga ciertas inquietudes del público y que yo calce en él. Soy positiva por excelencia y para mí la palabra “no” o el vaso medio vacío, no existen.
–¿ El hecho de querer seguir vinculada a la televisión después de tanto tiempo tiene que ver con el ego y la ganas de figurar?
– Todos los que estamos en un medio en el que nos exponemos a la crítica tenemos que tener un ego bastante inflado, pero en mi caso más que el reconocimiento o ser parte de un show, lo que verdaderamente me atrae es el cariño de la gente, poder ayudar, sentirme cercana a un determinado grupo de gente, eso es como una droga. La gente que lo prueba se queda aunque se paga un precio alto, sobre todo en un país pequeño como el nuestro.
–¿ Y qué hace que usted lo quiera pagar?
– Pues que te guste lo que haces. Además, yo lo he manejado de una manera inteligente. He tenido altos y bajos. Por eso me he dado respiros para disfrutar de mi vida privada. Me he tomado el tiempo para ser mamá, para ser esposa. La televisión es importante, pero no es todo.
– Usted es una de las figuras más representativas de la farándula nacional, ¿qué la motiva a pertenecer a ella?
– Yo estoy en la farándula porque soy parte de eso. Todos los que están en el medio para estar vigentes tenemos que estar ahí. Es cierto que a veces se afirman cosas que son lejanas a la verdad, pero yo soy muy luchadora y hay que saber navegar sobre esas aguas. Lo más importante es ser legítimo. Además, también en la farándula hay gente de buenos sentimientos y honesta. Gente sana que se ejercita. Yo no fumo ni tomo y lucho por ser mejor persona y ser humano. Hay que tratar de ser fuerte en lo bueno y lo positivo.
–¿ Le molesta la crítica?
– La crítica no me duele, me duelen la envidia y las malas intenciones.
–¿ Cuántas veces se ha casado Sylvia?
– Dos veces. La primera a los 16 años. Fíjese, era una bebé jugando de muñecas porque a los 18 ya era mamá de dos hijas. A los 28 años me volví a casar, y tuve a mi tercer hijo, Daniel, que ahora tiene 13 años.
– ¿Qué siente sobre la posibilidad de ser abuela? (Sus hijas María Fernanda y Sylvia, de 26 y 25 años respectivamente, son casadas)
– “Es mi sueño y mi ilusión. No me molesta la idea, me molesta que todavía no me hayan hecho abuela”, dice entre risas.

Hace siete años Sylvia se divorció y recién terminó una relación sentimental con un mexicano de la que se habló mucho. Por eso aprovechamos para abordar el tema del amor en su vida.

–¿De usted se dice que es la soltera más cotizada?
– ¡Qué barbaridad! (Se ríe) Yo no estaba en el país cuando hicieron ese concurso y me hizo mucha gracia porque de las 10 candidatas que propusieron las otras 9 podían ser mis hijas.
Ojalá que el otro año me estén postulando para la boda del año o la novia más enamorada del país, pero no como la soltera más codiciada porque creo que el estado ideal del ser humano es en pareja. Pero los hombres de este país yo creo que me tienen miedo (suelta una carcajada). Esa es la verdad.
– ¿Le preocupa estar sola?
– No me preocupa aunque sí creo profundamente en el amor. Pero estoy convencida de que no debo buscar la pareja porque puedo equivocarme. Aunque sí quiero pensar que me voy a volver a enamorar como lo estuve. Si me voy a volver a casar solo Dios lo tiene escrito en algún librillo que diga Sylvia Blanco en algún lado.
– ¿Qué hace para mantenerse en forma?
– Hago dietas y me gusta y las disfruto. No son de hambre aunque para alguien puede ser fuertes. Me cuido, y aunque tengo que admitir que en algún momento tuve miedo a envejecer, ya no. Me siento súper bien con los cambios que implica tener la edad que tengo. Si tengo una que otra cana, o líneas de expresión, o si tengo que usar anteojos, me siento bien de aceptarlo con madurez. Me siento satisfecha como mujer y ser humano.
– ¿Quién conquista a Sylvia?
(Para saber cómo sería el hombre capaz de enamorar a Sylvia, qué mejor forma de enterarse que de sus propias palabras. Ahí les va la respuesta.)
– “Físicamente, no hay límites. Me gustan de cualquier tipo. Pero sobre todo, necesito un hombre inteligente, pensante, que me haga ilusión compartir criterios con él, que me haga reír y sentir admiración por lo que es, más que por lo que hace. Él debe ser es un todo: un cómplice, un compañero de juegos para compartir tristezas y alegrías. Alguien con quien pueda pasar el resto de mi vida sin aburrirme. Profundo e intenso como lo soy yo, porque no soy media naranja de nadie, yo soy naranja completa y quiero a mi lado una naranja completa”.


Algo más de Sylvia
Sylvia Blanco Acuña tiene 43 años de edad. Es la mayor de 5 hermanos. En sus ratos libres le gusta pintar, jugar al tenis y le encantaría aprender a jugar golf. Va al gimnasio una hora y media diaria.

Come para vivir, pero no vive para comer. Le encantan las ensaladas, las frutas y busca un buen balance entre carbohidratos y proteínas. Ve poca televisión, le encanta leer libros de autoayuda y de temas esotéricos, de metafísica y temas controversiales que la cuestionen y la pongan a pensar.

En el ámbito profesional fue directora de publicidad del grupo Pipasa y trabajó en la producción de comerciales de televisión. Su primera incursión en un programa fue con Fabulosos Sábados en Canal 2, al lado de Luis Gerardo Rojas y Nelson Hoffman.

Luego vino Compartiendo la noche con Sylvia Blanco, también en canal 2, y después viajaría a El Salvador en donde, durante más de tres años, estuvo al aire con un programa llamado A las doce en el 12.

Regresó al país con Buenas tardes Sylvia, por canal 4 y al espacio siguieron la Rueda de la fortuna, El Club de la felicidad, y Sylvia, su último programa. Actualmente participa en Hábitat, los sábados por canal 7


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