Catarsis. Quitémonos del
seso aquello de que "lo público" debe ser sinónimo
de "deficiente", y que "lo cultural" tiene
que ser lo mismo que "somnífero".

EL 13. ¿Tierra sin dueño? |
Hagan sus ofertas, que la televisión pública
está con saldos de liquidación.
Con el canal 13 parece cumplirse la máxima de que los
bienes públicos son de todos, pero sobre todo, no son
de nadie. Y es que la frecuencia parece tierra sin dueño:
no existe la mínima coherencia entre los contenidos expuestos
en su programación, y por supuesto, no hay ni un atisbo
de visión integradora de su oferta.
La programación de una televisora que se supone debería
de ser pública, apolítica y secular, está cargada
de programas comerciales, de proselitismo partidista y religioso.
Da la impresión de que cualquiera con los cincos en la
bolsa, tiene la posibilidad de salir, no en cualquier tele, sino
en la tele del Estado.
Con la fórmula de vender espacios al aire, el canal se
desembaraza de ese engorroso trámite de tener que formular
producción original, y los grupos interesados obtienen
un espacio sin filtros para difundir su mensaje. Luce como el
negocio perfecto, ¿cierto?
¡
Pero esperen…! ¿Y aquello que se llamaba público? ¿Aquellos
quienes, se suponía, eran la razón de ser de una
televisora? Como decía mi abuela, que se los trompee un
chancho.
Yo quiero - y creo que tengo el derecho a querer- una televisora
que verdaderamente responda al interés público,
con una propuesta coherente de programas de calidad. Es posible
brindar una oferta inteligente, atractiva, y que al mismo tiempo
salga de las mentes y talentos del funcionario público.
Recurso humano para lograrlo sobra, lo que falta es inflar un
buen tanto la mística necesaria para hacerlo.
El 13 se está muriendo a poquitos, lo están matando
a poquitos, y todos asistimos a su agonía con indolencia.
Por favor, háganlo valer la pena de una vez por todas.