Por: Hulda Miranda P. y Óscar Rodríguez 28 abril, 2013

Ana Lorena Garro y su hija, Kimberly Quesada, siempre llevan consigo un aerosol con gas pimienta.

La madre, quien se dedica al comercio, lo mantiene en su auto, por una eventual emergencia. La hija, de 21 años, lo carga en su bolso, pero cuando debe caminar por las calles, lo lleva en su mano.

Desde hace unos cuatro años, estas dos mujeres y otros miembros de su familia concluyeron que debían tener una opción para protegerse en las calles.

“Yo normalmente ando manejando, y hay un hombre que pide plata en la calle, y una vez se puso a hacer que me despegaba el espejo. Cuando ando con mis hijos o mi esposo no me dice nada, pero ese día, como yo iba con mi hija, vio que éramos dos mujeres y se puso como a amenazarnos”, contó Garro.

Hasta el momento, ella no ha tenido que emplear el gas, pero aseguró que lo hará ante alguna otra amenaza.

Mientras que la hija, quien es estudiante universitaria y practica atletismo, narró que tener el artículo de defensa personal le da seguridad. “Cuando uno, por ejemplo, anda en San José, y se lleva algún sustillo, uno sabe que echa esto (el gas pimienta) y que por lo menos le da tiempo de correr”, explicó.

La joven aseguró que, por recomendación de sus amigos, lo llevará cuando salga a correr.

Para ambas mujeres, este artículo ha sido una buena opción, pues todos en la familia saben que recurrir a un arma de fuego podría traerles consecuencias que nadie quiere.