San José, Costa Rica, del 14 al 21 de diciembre del 2003.







































De las canchas a la tele

  • El popular exjugador del Saprissa y de la Selección Nacional habla de su nueva experiencia como comentarista de futbol en Teletica Deportes

  • Rónald Díaz
    rdiaz@nacion.com

    Durante los últimos tres años de su carrera como futbolista, Erick Lonis Bolaños tuvo que bailar con la más fea. Fueron momentos difíciles dada la crisis económica que enfrentaba el Saprissa. A esta se sumaron los problemas derivados de una seria lesión en la rodilla que afectó al arquero.

    Por eso, Lonis confiesa que al colgar los tacos sintió un alivio emocional y espiritual, que hoy disfruta a plenitud.

    La calma llegó y no pasó mucho tiempo para que las vueltas de la vida lo pusieran ahí, donde hasta hace pocos meses otros juzgaban sus actuaciones y las de sus compañeros. A los 37 años, Erick Lonis es el nuevo comentarista de Teletica Deportes.

    Sobre esta nueva faceta de su vida, habló con Teleguía en su casa de habitación, en la Asunción de Belén (Heredia).

    Con franqueza y tono firme, acorde con su fuerte temperamento, el exguardameta no dejó pregunta sin responder.

    Habló sin tapujos acerca de las fortalezas y debilidades que ha experimentado en su nuevo oficio, de la relación que mantiene con el público, y hasta se animó a contarnos un poco de su vida privada.

    A continuación, un resumen de esa charla.

    –¿Habías planeado trabajar en televisión antes de tu retiro como futbolista?

    –Hubo algunas conversaciones informales con don Mario Segura, pero no era algo que tuviera como cierto cuando dejé de jugar. Todo se concretó con la participación de Costa Rica en la Copa de Oro, y a partir de ahí, me incorporé a las trasmisiones de futbol en Teletica Deportes.

    –¿Y qué tal ha sido para usted esta experiencia?

    –Ha resultado más interesante de lo que había pensado. La televisión es un medio que da la posibilidad de conectarse con el público de una manera muy directa.

    –¿La ves como una forma de mantener la fama que alcanzaste con el futbol?

    –La verdad no lo veo desde ese punto de vista, y en esto soy absolutamente sincero. La fama es una bendición, pero otras veces es una maldición.

    –¿Por qué una maldición?

    –No digamos la fama, sino el ser reconocido. Esto te da la posibilidad de hacer cosas que de otra manera sería más difícil, pero a veces te pone en situaciones incómodas que desearías no tener.

    ¿Por ejemplo?

    –Yo soy una persona que piensa en otras cosas y no necesariamente solo en futbol. A veces la gente cree que conmigo solo se puede hablar de eso y, aunque es algo que me gusta, hay otras cosas de las que también me agradaría hablar.

    "Una vez me encontré con María Torres a la salida del Teatro del Ángel, que por cierto es muy saprissista, y ella me empezó a hacer comentarios de futbol, entonces yo le comencé a hablar solo de teatro para sacarme el clavo y me pareció muy interesante poder escuchar a alguien como ella, que tiene tanto talento.

    –Volviendo a la tele, ¿Cómo se sintió el primer día de trabajo?

    –Pensé que era más fácil, que era nada más llegar a sentarse a hablar y no es así. Primero, hay que determinar en qué momento intervenir para hacer un comentario y estos tienen que ser muy puntuales. Me costaba mucho dejar de pensar como jugador, me emocionaba mucho –y no estoy hablando de los partidos de Saprissa, sino cuando había una buena parada o una buena jugada–, me sigo emocionando mucho y eso tengo que controlarlo.

    –¿No le dan ganas de estar ahí, en la cancha?

    –No, la verdad la única vez que yo he sentido ganas de estar en una cancha fue en el partido de la Selección contra Sudáfrica, porque me pareció que la oportunidad que tuvieron los seleccionados de compartir con Nelson Mandela era supervaliosa. En ese momento me emocioné mucho y me hubiese gustado estar ahí.

    –¿Cómo lidia con el hecho de que hasta hace poco era saprissista y los aficionados de otros equipos, como la Liga, puedan ver con recelo su participación?

