Por: Katherine Chaves R. 21 agosto, 2016
Roberto Quirós, de 60 años, vive hace ocho meses en ese albergue en Tirrases, Curridabat. | RAFAEL MURILLO
Roberto Quirós, de 60 años, vive hace ocho meses en ese albergue en Tirrases, Curridabat. | RAFAEL MURILLO

“Los extraño, claro. Me hacen falta porque son mis hijos y porque los quiero, pero yo supongo que ahora ellos tienen otras ocupaciones y, por eso, no me vienen a visitar”.

José Roberto Quirós dijo estas palabras para cerrar la entrevista que concedió a La Nación el jueves anterior.

Actualmente, Quirós vive en Tirrases de Curridabat, en la Asociación Albergue de Rehabilitación al Alcohólico Adulto Mayor Indigente.

Pese a que tiene solo ocho meses de residir en ese centro, manifestó que ya desde hace unos cinco años no tiene ninguna clase de contacto con sus hijos; tampoco con su esposa.

“Antes yo estaba viviendo en una casa de adoración de Guadalupe y ahí tampoco me visitaban, ni nada, pero entiendo que andan en otras cosas”, apuntó.

Historia. Este hombre contó que se casó a los 18 años y que desde los 25, aproximadamente, se ocupó como chofer de autobús y también de taxi.

“Yo era el sostén de esa familia. Tenía que trabajar muy duro para poder permitir que mis hijos estudiaran y que no se salieran del colegio”, expresó.

Empero, admitió que el estrés que le generaba el trabajo lo condujo a tocar fondo con el alcohol. “En principio, eran solo una cervezas y yo tenía un control de lo que tomaba. Pero, conforme pasaron los años, tomar se convirtió en una necesidad.

”Eso sí, quiero dejar en claro que a mis hijos nunca les faltó nada. Cuando yo comencé a beber sin control, ya ellos estaban grandes y no dependían de mí; es decir, no fue que yo les quité la comida para irme a tomar”, enfatizó.

Como cada vez había más problemas familiares, su esposa y sus hijos decidieron, hace cinco años, que él debía irse de la casa. Esa fue la última vez que los vio.

“Yo estoy consciente de que cometí errores y eso a nadie se lo niego. Yo me metí solo en el alcohol y debo salir completamente solo. Aunque, claramente, no tener a mi familia al lado hace que todo sea más complicado”.

Mientras Quirós conversaba, Gerardo Zeledón, administrador del centro, también escuchaba su relato y, al final de la entrevista, comentó: “Los señores que están aquí tienen una enfermedad, que es el alcoholismo, y eso no es razón suficiente para que los familiares los abandonen. ¿O acaso uno deja abandonado a alguien a quien le diagnosticaron cáncer?”, cuestionó.

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