Estadounidense era dueño de refugio de vida silvestre de 300 hectáreas

Por: Rónald Moya 12 enero, 2013
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Una mujer de apellido Patton y de nacionalidad estadounidense será juzgada en el Tribunal Penal de Pérez Zeledón a partir del lunes 14 de enero como la principal sospechosa de la muerte de su esposo, John Félix Bender, también de origen estadounidense.

Este hombre, de 44 años, apareció muerto en una mansión de cuatro pisos construida por él en un refugio natural en La Florida de Barú, Pérez Zeledón, el 8 de enero del 2010 .

El cuerpo del extranjero estaba dentro de una habitación y presentaba un disparo en la cabeza. Junto al cuerpo había un arma nueve milímetros.

Inicialmente se presumía que era un suicidio, pero, por la trayectoria de la bala y otros indicios, el OIJ como la Fiscalía determinaron que se trató de un homicidio.

Una semana después, las autoridades detuvieron a la mujer y le dictaron prisión preventiva.

Desde entonces ha estado detenida en la cárcel de mujeres El Buen Pastor, en San Rafael Arriba de Desamparados, San José.

El debate está señalado del 14 al 18 de enero próximo y contará con la declaración de 25 testigos.

Bender vivía desde hacía 10 años en Barú , donde fundó el refugio de vida silvestre categoría privado Boracayán, el cual se creó según el decreto número 30883 del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae), del 4 de noviembre del 2002.

Él se había graduado en Biofísica, en la Universidad de Pennsylvania, en Estados Unidos.

El Instituto Costarricense de Turismo (ICT) le otorgó la condición de residente rentista a él y a su esposa el 16 de marzo del 2001, y, desde abril del 2009, Migración y Extranjería le concedió el estatus de residente permanente.

Joyas. Cuando las autoridades llegaron a atender el homicidio, se encontraron dentro de la vivienda un espectacular lote de joyas con un peso de más de 100 kilos y con un valor de $20 millones.

La fiscalía ordenó el decomiso de la piezas. La medida se adoptó porque no aparecieron los documentos donde se detallaran el ingreso legal de las joyas y el pago de los impuestos.

Las consideradas más valiosas fueron trasladadas en un helicóptero de la Sección Aérea del Ministerio de Seguridad Pública hacia San José. El cargamento permanece desde entonces depositado en la bóveda de un banco capitalino.

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