    –Saprissista siempre voy a seguir siendo. Solo porque ahora cambié de carrera no voy a dejar de lado mis valores, ni mis sentimientos. Sería un hipócrita, después de pasar toda mi carrera diciendo que soy saprissista de corazón, venir ahora a decir que no, solo para estar en una situación cómoda.

    –Hay un sector del periodismo deportivo que es muy complaciente con los futbolistas, en tu caso, ¿crees estar en posición de criticar a tus excompañeros de una manera contundente?

    –Yo lo hecho, lo que pasa es que aquí la gente no ha entendido que el futbol es una actividad donde siempre hay errores. Si no, no habría goles. Todo gol ocurre por un error del rival y una virtud del otro.

    "Tenemos años de señalar los errores y no las virtudes, entonces aquí hay jugadores que hacen cosas extraordinarias y nadie las resalta. Por ejemplo, en el partido de México y Costa Rica Ricardo González cometió un error. Pero la gente quiere que, además de señalar el error, lo saquen del equipo, lo crucifiquen y le borren la extraordinaria trayectoria que ha tenido. Eso a mí me parece una injusticia".

    –Algunos han criticado la incursión de personas que no son periodistas en la televisión, ¿qué piensa Erick Lonis sobre eso?

    –Cada persona tiene derecho de pensar como quiera. Entiendo a los periodistas que han estudiado y que tal vez piensan que podrían estar en el lugar de uno. Pero eso depende de la especialidad que tengan. Si usted me trae un periodista que sepa más de la portería y del futbol que yo, graduado como periodista, que haya tenido la experiencia que yo he tenido y que pueda hablar de ella con propiedad, yo mismo me quito y le digo, venga usted y comente por mí. Por eso, a ese tipo de incomodidad no le veo mucho fundamento".

    –¿Qué debilidades ha detectado en su labor?

    –Al principio era muy emotivo, dejaba que las emociones influyeran en mis comentarios. A veces me enoja cuando un jugador finge una lesión, pero si uno se emociona mucho, el mensaje se distorsiona. Intento que mis comentarios sean más cortos y puntuales y comunicar cosas que son importantes dentro de la cancha, pero que no son fáciles de notar. Estoy tratando de mejorar.


    Público y privado

    Asistir a bares o restaurantes después de la medianoche, caminar por la calle o simplemente conversar a solas con una mujer, en especial si es menor de edad, son cosas que Erick Lonis, prefiere evitar.

    Y no es por seriedad o arrogancia como lo aclara él mismo. Más bien es la experiencia acumulada la que le ha enseñado a utilizar guantes de seda al relacionarse con el público. Y aunque asegura que el 85 por ciento de las veces disfruta ese contacto con la gente, el 15 por ciento restante es el precio que debe pagar debido a su popularidad.

    "Si uno sale tarde, cuando el licor comienza a hacer sus efectos, a pesar de que la mayoría de la gente se porta bien, siempre hay alguien que quiere pelear conmigo sin ninguna razón. Solo porque jugé con Saprissa, hay gente que lo ve a uno con odio, como si fuera un enemigo y eso es un absurdo", comenta.

    Poco a poco

    En un plano más personal, Lonis confiesa lo difícil que ha sido para él adaptarse a su nueva papel de hombre casado, tras vivir los últimos 15 años de su vida en forma totalmente independiente.

    "Ha sido un paso difícil, pero mi esposa (Tatiana Bolaños) eso lo ha entendido bien. Ella sabe que tengo un carácter medio complicado y que me cuesta mucho, por ratos, el tema del matrimonio. Es algo que dicen, que con el tiempo uno va superando y ella ha sido una persona extraordinaria para ayudarme a comprenderlo", comenta con sinceridad.

    También admite ser muy perfeccionista y en ocasiones exige demasiado de los demás, lo cual le acarrea problemas, y eso es algo que también espera poder superar con el tiempo.

    Por eso, de momento prefiere tomar las cosas con calma, disfrutar su nueva experiencia en la televisión, continuar con sus estudios de administración en la Universidad Interamericana y practicar deportes como nunca. Después de todo, esa es su gran fascinación.


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