Sucesos

Albin Picado: De robar auto de juguete a ladrón de flotillas de carros

Actualizado el 15 de junio de 2015 a las 12:00 am

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Albin Picado: De robar auto de juguete a ladrón de flotillas de carros

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Albin Picado guarda recortes de periódicos, en los que dieron seguimiento a los diferentes juicios que enfrentó. Foto: Jonathan Jiménez

“Ya tuve toda la fama que quise y no fui feliz, no me sirvió para nada. Ahora soy más de perfil bajo, como debió ser siempre”.

Con esas palabras, comienza esta entrevista Albin Picado Steller, el delincuente más buscado en los noventa por homicidio y robo de autos y quien, ahora, dice ser apóstol.

Albin Picado cuando estaba en juicio. Foto: Juan José Aguilar
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Albin Picado cuando estaba en juicio. Foto: Juan José Aguilar

“Basta con solo decir mi nombre, para que la gente sepa quién fui”, agregó.

Picado es oriundo de Las Juntas de Abangares, Guanacaste, y según dijo, su vida sería muy distinta si hubiese crecido en esa zona y no en Alajuelita, San José.

“Lo más peligroso que hubiera llegado a ser en Guanacaste es montador del (toro) Malacrianza o del Chirriche, pero me trajeron a vivir a un proyecto urbanizacional en La Aurora, donde comencé a juntarme con chiquillos malos. No quiero decir que Alajuelita sea mala, pero sí hay malas juntas”, apuntó.

‘Fue un proceso’. Lo primero que robó fue un carrito de juguete a un compañero de la escuela, recordó. Después, en compañía de sus amigos del barrio, viajaba en bus hacia Cartago o Alajuela, y se devolvía a la capital en bicicleta que sustraía en casas o en la vía pública.

“Fuimos creciendo en la delincuencia; yo no me perfilé como delincuente de un solo tiro. Fue un proceso. Yo estudiaba y trabajaba en un taller de pintura. Comencé cuando dejé la escuela; después, me fui de ese trabajo para dedicarme a robar de forma organizada. Después de la bicicleta me robé un radio de carro, carros y, por último, flotillas que vendíamos tanto dentro como fuera del país”, contó.

Cuando cumplió su mayoría de edad, en 1993, el mejor regalo que recibió fue ser llamado el magnate de la delincuencia.

“Llegó el momento en el que si alguien quería hablar conmigo, tenía que pedir permiso. Llegué a estar muy arriba, lo que también significaba que tenía un bloque de búsqueda intentando atraparme. Los enfrentamientos con las autoridades eran más frecuentes.

”Para ese tiempo, se da la lamentable situación en donde le doy muerte a un policía. Todo fue en medio de una cacería policial. Me pegan cinco balazos y yo le pegué dos al oficial. Eso le dio el perfil de defensa, salí bien librado y volví a mis andanzas.

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”Ahora andaba con la imagen, con la magia, con la sombra del delincuente capaz, que da terror por haber matado y que es temido por la Policía”, dijo.

Agregó que, a pesar de que en aquel momento tenía todo lo que quería, no era feliz. “Tenía todo el éxito, todas las mujeres, todos los carros de carrera, todas las casas, pero me sentía contento. Me sentía vacío, un vacío que llenaba con drogas y con la adrenalina que sentía al delinquir”.

Luis Fernando Burgos (centro) habla con Albin Picado (izq). Al lado derecho está el cómplice de Picado, Emmanuel Villalobos. Foto: Juan José Aguilar
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Luis Fernando Burgos (centro) habla con Albin Picado (izq). Al lado derecho está el cómplice de Picado, Emmanuel Villalobos. Foto: Juan José Aguilar

"Andaba con la imagen, con la magia, con la sombra del delincuente capaz, que da terror por haber matado y que es temido por la Policía".

Ambición. La banda de Picado era autosuficiente o al menos así la describe él.

“Yo había aprendido a manejar desde los 9 años, sabía pintar, soldar, cambiar las características de los carros. Era un negocio redondo, que no necesitaba de los demás”, comentó.

Esa independencia, añadió, lo hizo ganar grandes cantidades de dinero, que prefirió no revelar. “Cuando tenía 16 años dije: ‘Cuando tenga ¢50 millones, me retiro’. Nunca hubo retiro voluntario por más plata que tuviera; siempre quería más . Robar era un droga para mí; no tuve ni un solo día sin robar en mi carrera delictiva ”.

Esa ambición por el dinero y el poder lo condenó a 154 años de prisión. Sin embargo, en aquel momento, el Código Penal establecía que la pena máxima era de 25 años. De ese tiempo, solo pasó 14 en la cárcel La Reforma, Alajuela, ya que en el 2009 obtuvo libertad condicional.

En el lapso que Picado estuvo preso, se convirtió al cristianismo y ese proceso está plasmado en el libro El más buscado capturado por Cristo , que no ha publicado, aunque lo escribió dos años antes de salir del centro penal, en el 2009. “Nunca perdí el respeto; todos me temían y no iban a cuestionar mis decisiones”.

“Son 12 capítulos, pero creo que hay que hacerle unos pequeños cambios. Voy a reforzarlo con la madurez que he obtenido en estos años de libertad”, explicó.

Además, la cárcel lo hizo lamentarse por perder momentos importantes en la vida de su hijo.

“Me pasaron por debajo de la celda el título que ganó mi hijo por ser el mejor promedio en Matemáticas en bachillerato.

”Son cosas que si se viven, se entienden. Era tarde para lamentos, ya estaba en prisión”, concluyó Picado.

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Katherine Chaves R.

katherine.chaves@nacion.com

Periodista de Sucesos

Periodista en la sección de Sucesos y Judiciales. Bachiller en Periodismo en la Universidad San Judas Tadeo.

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