Actriz a todo pulmón
Ronald Díaz V.
rdiaz@nacion.com
Basta con ver la película Marasmo para descubrir que la actriz costarricense Marcela Ugalde no solo sabe hacer reír. Su histrionismo mueve fibras y provoca lágrimas.
Esto para nada es obra de la casualidad. Más bien es el resultado del trabajo laborioso y la entrega de una mujer cuya fuerza vital reside en la pasión y entrega con que hace las cosas.
Ya sea en la vida real como cuando interpreta a alguno de sus personajes, es fácil percibir el flujo de energía que desborda en sus gestos, en el andar rápido y desenfadado que la caracteriza, o en el timing controlado de sus movimientos en el escenario.
El reconocimiento que Marcela Ugalde ha logrado en el campo de la actuación es la consecuencia lógica de alguien que de niña tuvo un sueño, y de adulta luchó hasta el cansancio para hacerlo realidad.
Y es que desde los 7 años aquella inquieta chiquilla turrialbeña cambió sus muñecas por un espejo enfrente del cual cantaba, practicaba diálogos inventados y ensayaba a ser presentadora de noticias.
A partir de ahí, fue solo cuestión de tiempo para que la artista que habitaba dentro suyo se abriera campo hasta el lugar en donde la vida de Marcela encuentra sentido, su hábitat natural: los camerinos, las tablas, el telón y un público expectante . . .
Luces, cámaras y ¡acción!
Una prueba de que el sueño de niña se ha hecho realidad es que en estos momentos Marcela actúa en la serie de tele de La Pensión, en la obra de teatro Sexus Benedictus de Ana Istarú, y también en el largometraje costarricense Marasmo. Y la crítica ha sido favorable para ella.
Además, en el 2001 recibió el Premio Nacional de Teatro como Mejor Actriz de Reparto por su actuación en al obra La noche fuerte del sexo débil, de Claudia Barrionuevo.
Ese mismo año se estrenó en el celuloide con la película costarricense Asesinato en el Meneo.
Tiempo de cosecha
"Marasmo es muy importante en mi carrera, pero quiero dejar muy claro que los trabajos que hice anteriormente fueron los que me dieron la posibilidad de hacer la película", afirma Ugalde sin dilación cuando hablamos de este nuevo peldaño que escala en su carrera.
Entonces recuerda su primera incursión en la televisión en el canal 2 con un programa de Alejandro Rueda y más tarde en Pierda el Control (con Arnoldo Ramos y José Manuel Elizondo) espacio de sketches humorísticos que fueron para ella una verdadera escuela, según confiesa.
"A mí Pierda el Control me enseñó muchísimo porque actuar chistes en televisión no es fácil", relata. Y agrega que esta experiencia fue clave para facilitar su posterior participación como actriz invitada en programas como La Plaza, Caras Vemos y La Pensión.
Mientras tanto, los estudios de actuación en la Escuela de Teatro del Ángel, además de confirmar su vocación artística, le abrieron el camino para que Lucho Barahona le brindara la oportunidad de encarnar a Rosita, su primer personaje.
La obra de teatro titulada Añejo burdel sirvió para inaugurar el Teatro Lucho Barahona en el año 1993.
"Cuando Lucho (Barahona) me dijo que me quería para un montaje profesional casi me voy de espaldas", recuerda Marcela sobre aquel importante momento de su entonces, incipiente carrera.
Fiel a sus instintos
Así, con apariciones en televisión y teatro, la actriz fue "haciendo vitrina" y nuevas oportunidades de trabajo afloraron. Entre ellas, su participación como actriz de planta en La Pensión, en donde ya contabiliza tres años de hacer el papel de Catalina, uno de los personajes protagónicos.
El cariño que la gente le expresa, Marcela lo agradece con creces, y por eso dice que sería "injusto con la vida" hablar de la existencia de tragos amargos en su carrera.
"A mí no se me hace ningún rollo porque cuando salís a la calle y la gente te abraza, y te dice 'Catalina', y te agarran como si vivieras y amanecieras todos los días con ellos en su casa, eso no te da derecho a pensar 'estoy más o menos'".
En definitiva, Marcela Ugalde no se equivocó de profesión. Ella siguió fiel al sentimiento y pensamientos que la invadieron cuando por primera vez posó sus pies en un escenario.
"Esto es lo mío. Es lo que me hace feliz. Esto es lo que llena, me siento contenta, me siento yo", dice rubricando cada una de las frases con un inconfundible dejo de satisfacción.
Así es ella
A Marcela Ugalde no le gustan las medias tintas. Por eso contestó franca y directamente todas las preguntas que sobre su vida personal le hicimos a lo largo de la entrevista. A continuación, algunas de sus respuestas.
¿Hay algo de Marcela Ugalde en los personajes que interpretás?
La pasión. Soy una actriz totalmente pasional y un ser humano totalmente pasional.
¿Se te ha subido alguna vez la popularidad a la cabeza?
La humildad lo hace a uno grande. Vos trabajás para un público y comportarse petulante me parece ridículo.
¿Tus virtudes?
Soy noble y leal. Evito la envidia porque te daña como ser humano. Entonces cuando no hacés daño, la vida te va premiando.
¿Y tu lado negativo?
Poco tolerante y terriblemente impaciente. De repente eso me hace enojar muy rápido.
¿Qué hacés en el poco tiempo libre que te queda disponible?
Estoy con mi familia y comparto con mi novio. Me gusta cantar en karaoke. Eso sí después de dos cervecitas porque si no me da vergüenza.
¿Alguna comida en especial?
Soy muy antojada, siempre he dicho que embarazada debo ser terrible. Me fascina comer "cochinadas" viendo televisión, metida en la cama. Pizzas, hamburguesas, tacos, las pupusas salvadoreñas me trastornan igual que la comida mejicana.
¿Admiras a alguien?
Admiro y admiraré el resto de mi vida a Parmenio Medina. Con él trabajé en La Patada durante dos años y hasta el último día que se grabó el programa.
¿Qué música te gusta escuchar?
Me encantan los boleros. .
¿Una adicción?
Sí, a los zapatos
¿Tenés mascota?
Me deliran. Si pudiera tendría un zaguate. Uno de mis sueños es tener mucha plata para comprar un terreno y recoger perritos de la calle.
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