San José, Costa Rica, del 18 al 25 de enero del 2004..







































Una tía muy caché

  • Risueña, extrovertida, valiente, frontal, pero sobre todo, auténtica. Así es la actriz Maureen Salguero, la "tía" más famosa de Costa Rica

  • Yuri Lorena Jiménez
    yjimenez@nacion.com

    Casi nadie sabe cuál es su nombre, asegura ella. Y parece ser cierto, porque donde quiera que vaya no hay quien no la llame por el mote de La tía, como se le empezó a conocer hace tres años y medio cuando arrancó el popular programa de Repretel, A Todo Dar.

    El sobrenombre se lo debe a un chiste que ella misma puso de moda entre sus compañeros de canal.

    Aunque ya tenía casi 10 años de figurar en diversos montajes teatrales y en programas de televisión como Pierda el control, Aula 6 y algunas transmisiones especiales, fue el espacio vespertino de bailongos y concursos el que convirtió a Maureen Salguero en un personaje que aún lucha para asimilar su popularidad y que mantiene, como pocas figuras de la tele, sus pies en el piso'e tierra.

    La vida de esta mujer –que muchos consideran un mujerón, más allá de sus dotes físicas por la fuerza con que acostumbra a echar pa'lante– puede considerarse una secuela de accidentes felices.

    Ahí donde la ven, con su look de hippie moderna (le encantan los tiliches, los jeans, los zapatos suecos y las blusas de manta), de chiquilla Maureen era "una güila feílla e insegura, con el pelo por las nalgas" que no mataba una mosca, se esmeraba en ser una estudiante de cien corrido tanto en la escuela como en el colegio y era incapaz de transgredir las férreas reglas de disciplina de su casa.

    Ya de adolescente, un evento transmutó para siempre esa personalidad, y fue el hecho de ingresar al equipo de voleibol del colegio Roberto Brenes Mesén.

    Con su voz grave y sin titubeos (muy parecida a su personalidad), Maureen cuenta que fue la entrenadora Magaly Zamora quien logró sacar el fuerzón que había dentro de ella. "Nos enseñó a sacar pecho, nos enseñó de autoestima y a no dar marcha atrás, y entonces me descubrí a mí misma".

    Estudiante estrella, ingresó a la Universidad de Costa Rica con un 96 en el examen de admisión. Motivada por su padre, entró a la carrera de derecho, pero pronto supo que eso no era lo suyo y se pasó a estudiar turismo en el Colegio Universitario de Cartago (CUC), donde un buen día un compañero le pidió que lo acompañara a hacer una prueba al Taller Nacional de Teatro. Ella fue a regañadientes y luego él mismo la convenció de hacer el monólogo de prueba. De 150 escogieron 25... ella entró y su compañero se quedó por fuera.

    Este episodio, a sus 20 años, marcó el resto de su vida. "Yo toda la vida me había sentido extraña, pero cuando llegué al Taller sentí que había encontrado gente que venía del mismo planeta". Dos años después se graduó y de inmediato asumió su primer gran reto en el Teatro Chaplin, donde permaneció por años en varios montajes. Pronto empezó a alternar sus trabajos en teatro y televisión con la radio.

    A los 25 años Maureen tuvo a su primera hija, Ariel, y tres años después nació Daniela; y desde que las chiquillas estaban en su barriga las acostumbró a su ritmo de trabajadora valiente y anduvo hasta el filo de los nueve meses trabajando, como si nada, en cualquiera de sus variados oficios. Es, dicho no sea de paso –porque es la faceta más importante de su vida–, una de las madres solteras más felices sobre la faz de la tierra.

    Recién había empezado a trabajar en Repretel, a principios del 2000, cuando supo de la gestación del proyecto A Todo Dar, pidió la oportunidad de participar y ahí está desde entonces.

    La gente se ha encariñado en una forma muy especial con esta mujer de 33 años que proyecta la imagen que cada quien quiere recibir: "Los chiquitos me ven como la tía, las chavalas como la hermana mayor, las señoras como la vecina con la que toman café y los chavalos como 'la compa'", dice sin darse el crédito que le toca porque muchos hombres la consideran realmente atractiva.

    Enamorada de la vida, de sus hijas, de su madre y de su país, sería raro que Maureen no estuviera enamorada del amor. Efectivamente, hace año y medio encontró "la horma de su zapato" en un muchacho más joven que ella, quien ha logrado convertirse en su elixir de motivación para seguir adelante.

    "Cuando me conoció él no sabía que yo trabajaba en tele, nunca había visto mi trabajo y después tampoco se ha preocupado mucho, él me ama como persona, como mujer, me admira mucho como mamá. Es muy sencillo, sin rollos existenciales...".

    Orgullosamente hija de San Carlos y criada en los barrios del sur, Maureen sueña con volver algún día a su origen rural. Más allá de vivir tranquila en una casita de campo, su sueño es establecer una labor social para trabajar con niños o jóvenes.

    Pero, por ahora, vive su buen momento en la televisión y en su vida... lo disfruta.


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