Hospital San Vicente de Paúl alegó que cumplía normativa médica

Por: David Delgado C. 5 agosto, 2014

Un fallo de la Sala Constitucional obligó al Hospital San Vicente de Paúl, en Heredia, a entregar unas gemelitas de cinco meses de gestación que nacieron muertas, a su madre, Tania Brenes, de 33 años.

Ángela e Isabella se desarrollaban en el vientre de Brenes, quien recibió la noticia del embarazo en diciembre del año pasado. Tres meses después se sorprendió cuando le confirmaron que esperaba no uno, sino dos bebés.

“Hubo fiesta porque no teníamos gemelos en la familia. Decidimos ponerle los nombres de las abuelas. Primero fue un shock porque cómo íbamos a salir adelante con tantos hijos (la pareja ya tiene dos); nos tuvimos que acomodar mental y emocionalmente, pero estábamos muy felices”, recordó Brenes.

Cada 15 días acudía a las citas de control médico. En uno de esos chequeos, los padres fueron informados de que la más pequeña (Ángela) había fallecido.

Como las dos bebés estaban en un mismo saco amniótico, el embarazo debía continuar su curso mientras la otra (Isabella) continuaba su desarrollo.

Tania Brenes, de 33 años, perdió a sus hijas, Ángela e Isabella, cuando tenía cinco meses de embarazo.
Tania Brenes, de 33 años, perdió a sus hijas, Ángela e Isabella, cuando tenía cinco meses de embarazo.

“Aún teníamos esperanza porque quedaba otra viva. Siempre le di gracias a Dios porque era su voluntad. Quince días después, fui a la otra cita, y no sé por qué tenía mucho nerviosismo. El doctor me dijo que mi otra hija también había fallecido. Fueron dos noticias terribles en 15 días. Aunque mis hijas no existieron fuera de mi vientre, yo las esperé, yo las sentí y hubo una emoción porque estaban ahí”, comentó Brenes.

Parto sin celebración. El pasado 2 de mayo, los doctores le practicaron a Brenes un legrado intrauterino para que expulsara los fetos.

“Estuve en la sala con mi esposo... tuve que pujar. Cuando nacieron, estuvimos un tiempo a solas con ellas. Físicamente, ellas no eran coágulos ni membranas, eran personas: tenían cabeza, brazos, piernas, estaban desarrolladas”, expresó la madre, quien fue dada de alta al día siguiente.

Isabella pesó 247 gramos y Ángela, 57. Ambas fueron enviadas, junto con la placenta, al servicio de Anatomía Patológica del centro médico para que les realizaran una biopsia. Tres días más tarde le dijeron a Brenes que, de no reclamar a sus hijas, serían depositadas en una fosa común. Sin embargo, debido a la biopsia, la entrega podría tardar hasta tres meses.

“El 26 de mayo volví a llamar y dijeron que no me las iban a dar. La jefa de Patología, aunque fue muy humana, me dijo que por una disposición médica no me las podía dar porque ya eran ‘material’ del hospital. Yo no podía pensar que mis hijas fuesen ‘material’ de nadie. Ellas eran personas”, sostuvo.

El 29 de mayo, Brenes presentó ante la Sala IV un recurso de amparo contra el San Vicente de Paúl.

“No podía creer que estaba abriendo un proceso legal por algo tan natural. Ellas son ángeles de Dios y yo tenía que darles santa sepultura como mis creencias me lo han dictado”, explicó la mujer.

Normativa. El director del Hospital, Roberto Cervantes, y la jefa de Patología, Carolina Carvajal, indicaron a los magistrados que nunca le negaron la entrega de los fetos a la madre, sino que actuaron según la normativa de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) , “con el fin de evitar el riesgo de una contaminación cruzada en garantía de la protección de la vida de todos”. Además, sostuvieron que, de acuerdo con el sistema de clasificación de las biopsias, la entrega del reporte estaba prevista para 12 semanas.

El magistrado Luis Fernando Salazar redactó el voto unánime del 13 de junio, en el cual se calificó de “irrazonable” que la madre debiese esperar tres meses para enterrar a sus hijas. Aunque se reconoció que existe una normativa sobre manipulación y manejo de productos de la concepción, la Sala estimó que esta preocupación no está por encima del derecho que tienen los padres de enterrar a sus hijos.

“Yo las retiré del hospital el 25 de junio y me las llevé para Turrialba (Brenes es originaria de ese cantón cartaginés). Más que haberme deprimido, estaba muy feliz de habérmelas llevado para que el padre Gustavo les hiciera una misa, con familiares y amigos. Logré lo que quería: el derecho que yo tengo, como madre, de disponer de mis hijas en un cementerio”, afirmó Brenes.