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Servicios antiterroristas están impotentes para fiscalizar la mensajería codificada en Whatsapp y Viber

Actualizado el 19 de septiembre de 2015 a las 03:19 pm

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Servicios antiterroristas están impotentes para fiscalizar la mensajería codificada en Whatsapp y Viber

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WhatsApp es una aplicación de mensajería en Internet. | ARCHIVO

París

Whatsapp, Viber, iMessage, Telegram...Esas mensajerías   codificadas, muy utilizadas por   los  grupos yihadistas, se han convertido en la pesadilla de  los servicios   antiterroristas , incapaces de descifrar sus códigos, cuyas claves a menudo sólo conoce el usuario.
"Todos   los  procedimientos   antiterroristas  contienen hoy su lote de mensajes codificados. Por ello es difícil descubrir si hay o no un proyecto de atentado, e incluso saber el avance de su preparación, porque no somos capaces técnicamente de descodificarlos", resume un alto oficial francés de la lucha antiterrorista que pidió el anonimato.
Ahora, la cuestión para   los  investigadores es menos obtener   las  facturas telefónicas detalladas o realizar escuchas telefónicas que "hacer hablar" a   los  datos que transitan por internet a través de computadoras y smartphones.
Ese análisis puede resultar decisivo, en particular en la búsqueda de eventuales cómplices o emisores de órdenes.
"Cuando hay un proyecto que desbaratar o cuando se ha cometido un atentado, estamos en situación de urgencia" y "la rapidez es crucial", afirma un policía de los servicios antiterroristas.
Detenido el 26 de junio pasado después de atacar una fábrica en   los  Alpes franceses y asesinar al patrón de la empresa para la que trabajaba, Yassin Sahli negó tener motivaciones terroristas.
"Pero analizando su teléfono, constatamos que envió a un número canadiense, a modo de trofeo, una foto de él junto a la cabeza decapitada de su víctima. Lo hizo vía Whatsapp", señala una fuente cercana al caso.
"Tuvimos suerte porque ese número estaba hermanado a uno de la guía que era el de un yihadista francés instalado en Siria y fichado. Gracia a la madre de éste último, que se comunica con él por Whatsapp, pudimos descubrir la conexión terrorista con Siria", agrega la fuente.
Otro ejemplo, el caso de Sid Ahmed Ghlam, sospechoso de haber querido atacar una iglesia en la periferia de París en abril pasado. Estudiante de informática, solía codificar sus comunicaciones y registrar   los  número en su teléfono con un alfabeto cifrado.
"Pese a ello, porque lo hizo mal o porque olvidó hacerlo, no cifró todo. Si lo hubiera hecho, quizás no habríamos podido acceder a las órdenes que él recibía desde Siria", añade la misma fuente.
En   las  filas de la organización Estado Islámico (EI) hay ingenieros informáticos experimentados y la revista en francés de EI Dar-al-Islam transmite   las  "reglas de seguridad para el musulmán en tierra de infieles y de guerra".
Después de   los  atentados perpetrados en enero pasado en París, varios estadistas, entre ellos el estadounidense Barack Obama y el británico David Cameron, afirmaron que esas mensajerías ponen en peligro la seguridad nacional.
Traumatizadas por   las  revelaciones de Edward Snowden sobre la intercepción de comunicaciones electrónicas por la agencia norteamericana de inteligencia NSA, a veces con su ayuda, la mayoría de   las  grandes empresas norteamericanas de internet defiende con uñas y dientes la codificación inviolable, convertida en argumento comercial.
"No sabemos cómo hacer que una 'puerta secreta' (un acceso a   los  datos) sea accesible unicamente a   los  'buenos'", argumentó el patrón de Google Eric Schmidt.
A principios de septiembre, el fiscal de París François Molins reclamó públicamente un acceso a   los  datos, después de publicar a mediados de agosto un artículo al respecto en el New York Times con dos de sus homólogos, un estadounidense y un español.
"Ahora todos   los  datos son inaccesibles para cualquiera que no posea el código de desbloqueo", lamenta el magistrado, estimando que la "justicia pasa a ser ciega" en el análisis de   los  celulares, sobre todo   los  de última generación.
"Y hoy es imposible entrar en el teléfono de un inculpado si él no da el código de acceso o su huella numérica. Y eso forma parte de su derecho a guardar silencio", acota un policía antiterrorista.
Ante  ese "enorme problema", Estados Unidos no descarta legislar si   las  negociaciones con   las  empresas de internet fracasan. "Obligar a   los  editores de contenidos, cuya actividad es similar a la de un operador telefónico, a permitir la intercepción legal", sería una de   las  soluciones que se estudian, indica una fuente del sector.

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