Análisis busca detectar cantidad de SO2 que emana del cráter

Por: Monserrath Vargas L. 14 marzo, 2013

El avión robótico no tripulado Ala Vector 100 (AV-100) se elevó ayer a 3.600 metros sobre el nivel del mar para introducirse en la pluma volcánica del Turrialba.

Desde inicios de este año, este vehículo de 2,5 m de ancho, por 1,5 m de largo –y valorado en $40.000– realiza vuelos periódicos para medir la cantidad de dióxido de azufre (SO2) que emanan de este coloso y las condiciones atmosféricas que presenta.

Los vuelos se hacen en el marco de la misión CARTA-UAV 2013, desarrollada por el Laboratorio de Sensores para Gases (GasLab) del Cicanum de la Universidad de Costa Rica, en coordinación con la Universidad de Dusseldorf, Alemania, y tres centros espaciales de la NASA: el Jet Propulsion Lab, el Goddard Space Flight Center y el AMES Research Center.

La idea es que los resultados de las mediciones que hace el AV-100 se puedan calibrar comparándolas con las que realiza, desde el espacio, el satélite ASTER. Cumpliendo su órbita, cada 16 días este satélite de NASA se coloca sobre el Turrialba para hacer tomas multiespectrales y también calcular la cantidad de SO2. “Los satélites dan una medición, pero no sabemos si esta es cierta. Con las mediciones que hacemos in situ en el volcán, ya hemos calibrado el instrumento en el laboratorio. Por eso podemos convertir esa medida incierta y darle un valor ” , explicó el científico Jorge Andrés Díaz, líder del proyecto de Mediciones In situ .

“Estudios como este permiten saber cómo se comporta el volcán y anticipar lo que podría pasar con él. Calcular hacia dónde se moverá la pluma volcánica es importante, ya que sus partículas son capaces de dañar máquinas como los aviones”, dijo Dave Piere, encargado de Mediciones de Sensores Remotos de ASTER.

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