Según el gobierno paquistaní, unas 24.000 personas trabajan hoy en el sector de tecnologías de la información destinadas a la exportación, que comprenden tanto a los videojuegos como a softwares para finanzas y cuidados de salud.

 8 marzo, 2014
Diseñadores de videojuegos trabajan en el estudio We R Play en Islamabad. Según el gobierno de Pakistán, unas 24.000 personas en ese país trabajan en el sector de tecnologías de exportación.
Diseñadores de videojuegos trabajan en el estudio We R Play en Islamabad. Según el gobierno de Pakistán, unas 24.000 personas en ese país trabajan en el sector de tecnologías de exportación.

Lahore

Una joven generación de creadores de videojuegos para teléfonos inteligentes le está dando un cierto aire de Silicon Valley a Lahore, capital cultural de Pakistán.

Oficinas en áreas de espacio abierto, equipos con la misma cantidad de hombres y mujeres, en un ambiente distendido: el sector de las tecnologías de la información en Pakistán, valorado en $2.800 millones, va viento en popa para los jóvenes emprendedores como Babar Ahmed.

Este treintañero abandonó una prometedora carrera de ingeniero electrónico en Austin, Texas, para montar con su hermano Faraz los estudios Mindstorm en Lahore.

El estudio cuenta ya con 47 empleados, un crecimiento que debe a éxitos como "Whacksy Taxi", que se catapultó al primer lugar de juegos descargados de las AppStore de 25 países, "Mafia Farm" y "Cricket Power".

"El objetivo era poner a Pakistán en el mapa del mundo de los juegos", explica Babar Ahmed.

Revolución digital. En la actualidad, Mindstorm es uno de los creadores de videojuegos paquistaníes que se multiplican en las plataformas de smartphones. "Tras el lanzamiento del iPhone, el concepto del videojuego cambió repentinamente", dice.

La creación de juegos "pesados" para consolas u ordenadores implica una inversión de millones de dólares y decenas de desarrolladores, mientras que los juegos para teléfonos inteligentes, de una arquitectura gráfica más ligera, necesita menos capital.

De ahí la explosión del números de nuevos emprendimientos en Europa del este, Filipinas y Pakistán especializados en el desarrollo de estos juegos, cuya popularidad sigue creciendo, señala Jazib Zahir, jefe de operaciones de Tintash, la joven empresa de Lahore que está detrás del juego "Fishing Frenzy", otro éxito para smartphones.

Según el gobierno paquistaní, unas 24.000 personas trabajan hoy en el sector de tecnologías de la información destinadas a la exportación, que comprenden tanto a los videojuegos como a softwares para finanzas y cuidados de salud.

"Una de las ventajas de Pakistán es su masa crítica de personas con experiencia, aptitudes e interés por los softwares y el arte, y que pueden combinar esas dos facetas", explica Zahir.

Vida entre juegos. En We R Play, un estudio instalado en un depósito de las afueras de Islamabad, un enjambre de jóvenes veinteañeros pasan sus jornadas tecleando en sus ordenadores, rodeados de coloridos afiches, peluches y muñequitos de superhéroes.

La firma, creada en 2010 por Mohsin Ali Afzal y Waqar Azim, "anima" a sus empleados a apropiarse de sus ámbitos laborales. "Nosotros mismos les damos (el dinero) para que puedan ataviar sus mesas de trabajo", afirma Mohsin, egresado de la prestigiosa Universidad de Berkeley en California.

El juego y el espacio de trabajo centran también las preocupaciones de CaramelTech, un estudio de Lahore montado en 2011 por los hermanos Saad y Ammar Zaeem.

Esta nueva empresa tiene en su corto historial la programación para una firma australiana del superexitoso videojuego Fruit Ninja, que suma más de 500 millones de descargas.

La firma We R Play anima a sus desarrolladores a apropiarse de su espacio de trabajo. Otras incluso les brindan espacio para jugar.
La firma We R Play anima a sus desarrolladores a apropiarse de su espacio de trabajo. Otras incluso les brindan espacio para jugar.

CaramelTech acondicionó una "sala de juegos" para sus empleados con mesa de billar, futbolín y consola X-Box. "Cada día, a las 4 p.m., obligamos a los empleados a parar de trabajar para ir a jugar. Queremos crear una cultura en la que la gente no solo trabaje sino que también se divierta", afirma Mohsin.

Además de esta voluntad lúdica, los jóvenes estudios paquistaníes aplican la paridad de género, modificando los usos de una sociedad tradicional donde las mujeres tienen poca cabida en las profesiones liberales.

Jeans ajustados, camisetas y hijabs (paños islámicos): los estilos se mezclan en estas flamantes empresas cuyos empleados aún deben convencer a sus familias de que hacen un "verdadero trabajo".

"Mis padres piensan que paso todo el día jugando y no hago nada", bromea Saadia Zia, de 24 años, encargada de detectar "pulgas" informáticos en un estudio de la capital.

Las nuevas empresas no solo deben convivir con las tradiciones. También deben enfrentar los apagones, la irregularidad en las telecomunicaciones, la inseguridad y la corrupción endémica en el país.

"Justo frente nuestras oficinas hay un automóvil acribillado a balazos. Este es el tipo de cosas que te marca", dice Babar Ahmed.

"Es un poco como el lejano oeste. No es para todo el mundo. Si esperas que todo funcione a tu alrededor, te decepcionarás. Pero si sabes crear tu espacio ¡es perfecto!", agrega.