Con joyas y fiestas, el capo buscó influencias

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En este avión del Gobierno mexicano fue deportado Quintero.   | ARCHIVO
En este avión del Gobierno mexicano fue deportado Quintero. | ARCHIVO ampliar

“Desde su ingreso a Costa Rica, Caro Quintero optó por darse una vida de lujo, con amplio despliegue de gastos pecuniarios en fiestas, para lo cual alquilaba discotecas de las más renombradas. Se hacía acompañar de sus secuaces más cercanos, así como de la ‘secuestrada’ Sara Cossío Martínez y de sujetos de la sociedad costarricense, lo que le permitía realizar los contactos con los empresarios y comerciantes más renombrados”.

Así pasó sus días en Costa Rica Rafael Caro Quintero, según el informe de la primera Comisión de Narcotráfico de la Asamblea Legislativa, rendido en julio de 1987.

En medio de esa vida de lujos, estaba un valiosísimo lote de joyas, del que la Policía se incautó en su casa de La California, en Alajuela.

Cadenas y anillos de oro, medallones con incrustaciones de brillantes, pendientes, gargantillas, pulseras en oro de 14 y 18 quilates, relojes Rolex en oro de 18 quilates, brazaletes forrados en brillantes y hebillas de oro fueron algunas de las piezas más valiosas.

La tercera parte de las 32 joyas volvieron a México en el año 2001.

Un arquitecto de ese país compró 11 de las alhajas en $150.000 (¢66 millones) a la Fundación Agustinos Recoletos de la Ciudad de los Niños, de Cartago, que las recibió tras una donación del gobierno de Rafael Ángel Calderón Fournier.

Otras 12 joyas fueron adquiridas en San José por una familia tica, dueña de una empresa distribuidora de materiales de construcción, que pagó ¢26 millones.

Parte de las joyas adquiridas por esta familia están en París, Francia, en donde radica una de las hijas, que recibió las alhajas como regalo de bodas.

Cuatro meses antes de su llegada, Quintero compró una residencia en Coronado, donde funcionan ahora las oficinas del Comité Olímpico; otra en Barva de Heredia y la quinta La California, en Alajuela, invadida después por precaristas.

“Sus vehículos constituían otra medida importante que demuestra su capacidad de consumo, poseía algunos que no podían haber sido comprados por las clases medias de nuestro país”, comentó la comisión legislativa.

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