San José, Costa Rica, del 29 de febrero al 7 de marzo.







































Darío Chinchilla Ugalde

Box

Darío Chinchilla Ugalde
Da_chinchilla@yahoo.com

Jorge Luis Borges decía que no le gustaba el fútbol porque era demasiado violento. Le gustaba el boxeo. El creador del Aleph decía que en el fútbol había dos turbas enfrentadas entre sí aunque carentes de un objetivo válido; en el boxeo, por el contrario, sólo dos cuerpos medían sus fuerzas para establecer parámetros de dominación.

El fútbol es el deporte rey desde Río Grande hasta el Cabo de Hornos.

La vida deportiva de Latinoamérica gira al son de una pelota de cuero, y esto se refleja en una pantalla chica que rebosa de este tipo de transmisiones deportivas.

Ahí de vez en cuando la tele nacional nos receta una buena pelea por el campeonato, sin embargo es la excepción más que la regla.

Por el contrario, la oferta por cable sí mantiene una transmisión sostenida de boxeo de calidad, del viejo y del nuevo.

Para ver por tele este espectáculo mezcla de estilo, rudeza y estética se cuenta con muchas opciones. En ESPN, por ejemplo, se puede encontrar una buena veta de boxeo. Hay un espacio que tiene de interesante lo que tiene de intermitente: su nombre es Big Fights (Grandes Peleas). Es una cita con Muhammad Ali, con Sugar Ray Robinson, con George Foreman, con Mantequilla Nápoles, con un joven e ingenuo Mike Tyson, en fin, con los nombres que convirtieron al deporte en un mito. Es el recuerdo de todas esas peleas épicas y de esos peleadores heroicos que uno solamente conoce de oídas. Sin embargo, lo malo del espacio es que no lo transmiten todas las semanas, así que hay que saber pescarlo.

Aterrizando en el siglo XXI, para ver los nombres del boxeo moderno, puede sintonizar ESPN las noches de viernes, que seguramente se encontrará con un rosario de contiendas.

Yo me considero un aficionado tibio del "noble deporte de los puños", sin embargo, con mis limitadas entendederas hacia esta disciplina, comprendo que el espectáculo del boxeo no es ver cómo un contendiente le rompe los dientes al otro, le revienta la ceja o le abomba el cachete. El verdadero gusto de la exhibición boxística, se da cuando se puede analizar la estrategia de cada oponente, y se identifican las tácticas de ataque y defensa para batir a su contraparte.

En el boxeo, en la cabeza y en los puños de una sola alma está la gloria o la derrota. En el cuadrilátero el boxeador está solo y medio desnudo, es la estampa de la vulnerabilidad. Como bien lo captó Borges, es la imagen más clara de "válgase por usted mismo".

Que comience la pelea.



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