San José, Costa Rica, del 18 al 25 de abril de 2004.







































Darío Chinchilla Ugalde

Viajar sin viajar

Darío Chinchilla Ugalde
Da_chinchilla@yahoo.com

Los programas de viajes que se transmiten por distintos canales de cable ofrecen, en resumen, una cuestión muy sencilla: la oportunidad de conocer los más apartados rincones del mundo, sin despegar las posaderas del sillón de la sala.

Los engorrosos trámites de migración, la pérdida de documentos, el mal comer, el mal de patria y la angustia de ver que el presupuesto se enflaquece hasta proporciones famélicas, son algunas de las incomodidades que este tipo de documentales ahorran a los "aventureros" que traspasan fronteras a través del televisor.

Ciertamente, no es ganga viajar sin viajar, pero a falta de tiempo y buena plata no queda de otra.

Espacios como Trotamundos,, transmitido en People & Arts, o Desafío contra el tiempo, pasado por National Geographic Channel, son algunos de ellos.

Al mejor estilo del mochilero chancletudo, estos programas se mueven en un estilo de viaje informal y desenfadado. Este género documental está claramente influenciado por la literatura de viajes, en donde cada jornada es narrada en primera persona, y alrededor de las experiencias del presentador-viajante, gira toda la aventura.

El secreto en la realización de estos programas es la coloquialidad. Los presentadores no deben ser, o al menos no deben parecer, viajeros especializados. Alejado del concepto de los grandes exploradores de tierras exóticas, este tipo de serie intenta un redescubrimiento despreocupado de tierras y culturas lejanas.

El presentador tiene que dar la sensación de que está conociendo esos nuevos mundos, a medida que se los presenta al espectador. El televidente debe sentirse identificado con el viajante, para poder imaginarse a sí mismo, recorriendo día a día los exóticos parajes.

Una semana puede presenciar las corridas de toros en Sevilla, la siguiente disfrutar la gastronomía de la ciudad Ho Chi Minh en Vietnam; hoy se dará gusto paseándose por la arquitectura de Budapest y mañana hará un viaje por los áridos desiertos australianos.

Estos espacios reflejan el sueño de cualquiera de evadirse de la vida cotidiana e irse a gastar la suela de los zapatos, aunque en realidad, solamente lo haga en el repetido trayecto del sillón al refrigerador.



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