Caninos aprenden, a través del juego, a rescatar personas, localizar drogas, hallar evidencias, atacar a criminales y otras tareas

Por: Diego Castillo 4 abril, 2016

Un niño de dos años desapareció en una finca cafetalera en Palmichal de Acosta cuando sus abuelos se encontraban recogiendo leña pasadas las 4 de la tarde. Tras seis horas de búsqueda sin resultados, llegó la Unidad Canina de la Fuerza Pública con King, un labrador mestizo. El perro salió de su jaula, se bajó de la pick-up y empezó la búsqueda.

Luego de oler una pequeña huella, King y su guía caminaron por más de cinco kilómetros en medio de la oscuridad y el frío, con los aullidos de los coyotes y probablemente con alguna serpiente haciéndoles compañía desde el suelo; hasta que, a la 1:15 de la madrugada, entre cientos de matas de café, el can se dirigió a una en particular, se sentó y empezó a ladrar. El niño, Eddy Francisco Mendoza, estaba escondido debajo de esa mata.

King recibió su merecida recompensa: muchas caricias y halagos. Aléxander Carpio, subjefe de la Unidad Canina de la Fuerza Pública, recordó esta historia ocurrida el 11 de marzo del 2006.

145 perros en todo el país trabajan diariamente para localizar a personas perdidas y atrapadas en escombros, detectar drogas, descubrir explosivos, rastrear restos humanos y perseguir a delincuentes en fuga.

Los miembros de las unidades caninas también protegen a los policías de los ataques de criminales, detectan rastros de sangre, descubren evidencias como armas, municiones y dinero, hallan residuos de hidrocarburos y algunos se dedican a lucir bonitos y educados para exhibiciones con niños.

Los cuerpos de rescate y seguridad que cuentan con unidades caninas son la Fuerza Pública, la Cruz Roja, el Cuerpo de Bomberos, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y la Policía Penitenciaria. También las policías municipales de San José, Escazú, Heredia, Belén, San Rafael y Santa Cruz.

Los perros lo ven todo como un juego, en el cual deben seguir el olor de un cuerpo humano, sangre, marihuana, cocaína, dinero o el aroma específico que le hayan enseñado. Una vez que llegue al punto donde se origina el olor, tendrá su premio: caricias y halagos, y en algunos casos, un juguete. Para algunos perros lo más importante es el juguete, pero las muestras de cariño son imprescindibles.

Así se constató en los entrenamientos de los canes del Cuerpo de Bomberos, la Fuerza Pública y la Policía Municipal de San José.

Las principales razas que componen los cuerpos de emergencias y policiales son el Pastor Belga Malinois (45 canes), el Labrador Retriever (39), el Golden Retriever (10) y el Pastor Alemán (10).

Otros 45 perros son de las razas Bloodhound, Schnauzer Gigante, Flat Coated Retriever, Pastor Holandés, Pastor Checo, Argerie Francés, Rottwailer y cruces.

Se desconoce la raza de 21 canes, puesto que la oficina de prensa del Ministerio de Seguridad y la jefatura de la Unidad Canina no brindaron la totalidad de los datos solicitados, aduciendo "razones de seguridad".

Las razas Pastor Belga Malinois y Labrador Retriever representan el 58% de los perros utilizados en labores de policiales y de emergencias en el país.

Haití. El trabajo de las unidades caninas incluso se ha palpado en catrástrofes fuera de Costa Rica. El 12 de enero del 2010, luego de que Haití sufrió un terremoto de 7 grados que mató a 316.000 personas y dejó en ruinas a la capital Puerto Príncipe, la unidad canina del Cuerpo de Bomberos tico viajó a la isla para ayudar con su especialidad: rescate de personas atrapadas en estructuras colapsadas.

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Kurt durante un entrenamiento con su guía Carlos Bolaños. Ellos son los únicos voluntarios activos en la unidad canina de la Cruz Roja. Rafael Pacheco

Un grupo canino de Estados Unidos descartó encontrar más personas con vida en una de las zonas afectadas de la ciudad. El día en que los bomberos costarricenses iban a tomar un avión de vuelta al país, algunos pobladores manifestaron haber escuchado gritos la noche anterior en la zona que había sido descartada. De inmediato, Kenay (un Golden Retriever) se pusó a trabajar.

Luego de buscar en el mar de cuerpos y escombros, Kenay se detuvo en un punto en específico, olfateó con más deseos, aruñó los pedazos de cemento y empezó a ladrar. Ahí estaba su premio: una persona con vida.

En la Academia Nacional de Bomberos, en Patarrá de Desamparados, lo había ensayado cientos de veces, él aprendió a relacionar el olor de humano con un juguete. Así, en sus búsquedas de entrenamiento, cada vez que hallaba a una persona, ella tenía un juguete en las manos. En los rescates, el perro encuentra a la víctima, y aunque no hay algo para jugar, siempre recibe su caricia.

