Personas le han regalado ropa a hijos; una empresa le paga alquiler de vivienda

Por: Katherine Chaves R. 18 octubre, 2015

Siete meses han pasado desde que Elsa Hernández, de 22 años, quedó viuda, pero en su dedo anular sigue brillando un anillo que le regaló su pareja en diciembre pasado.

No es una sortija de compromiso, pero, para ella, es como si lo fuera. Fue de los últimos regalos que le dio Fabio Sancho Morales, de 24 años, y, aseguró, que el aro la ayuda a sentirlo cerca en todo momento.

Sancho murió 13 días después de que Steven Araya Álvarez, primo de Elsa, le quemara de forma intencional su casa, en Puente Salas, en Barva de Heredia, el 14 de marzo.

El primo hizo esto como venganza contra su esposa, quien junto a su hijo de 5 años se hospedaba en esa vivienda desde enero, luego de separarse de Araya, de 23 años.

Mientras las llamas consumían la estructura, Sancho se encargó de sacar tanto a su familia (Elsa y sus tres hijos), como al de Araya y ponerlos a salvo. Sufrió graves quemaduras que terminaron por arrebatarle la vida.

En estos siete meses, la situación ha sido difícil, pero conforme pasa el tiempo, todo mejora, poco a poco.

Según dijo, personas se han acercado para ayudarla económicamente, mientras que en el plano emocional, cada día intenta recordar a Sancho sin dolor.

De hecho, mencionó que después de que este medio publicara un artículo sobre ella en julio, la cantidad de ayuda se multiplicó.

“Se han comunicado bastantes personas conmigo. Muchas me llamaron para saber cómo fue la situación; otras, en cambio, si me han auxiliado con bastantes cosas. La muerte de mi esposo me dejó en tinieblas; hasta hoy, veo luz”, comentó Hernández.

Elsa Hernández, de 22 años, es ahora la encargada de mantener a sus tres hijos, de 6, 4 y 3 años. Ellos viven en Puente Salas, en Barva de Heredia. | JOSÉ CORDERO
Elsa Hernández, de 22 años, es ahora la encargada de mantener a sus tres hijos, de 6, 4 y 3 años. Ellos viven en Puente Salas, en Barva de Heredia. | JOSÉ CORDERO

Por ejemplo, añadió, actualmente vive en una casa, ubicada a unos kilómetros de la antigua vivienda, gracias a que una empresa le propuso pagarle el alquiler (¢100.000 mensuales).

“Esa compañía hizo como un programa para destinarme un dinero para ayudarme con este gasto. Después de que pasó toda esa desgracia, yo me fui a una casa en Barva, pero había mucha humedad y nos estaba haciendo mal. Conseguimos esta casita hace un mes y nos sentimos más tranquilos”, aseguró la muchacha.

Estabilidad. Pero no solo eso ha recibido Hernández. Ella expresó que varias personas se acercaron para regalarle ropa y zapatos para sus tres hijos (de 6, 4 y 3 años).

Además, una muchacha, identificada por Hernández como Daniela, le pidió su currículo para ayudar a conseguirle trabajo. Días después, la llamaron de una tienda conocida para pedirle que fuera a una entrevista.

“Esta semana (la anterior) me pusieron a hacer unas pruebas y, si Dios quiere, me avisan si me contratan en los próximos días. Sería cajera”, detalló.

En caso de que se le dé esa oportunidad laboral, Hernández confía en que la situación seguiría mejorando.

“Si logro que me lo den, uno sobrelleva todo. Por lo que se me ha hecho super difícil en los meses anteriores es porque tengo muchas salidas de plata y nada de entradas. Con un trabajo me estabilizo”, apuntó.

La viuda contó que al mes solo recibe ¢98.000, dinero proveniente de la pensión de los dos hijos menores de Sancho. “La pensión mía y la de mi hija mayor no ha salido. Tampoco la liquidación. Me dicen que falta tiempo para que me llegue”, lamentó.

Por ello, insistió, tomó la decisión de conseguir un empleo, a pesar de que familiares de su pareja no estaban de acuerdo.

Actualmente, Hernández contó que deja a sus tres niños bajo el cuido de su hermano mayor. “Confío mucho en él; es muy responsable; así que, por eso, se los dejo”, explicó.

Lo que falta. Hernández dijo que está muy agradecida con todas las personas que le han tendido una mano; sin embargo, mencionó que aún faltan “muchas cosas para lograr salir adelante”.

Agregó que lo que más le preocupa es que sus hijos se quedaron sin atención psicológica desde hace unos dos meses.

“El (niño) del medio está muy malcriado y le ha costado mucho superar la muerte de su papá. Ellos vieron toda la situación y lo que me da miedo es que queden con ese trauma de por vida.

”Por un tiempo, la empresa para la que trabajaba mi esposo nos regaló citas con psicólogos, pero ya no lo tenemos más”.

Asimismo, agregó, otro de sus sueños es volver a construir su casa en ese terreno, pero, dijo, es imposible “No es que no tenga fe, pero es que las posibilidades para levantarla de nuevo no las tengo. Todo ahora es plata y no la tengo”, concluyó.