La aplicación de ambas tecnologías aterriza en la vida diaria del consumidor

Por: Juan Fernando Lara 8 enero, 2015

Las Vegas. Las impresoras 3D crean objetos sólidos a partir de archivos digitales, utilizando materiales como plástico, pero también sirven para generar caras boquiabiertas entre quienes las ven en acción, debido a sus increíbles aplicaciones.

En la feria internacional de electrónica CES 2015, las empresas exhiben estos aparatos haciendo juguetes, instrumentos musicales y otros objetos.

Estas impresoras 3D le anuncian al mundo que cualquier archivo digital puede volverse real y tangible, útiles para construir o reparar algo.

Por ejemplo, en diciembre pasado, la tripulación de la Estación Espacial Internacional logró fabricar una especie de llave inglesa con un diseño enviado desde la Tierra, gracias a una impresora 3D adaptada a la ingravidez.

En la feria hay una compañía llamada Contour Crafting que explora formas de emplear la impresión en tercera dimensión para construir casas de bajo costo a personas necesitadas de un techo y no solo eso, sino que buscan conseguirlo en menos de un día.

En esta edición del evento, otros exponentes son Autodesk, 3D Systems, MakerBot, Materialise, Stratatys y XYZ Printing.

Sus aparatos pueden personalizar cualquier cosa, como prótesis, accesorios, repuestos y dar forma a otras aún por inventar.

Al poner esta tecnología en manos de los consumidores, las empresas también les entregan a las personas la llave para que puedan abrir sus propios reinos de manufactura.

En el 2014, la venta de más de 67.000 impresoras de tercera dimensión dejó más de $76 millones en ingresos en EE. UU., un alza de 44% respecto al 2013, según la Asociación de Productos Electrónicos (CEA), promotora del CES.

La CEA predice que estos dispositivos tendrán un crecimiento de dos dígitos en el volumen de envíos hacia el 2018, generando así más de $176 millones.

Según la entidad, entre quienes ya poseen uno de estos aparatos, el 76% asegura que los utilizar varias veces por semana.

Cámaras voladoras. En otra esquina de la feria, los drones dotados con cámaras también capturan la imaginación de los asistentes y, ciertamente, la ponen a volar pues sus usos son tan diversos como los tamaños y colores de los modelos exhibidos este año.

Empezando por captura de video para televisión o cine, los drones se perfilan como nuevas herramientas de vigilancia y revisión más segura en instalaciones o terrenos, tareas de bodegaje e inventario o solo como forma de diversión admirando la Tierra desde la perspectiva de un ave.

Esta industria, que valdrá más de $1.000 millones al 2018 (estimaciones de la CEA), será clave en desastres naturales, para tareas de localización de víctimas o llevar bebidas, alimento y medicinas hasta sitios antes inaccesibles por tierra o agua.

Con precios entre $100 a $7.000, los drones en esta CES elevan la perspectiva al uso creativo de las nuevas tecnologías.