Tecnología

Exceso puede transformar pasatiempo en obsesión o incluso adicción

Sepa cuándo desenchufarse de Internet y volver al mundo real

Actualizado el 05 de agosto de 2013 a las 12:00 am

Merme el ritmo si su tiempo en línea daña otras áreas de su vida, dicen expertos

Abuso puede crear adicción a la web como a una sustancia, advierten estudios

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Con todo lo que ofrece Internet, ¿quién se resiste?: redes sociales, juegos, compras, porno, noticias. Si está disponible y a la mano, ¿por qué no usarlo? ¿Cierto? Quizás no.

La omnipresencia digital mezcla vida real y virtual. El mensaje de texto releva el cruce de miradas cara a cara, el like y el tuit la tibieza de un abrazo y las horas ante un monitor sepultan las salidas a la calle. Y ese ni siquiera es el dilema.

El problema es saber dónde está la línea entre un uso abusivo de Internet y la adicción a esta en un país donde al menos un cuarto de su población (1,2 millones de humanos) usan la web repetidamente.

De ellos, 833.000 son usuarios masivos; esos que usan redes sociales, compran en línea, suben y bajan fotos y videos, juegan, etc., precisa el informe Red 506, retrato del consumidor digital 2012, elaborado por Unimer Centroamérica.

Salud en declive.

Pérdida o aumento pronunciado de peso pueden reflejar el sedentarismo de tanto estar en línea.

Otras dolencias.

Alteraciones al dormir, pérdida de la noción del tiempo, dolores lumbares, de cuello, en muñecas o cabeza son otros síntomas asociados a una excesiva exposición a Internet.

Aislamiento.

¿Ha descuidado a amigos o familia por estar en línea o el uso frecuente de tecnología? ¿Es excluido de actividades en grupo? ¿Siente que nadie en la vida real lo entiende como sus amigos en línea? Mucha atención si dijo “sí” a alguna.

Los demás.

Quizás convenga preguntar a otros cerca de usted cómo perciben su uso de Internet. Esto podría ampliar su propia reflexión del tema.

La diaria tiranía de la web desde el amanecer y su lejana imagen de la realidad replantean nuestro apego a tabletas, teléfonos y computadoras. El tema va más allá de irse con el celular al baño o ignorar al resto en la cena por ver Instagram.

En mayo, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría incluyó el desorden por uso de Internet y la fobia a no tener el teléfono en el Manual de diagnóstico y estadísticas de desórdenes mentales .

Alteración química. La entidad advierte de que el trastorno por Internet requiere más estudio antes de llamarlo “enfermedad mental”, pero, señala, sus manifestaciones semejan la conducta del alguien adicto a una sustancia. Al parecer, todo es culpa de nuestra química cerebral. Usuarios compulsivos de Internet ven alterados en sus cerebros la conexión entre células y las áreas que controlan la atención, la ejecución de acciones y el procesamiento de emociones, según investigaciones recientes sobre el tema.

En estos internautas, los estudios también hallaron variaciones en su liberación de dopamina; la hormona comúnmente ligada al sistema del placer del cerebro que dispara las emociones de gozo.

“La adicción a Internet es como a una sustancia a nivel de conducta. Sin Internet, la persona se angustia, tiene ansiedad, se irrita y solo vuelve a sentir gratificación al recobrar el contacto con esta”, apunta Luis Eduardo Sandí, médico y asistente en atención de pacientes del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia.

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Sandí recordó el caso de una esposa cuyo marido pasaba tanto en Internet, que ella deseaba ser el aparato y así pasar tiempo juntos y sentir más el tacto de su pareja.

El uso de la tecnología e Internet se vuelve un problema compulsivo cuando daña áreas específicas de la vida personal; cuando no hay tiempo para ellas o se ven irrelevantes.

Si estas condiciones se incumplen, el uso solo es excesivo y quizás invite a bajar el ritmo. Nada más.

“Cuando Internet atrofia el estudio, trabajo, relaciones personales o salud, hay razones para pensar en una adicción”, comentó Marcos Díaz, psiquiatra experto en tratamiento de adolescentes.

El problema no es para quien tuitea de madrugada sobre el último sismo; es quien se paraliza o frustra al extremo si, por ejemplo, se queda sin carga en su teléfono, dijo Díaz, quien dirige Programa de Atención Integral del Adolescente de la Caja de Seguro Social.

Expertos consultados sugieren evaluar cuánto tiempo se va a Internet; valorar si el pasatiempo se volvió obsesión en esas ocasiones cuando no se oye el murmullo digital de la gratificación instantánea o, por ejemplo, es automático el acto de compartir la foto de la cena o la mascota, o de la mascota cenando.

Ocurre que la vida es también todo lo que pasa al lado mientras se mira una pantalla. Quien pierde eso de vista arriesga un poco su habilidad de dar y recibir abrazos o ver a alguien a los ojos aún teniendo 1.000 amigos en Facebook.

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Juan Fernando Lara S.

jlara@nacion.com

Periodista

Redactor en la sección Sociedad y Servicios. Periodista graduado en la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Redactor del año de La Nación (2012). Escribe sobre servicios públicos, tarifas y telecomunicaciones.

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