Abrir archivo de textos solo cinco meses impulsó cifra de suscripciones

Por: Juan Fernando Lara 16 marzo, 2015
Un año de suscripción en Internet y la versión en papel cuestan $90; también incluye un primer mes gratis. | THE NEW YORKER PARA LN
Un año de suscripción en Internet y la versión en papel cuestan $90; también incluye un primer mes gratis. | THE NEW YORKER PARA LN

Nada convence mejor a los lectores de gastar dinero como darles a probar delicias periodística y luego quitárselas. Ahí está de ejemplo la revista The New Yorker para probarlo.

Después de regalar unos meses el acceso en línea a su archivo de publicaciones, los editores vieron, con sorpresa, un repunte de lectores dispuestos a pagar por sus textos.

Así lo expresa un análisis del Nieman Lab, de la Fundación Nieman de Periodismo de la Universidad de Harvard.

Publicada cada semana desde hace 90 años, a The New Yorker es considerado una exquisitez informativa que mezcla reportajes profundos de política y cultura, caricaturas, humor, ensayos, historias cortas de ficción, reseña literaria, análisis y crítica.

No obstante, la revista neoyorquina tiene un sistema de suscripción muy hermético.

El reciente éxito de la revista por cobrar por el contenido responde a varios factores concluye el Nieman Lab, entidad dedicada a investigar modelos que impulsen el periodismo de calidad.

Todo empezó en julio, cuando la revista liberó, por cinco meses, sus notas publicadas del 2007 a la fecha para quien deseara leerlas. La iniciativa se denominó Summer of Free (Verano Gratis).

Regalar el acceso al archivo era la puerta para mostrar un diseño en Internet más agradable y tentar lo suficiente a lectores nuevos y ocasionales como para que soltaran dinero suscribiéndose a la publicación.

La estrategia atrajo muchas miradas debido la excelencia de los escritos y la gran novedad que representó la ausencia temporal de cerrojos en el sistema de acceso a la biblioteca de la revista.

Antes del Verano Gratis, solo 25% de textos de la revista estaban disponibles en línea para lectura en una semana cualquiera.

Sorpresas. El truco funcionó, pero no como pensaron. El caudal de lectores no llegó entre julio y noviembre con el archivo abierto: vino en enero luego del estreno, en noviembre, de un nuevo cobro por contenido, dijo Nicholas Thompson, editor de la revista.

Para enero, los visitantes únicos crecieron 30% con respecto al mismo periodo del 2013.

Además, luego de variar su esquema de cobro (hoy solo se pueden leer gratis seis notas al mes) la suscripción subió 85% con respecto a enero del 2013.

El Verano Gratis (y el Invierno de cobro) probaron cómo la calidad de los textos era tan buena que creó una necesidad por la cual valía la pena pagar.

Además, no fueron los trabajos extensos y en profundidad lo que más se leía: era todo.

Esto hace concluir a los editores que sus lectores desean una conexión más persistente con la revista y con sus escritores favoritos, con el tono de ella.

Ahora, el dato que más interesa a The New Yorker es el tiempo que el lector pasa en pantalla.

Según Thompson, los lectores pasaron 17 minutos en promedio leyendo un largo artículo recién publicado sobre el jefe de interfaz humana de Apple, Jony Ive.

Sus colecciones de historias en temas como crimen, amor o directores, mostraron hasta 53 minutos de lectura en la pantalla.

Para Thompson, el éxito del cobro en enero dejó claro que fue exitoso abrir el archivo pues la revista tenía material valioso para ofrecer seis notas gratis al mes y sin distinciones entre ellas.

Hoy, el lector puede acceder a parte del contenido pero, si desea más, deberá suscribirse.