El jefe de la Unidad Canina del Cuerpo de Bomberos, Paris Arias, recordó con orgullo la hazaña de Kenay, que ahora, seis años después, está apunto de pensionarse.

Altos instintos. No cualquier canino puede formar parte de los cuerpos de rescate y seguridad del país. El perro debe contar con altos instintos, uno de ellos es el impulso de presa, que radica en el deseo insaciable por atrapar y morder un juguete.

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Athos tiene cuatro meses. Es hijo de Aranza y Tay, dos destacados canes de la Policía Municipal de San José. Este pequeño Pastor Belga Malinois tiene mucho potencial para seguir el camino de sus padres. Luis Navarro

"El impulso de presa está en el deseo y la safisfacción del perro de morder ese juguete, de sentir que atrapó su presa; mientras que a un perro con impulso de juego, se le tira el juguete y una vez que lo alcanza ya no le interesa más, o durante el trayecto de atraparlo hay cosas que lo distraen, entonces ya no nos sirve", explicó el oficial Alexánder Carpio.

Una de las pruebas para comprobar el instinto de presa es que el perro juegue con una bola hasta el cansancio, para después ponerlo a elegir entre la bola y una taza con agua. Lo más probable es que en esa situación la mascota de su casa elija tomar agua (con justa razón), de ser así, no tiene lo necesario para integrar una unidad canina.

Alta capacidad olfativa, inteligencia, establidad emocional, valor, confianza y dureza (resistencia) son otras características con las que debe contar un perro para salvar vidas y combatir el crimen.

Para Carlos Bolaños, voluntario de la unidad canina de la Cruz Roja, lo importante no es la raza, sino que el can tenga un buen temperamento, perseverancia y pueda enfocarse en el trabajo.

"Son ejemplares que deben ser altamente entrenados con el fin de poder movilizarse de forma eficiente en diversos tipos de terreno y múltiples condiciones adversas propias de las emergencias", resaltó Bolaños, dueño de Kurt, el único perro en operación que tiene la Cruz Roja.

Onix, un Labrador Retriever del Cuerpo de Bomberos, localiza el punto exacto donde hay olor humano, eso significa que ahí está su juguete (y también una persona). Luis Navarro

Lucha contra el narco. La detección de drogas es la especialidad que ocupa mayor cantidad de perros en la unidades caninas del país. La Fuerza Pública, el OIJ, la Policía Penitenciaria y siete policías municipales utilizan 86 canes para combatir el tráfico de drogas. De esos, 13 también son utilizados para labores de patrullaje.

El cuerpo policial con más canes de este tipo es la Fuerza Pública, aunque se desconocen las razas debido a que el Ministerio de Seguridad no brindó la información. En el resto de cuerpos policiales las razas más utilizadas son Pastor Belga Malinois, Labrador Retriever y Pastor Alemán. También se usan Golden Retriever, Schnauzer Gigante y Flat Coated Retriever.

Durante el 2015, la unidad canina de la Fuerza Pública intervino en 2.308 acciones realizadas en colegios, autobuses, barcos, aviones, aeropuertos, puertos y en los puestos fronterizos con Panamá y Nicaragua, según datos del Ministerio de Seguridad.

En esas acciones se decomisaron miles de dosis de cocaína, marihuana, crack y otras drogas. También se incautaron más de ¢ 800 millones (en dólares y colones), armas y municiones y se lograron capturar a ocho personas, entre prófugos y asesinos.

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Kurt ha dedicado sus seis años de vida a rescatar personas en campos abiertos y estructuras colapsadas. Rafael Pacheco

Sacrifio. Al principio, para estos canes todo se trata de un juego, pero con el pasar del tiempo ese juego se convierte en un entrenamiento y, luego, en un trabajo arduo, ya sea en los entrenamientos o en las situaciones reales.

Esta labor conlleva una serie de peligros como quedar en medio de una balacera, recibir golpes de algún criminal, recorrer muchos kilómetros en zonas montañosas en medio de lluvias, fuertes vientos, frío o un calor asfixiante, o el simple hecho de no vivir en la comodidad de una casa.

Tal vez el mayor sacrifico es el estar encerrados en jaulas durante una gran parte del día, algunas en malas condiciones; aunque los oficiales de las unidades indicaron que todos los días los sacan, ya sea a entrenar, trabajar o pasear.

"Ellos fueron condicionados a llevar un estilo de vida diferente; al igual que los policías, ellos tienen su grado de sacrificio", dijo Mauricio Jiménez, director del Hospital de Especies Menores y Silvestres de la Universidad Nacional.

Al parecer, para los 145 perros que laboran diariamente por la seguridad de los costarricenses, su esfuerzo y dedicación valen la pena con tal de recibir el cariño de las personas.