Por: Carlos Arguedas C. 9 septiembre, 2012
 Lillian Jirón llevó el viernes a seis niños a la plaza de Torito de Sámara y les leyó el libro Paco y Lola, para distraerlos. | ALONSO TENORIO.
Lillian Jirón llevó el viernes a seis niños a la plaza de Torito de Sámara y les leyó el libro Paco y Lola, para distraerlos. | ALONSO TENORIO.

Torito de Sámara. “Nadie se quiere irse para sus casas. Es que se les grabó lo del terremoto y más que dijeron que iba a seguir temblando durante un mes”.

Así resumió Víctor Julio Campos Mora las razones por las cuales 220 personas que provienen de 63 familias permanecen en un albergue en el salón comunal de Torito de Sámara, construido a unos 300 metros del mar.

Campos explicó que estas personas suelen ir a revisar sus viviendas para que no se metan a robar y se regresan al albergue.

La mayoría proviene del llamado Precario de Sámara.

Santos Abigail Orias Orias, de 69 años, y quien tiene problemas para poder caminar, relató que desde el momento que tembló se fue con su familia al saló n comunal. “Estoy deseando volver a mi casa, pero es que nos dejan regresar porque la casita se daño” , aseveró.

Por su parte, Noemy González Gómez explicó que las casas del precario se mueven mucho porque fueron construidas en un terreno muy suave.

“Yo duermo en el salón con mis dos hijos (de 10 y 7 años), pero aquí con el menor movimiento se despiertan y lloran. Aquí no permitimos que cierren las puertas porque si tiembla, por ahí salimos para la plaza que esta a unos 10 metros de distancia”, explicó.

Estas personas pidieron el pasado viernes, más apoyo de parte de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), principalmente con el suministro de alimentos.

Histeria con niños. María de los Ángeles Acosta, directora de la escuela de Torito, resaltó el excelente comportamiento que tuvieron los 45 niños que estaban en la escuela en el momento del terremoto.

“Las maestras los controlaron en las aulas y de una manera ordena se hizo una fila para que empezaran a salir. Solo una niña de 7 años salió corriendo, pero yo la agarré en el portón y la calmé.

”Salimos para la plaza, todos estaban muy tranquilos. La histeria se produjo cuando llegaron los papás. Fueron llantos, gritos.

”Las maestras estonces tuvimos que dedicarnos a calmar a los padres, pero eran muchas las personas. Ahí es donde uno sabe de la importancia de las charlas y que hicimos dos simulacros”, relató.

Acosta manifestó que este hecho evidencia que también es importante trabajar con las comunidades, pues no solo basta con enseñar a los niños, sino que también hay que llevar las charlas a los adultos para que sepan qué hacer ante una situación de riesgo.

En el caso de Sámara, el miércoles anterior se evacuó a 3.000 personas por el riesgo de sunami. El proceso estuvo muy ordenado, detalló José Angel Gómez, de la Fuerza Pública de Sámara.