REPORTAJE
 

San José, Costa Rica, del 3 al 10 de abril de 2005.

¿De verdad es un gruñón?

ARMONÍA. Desde hace siete años, Rodolfo Araya Martínez comparte su vida con Don Pedro, el cascarrabias inquilino del programa La Pensión.

Rónald Díaz
rdiaz1962@hotmail.com

Al arribar a su residencia en Villas de Ayarco, lo encontramos atareado en sacar varias fotocopias para uno de sus clientes, en su mayoría vecinos de esa populosa zona residencial del este de la capital

Hablamos de Rodolfo Araya Martínez, quien, además de actor, desde hace 15 años redondea la economía familiar con la venta de abarrotes, carne, frutas y verduras en el abastecedor de su propiedad.

Aquella tarde de sábado vestía un sencillo pantalón de mezclilla, zapatillas color café, grandes anteojos y una camisa blanca, como la de los clásicos anuncios comerciales de detergente.

Una cálida y amplia sonrisa fue la primera señal de que Rodolfo dista mucho de parecerse al personaje que lo ha hecho popular: el viejo cascarrabias de don Pedro, de la serie La Pensión.

Una vez desocupado, nos invitó a subir a un pequeño balcón, en donde los fines de semana estudia el guión que cada lunes y martes de la semana cobra vida cuando el elenco de artistas de la teleserie se reúne para grabar un nuevo capítulo.

Sentados en unos cojines que yacían sobre el suelo, comenzó la amena charla.

Las respuestas a nuestras interrogantes fueron desgranando una carrera que se inició cuando, a los 23 años de edad, Rodolfo, bajo la tutela del argentino Alfredo Catania, obtuvo un papel en Historias para ser contadas, de Osvaldo Dragún.

Dos años atrás su padre y actor, Rodolfo Araya Borge, lo había lanzado al mundo artístico al conseguirle una participación en una telenovela de canal 4 llamada El diario de una niña, de producción costarricense.

De aquella primera experiencia don Rodolfo recuerda que la serie duró solo un año y durante ese tiempo nadie recibió un cinco de salario. Más bien entre todos aportaban para la escenografía, la utilería y el vestuario.

Otro detalle, ahora impensable, es que ante la carencia del recurso técnico para grabar los capítulos, la serie debía transmitirse en vivo.

"Se me quería salir el alma", cuenta el actor sobre la sensación que se apoderaba de él cada vez que sacaban al aire un capítulo con un par de ensayos, y sin la posibilidad de repetir ninguna escena.

Tras descartar el trabajo de oficina, hacer las veces de vendedor y abandonar una sociedad que poseía en una fábrica de candelas, el actor pudo aterrizar en el lugar donde habitaban sus sueños.

La Compañía Nacional de Teatro le permitió poner en práctica su verdadera vocación, no sin antes pagar lo que dan en llamar el derecho de piso. Durante cinco años ocupó allí el puesto de jefe de utilería, a la espera de una oportunidad.

La oportunidad vino acompañada, pues luego se abrirían para él las puertas de muchos otros escenarios como el Teatro Carpa, La Comedia, El Ángel, Lucho Barahona y el Laurence Olivier, lugares en donde llegó a sumar las más de 150 puestas en escena que acumula en su carrera.

Entre ellas don Rodolfo recuerda La Fiaca, Romeo y Julieta, Macbeth, El Jardín de los Cerezos y Mi Madrina, de Carlos Luis Fallas.

Muchos años fueron quedando regados sobre las tablas hasta alcanzar la hoja del almanaque que marcaba diciembre de 1998, año en que Rodolfo Araya recibió una llamada del productor Óscar Castillo para ofrecerle un papel en una nueva serie de televisión llamada La Pensión, el cual aceptó de inmediato.

De aquel elenco inicial, solo él, Eugenia Fuscaldo (doña Tere) y Manolo Ruiz (Paco) se mantienen vigentes en la popular comedia que cumple ya un récord de permanencia al aire para una teleserie costarricense.

El personaje. Decíamos al principio de la semblanza, que de buenas a primeras percibíamos a Rodolfo Araya con una personalidad muy distinta a la de don Pedro.

Pero, ¿qué piensa Rodolfo de su personaje?

"Don Pedro es un hombre solo que tuvo una madre castrante, terrible. Es empleado del Ministerio de Hacienda, y en el fondo es una persona buena, cariñosa, pero lleno de frustraciones que hacen que se comporte de esa manera, tan recto y moralista".

Curiosamente, esos rasgos de intolerancia y mal carácter que convierten a don Pedro en el antihéroe de los habitantes de La Pensión, producen un efecto inverso en el público, cuando de Rodolfo se trata.

Eso lo comprueba a diario con las muestras de afecto y simpatía que recibe de la gente, y en especial los niños, que lo llaman “don Pedro”.

- ¿Está preparado para el día que deba "enterrar" a don Pedro?

La pregunta lo toma por sorpresa. "No... no estoy preparado", contesta . "Nunca lo había pensado...", añade meditabundo.


Sencillamente un hombre feliz

Rodolfo Araya Martínez, de 55 años de edad, está casado con Susan Cedeño y tiene cuatro hijos: Silvia y Rónald, ambos casados; Luis Diego, de 18 años, y el menor, Jorge Eduardo, de apenas cinco.

Nació en México, pero vive en Costa Rica desde los cuatro años. De joven cursó estudios para convertirse en sacerdote, vocación que desechó cuando dejó el colegio Don Bosco, se compró una moto y encontró novia.

Seguidor de la filosofía tibetana, vive el precepto de no hacer a otros lo que no desearía para él.

Amante de la naturaleza, se califica a sí mismo como una persona jovial y tímida a quien le encanta relacionarse con la gente.


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Fotografías:
José Díaz

 

 

 

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