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Portal Airbnb de EE.UU. teje redes en Cuba con casas particulares

Actualizado el 11 de julio de 2015 a las 09:59 am

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Portal Airbnb de EE.UU. teje redes en Cuba con casas particulares

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"Tengo reservación de Airbnb todos los meses", dice con regocijo Melvis Sarduy, cuyo espacioso apartamento en La Habana Vieja tiene éxito entre los clientes del célebre sitio de Internet de alquileres entre particulares.

Airbnb agregó en abril a Cuba en su catálogo para aprovechar el histórico acercamiento entre la isla comunista y Estados Unidos.

En el portal Airbnb, La Habana acapara la mayor parte de la oferta, unos 1.000 anuncios.
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En el portal Airbnb, La Habana acapara la mayor parte de la oferta, unos 1.000 anuncios. (Airbnb para LN)

Inmediatamente la empresa californiana consiguió 1.000 anuncios de particulares cubanos, mientras que "en San Francisco y Berlín, nos tomó tres años alcanzar ese umbral", cuenta a la AFP Jordi Torres, director de América Latina de Airbnb.

Tres meses más tarde, el portal tenía 2.000 ofertas de hospedaje en Cuba.

Airbnb espera que "Cuba se convierta en uno de los destinos principales, junto con México y Buenos Aires", indica Torres.

La empresa rehusó divulgar la cifra de reservaciones en la isla, por ahora limitadas a los clientes estadounidenses autorizados a visitar Cuba.

Según el responsable de Airbnb, el rápido crecimiento de la oferta se basa esencialmente en la red de "casas particulares".

Bajo el impulso de la apertura de la isla al turismo, el gobierno cubano autorizó en 1997 que los turistas se hospedaran en casas particulares a menor precio, en un país donde la oferta hotelera era limitada.

Melvis Sarduy, de 54 años, alquila por $66  la noche su vivienda de dos habitaciones en La Habana Vieja.

Por su licencia debe pagar al gobierno cubano una tasa de 35 dólares por mes por habitación y el equivalente al 10% del precio de cada alquiler.

Por su parte, la cuota para Airbnb es el 3% del monto de la transacción y la del inquilino de entre 6 y 12%.

"Al principio me siento un poco temerosa. Tenemos poco conocimiento de Internet y muy limitado", indica Sarduy al recordar su encuentro con agentes llegados a la isla para vincularse con propietarios de casas.

Pero los temores iniciales rápidamente se disiparon y numerosos arrendadores ahora prefieren Airbnb a Facebook, o a páginas web privadas u otros portales como "mycasaparticular.com".

Sarduy cuenta que la tranquilizó la opción de recibir el pago de una noche en caso de anulación de la reserva.

"Orlandito", otro propietario, explica que aprecia el contacto directo con los clientes que "ninguna otra página ofrece".

En el portal Airbnb, La Habana acapara la mayor parte de la oferta (más de 1.000 anuncios), lejos por delante de la perla colonial Trinidad (200) y de Santiago de Cuba, la segunda ciudad de la isla (menos de 100).

El balneario de Varadero, bien dotado de hoteles, cuenta apenas con medio centenar.

Según Jordi Torres, el promedio de la oferta cubana se ubica entre "$35 y $40 la noche".

En la capital, los alquileres van de $10 dólares a más de $1.000, por una habitación rústica con baño compartido a un lujoso penthouse con piscina con una increíble vista a las cristalinas aguas del Estrecho de Florida.

Inicialmente, la instalación de la agencia virtual enfrentó obstáculos, como el caro acceso a Internet en la isla, que pudieron ser superados gracias a la intervención de intermediarios en Cuba y el exterior.

Otro gran problema eran las modalidades de pago, en un país donde PayPal y la tarjeta Visa no tienen derecho de ciudadanía. Pero la vía se abrió con transferencias de dinero a cuentas bancarias abiertas en el extranjero por parientes emigrados.

Airbnb reserva por ahora a los ciudadanos estadounidenses incluidos en las 12 categorías de personas autorizadas a viajar a Cuba (deportistas, músicos, académicos), pero gente de otros países también ha logrado reservar.

"Eso no debería suceder", indica Torres, sin profundizar en el tema.

La estudiante británica Poly Ainsley, de vacaciones en Cuba, pudo superar los filtros de Airbnb y está muy contenta con la casa que encontró.

"Mira los sofás de cuero, son muy bellos", indica, encantada de conocer la vida cotidiana cubana aunque no habla una palabra de español.

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