Tecnología

Alumnos de Escuela Enrique Pinto Fernández, Alajuela

Niños se divierten al enfrentar retos de programación

Actualizado el 08 de septiembre de 2017 a las 10:30 pm

Escolares convirtieron esta disciplina en su pasatiempo para recreos y ratos libres

Aseguran que su desempeño en otras materias ha mejorado

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Niños se divierten al enfrentar retos de programación

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Gerald Robles, alumno de sexto grado asegura que le gusta la programación y completar retos. (Melissa Fernández)

La programación divierte, reta y hasta pone a pensar en su futuro a 11 niños de la Escuela Enrique Pinto Fernández, en San Rafael de Alajuela. Ellos aprovechan su tiempo de recreo para resolver retos y hasta han conformado "un club".

Gerald Robles de 12 años fue uno de los primeros escolares en sorprender al profesor de informática Pedro Suazo, con su destreza para programar. Luego lo hicieron los demás estudiantes.

"Él (Gerald) es una persona muy dada a pensar; en su silencio él piensa mucho", comentó el docente.

Por eso, cuando vio que el niño programó por sí solo el despliegue de un reloj en pantalla, con ayuda del programa Scratch, decidió retarlo a más.

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"Le pedí que tomara ese reloj y lo ajustara a la hora que muestra la computadora. Él lo ajustó y no duró mucho tiempo en hacerlo", afirmó Suazo.

El reloj fue apenas el principio, Gerald recordó que hace un tiempo él jugaba un videojuego llamado Club Penguin que requería dinero. Sin embargo, el escolar se las ingeniaba para entrar a un sitio web donde se jugaban videojuegos y a cambio se conseguían monedas virtuales.

Tiempo después, el niño se inspiró en esos juegos para programar uno nuevo, en el que la persona debe ir averiguando cuál es la cifra por la que la computadora le está está preguntando.

Pedro Suazo es docente de Informática en la Escuela Enrique Pinto Fernández, en San Rafael de Alajuela. Alumnos como Valeria Calvo recurren a él para pedirle retos y programar. (Melissa Fernández)

Programar lo divierte y, según él, también es una forma de aprender. Él ya ha comenzado a experimentar los beneficios de este pasatiempo.

"Antes entendía los temas pero no demasiado, ahora los comprendo mejor", dijo el niño, vecino de Alajuela.

Pasión contagiosa

El docente Pedro Suazo y un compañero suyo de la escuela notaron que los escolares en ocasiones no tenían cómo entretenerse durante los recreos. Así que el educador pensó: "¿Qué tal si yo les diera algo que hacer?, como por ejemplo, que puedan entrar al laboratorio en esos minutos de descansos y crear programas", recordó.

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Con el fin de saber cuáles de los niños tendrían más aptitudes para involucrarse en una especie de club de programación, efectuó un reto, el de programar una calculadora básica, al que se enfrentaron los alumnos de sexto grado, "porque estos niños tienen la facilidad de que saben leer y escribir y su lógica es un poco más amplia que la de los niveles inferiores", explicó el profesor.

La escuela donde labora Suazo es parte del Programa Nacional de Informática Educativa del Ministerio de Educación Pública y la Fundación Omar Dengo (Pronie MEP-FOD), por ello, el docente aprovechó para pedir ayuda y fue así como un asesor de la FOD le facilitó varios retos para estos estudiantes.

Tras la prueba aplicada por el profesor, unos 11 alumnos fueron escogidos para formar parte de esta especie de club de programación en el que los niños aprenden sobre esta temática e incluso se vuelven autodidactas, pues indagan en Internet y en plataformas como YouTube, cómo hacer las cosas.

Tiffany Venegas, de 11 años, es una de las escolares que decidió aventurarse en el mundo de la programación. "He aprendido a hacer proyectos en Scratch, a mover objetos y a hacer juegos", explicó la niña, quien también aseguró que la experiencia le ha permitido compartir con sus compañeros, ayudarse entre ellos y aprender cosas nuevas.

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Por su parte, su compañerita Camila Bustillos de 12 años, contó que prefiere invertir sus ratos libre en estos retos, para que en el futuro, cuando vaya al colegio (el otro año), sepa más de programación.

Tifanny Venegas y Camila Bustillos son dos de las niñas que decidieron dedicar sus ratos libres a retos de programación. (Melissa Fernández)

Ella no es la única que piensa en lo que vendrá después de la escuela, pues también Felipe Rodríguez de 12 años aseguró: "Hace unos meses estuve pensando en mi futuro y en adquirir algo de experiencia en esto de la programación" y así se motivó a ser parte de la iniciativa.

Incluso, las materias se han vuelto más sencillas para estos infantes. "Las Matemáticas para mí siempre han sido súper fáciles, pero con esto se me ha facilitado mucho más", dijo sonriente Valeria Calvo, de 13 años.

Según Leda Muñoz, directora ejecutiva de la Fundación Omar Dengo, esto es "Ir aprendiendo un lenguaje y un saber hacer de la sociedad digital, pero de todas formas si no es esa la vocación del niño, este desarrollará capacidades cognitivas como resolver problemas, que es la base de cualquier disciplina", concluyó.

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Monserrath Vargas L.

movargas@nacion.com

Periodista de ciencia y tecnología

Redactora en la sección de Aldea Global de La Nación. Periodista graduada por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre ciencia y tecnología.

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