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Detención de Alem

"Mi esposo me falló"

Actualizado el 07 de abril de 1995 a las 06:41 pm

Rosa María Soto no oculta su dolor y decepción

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Con gran fuerza en sus palabras, pero sin mostrar su rostro, Rosa María Soto atendió a la prensa por medio del intercomunicador de la vivienda, a través del cual, con admirable ecuanimidad, expresó su decepción ante el descubrimiento de los ilegales vínculos de su marido.

Rosa María Soto, esposa de Ricardo Alem.
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Rosa María Soto, esposa de Ricardo Alem.
"Para mí ha sido vergonzoso y doloroso. Pueden decirlo, que yo, la esposa de Ricardo Alem, me divorcio mañana mismo. De ahora en adelante solo pensaré en mis hijos y en mí, porque él le falló a la familia", dijo pronunciando con cuidado cada una de sus palabras.

Soto aseguró que desconocía las relaciones de su esposo con una organización de narcotráfico, no obstante, luego de lo que había visto en su casa, no le cabía duda, aunque en ese momento no quiso detallar cuál era la evidencia.

"El tenía amigos que no me gustaban, son nacionales, ya ustedes sabrán quiénes son, muy pronto", advirtió.

Agregó, que fue enterada del arresto, la noche anterior, cuando él le habló desde la prisión para contarle que se sentía enfermo, a lo que ella contestó que rezaría.

Según dijo, Alem salió el martes rumbo a Miami, en viaje de negocios como lo hacía con frecuencia. Tenía previsto volver ayer por la noche para escuchar la sentencia, que se leerá hoy en los tribunales de Alajuela.

Conforme avanzó la conversación entre todos los periodistas reunidos ante el aparato instalado junto al portón de entrada, Rosa María fue perdiendo el control; casi a punto de estallar en llanto, reiteró su decepción.

"Yo lo acompañé tres años y medio en la prisión y cuatro en los tribunales, y ahora me falló", repetía.

Pese a la presencia de algunos agentes en la vivienda, ninguno impidió que la mujer conversara, y ella misma dijo que la policía no le puso ninguna restricción para suministrar datos. Prometió, además, que concedería una conferencia en las próximas horas pues en ese momento solo quería estar con sus hijos.

Entretanto, en los alrededores, los empleados trataban de retornar a sus labores normales, aunque desde fuera de los enormes portones blancos, se notaba la dificultad para todos, luego de las recientes noticias. Poco a poco el silencio volvió al hogar de Ricardo Alem, pero difícilmente, la paz.

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Irene Vizcaíno

ivizcaino@nacion.com

Editora de Nacionales

En La Nación desde 1994. Editora de Política desde 2013. Graduada en Ciencias de la Comunicación Colectiva. Tiene una maestría en Periodismo y una licenciatura en Derecho.

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