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Limón

Fiscalía pide 184 años de cárcel contra tres hombres y una mujer sospechosos de fallido asesinato

Actualizado el 19 de noviembre de 2015 a las 07:01 pm

Hincaron a taxista informal en playa Moín y le dispararon en la cabeza

Una mujer y tres hombres son los imputados

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Fiscalía pide 184 años de cárcel contra tres hombres y una mujer sospechosos de fallido asesinato

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El Tribunal esta integrado, según el orden tradicional, por Carlos Arrieta, Carlos Cartín y Carlos  Montero.
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El Tribunal esta integrado, según el orden tradicional, por Carlos Arrieta, Carlos Cartín y Carlos Montero. (Rodolfo Martín)

Un total de 184 años de prisión solicitó  la Fiscalía de Limón contra cuatro sospechosos de haber intentado liquidar a un taxista informal identificado como Fillín Alberto Herrera Chacón, quien está vivo de milagro tras recibir dos balazos de arma calibre 38 en la cabeza, en un solitario sitio de playa Moín.

Los acusados comparecen en los Tribunales de Limón en calidad de imputados por esa tentativa de homicidio calificado y también en atención a cargos por privación de libertad agravada, robo agravado y portación de arma prohibida.

Herrera, taxista informal, aún mantiene alojado en su cerebro uno de los dos plomos, mientras que el otro se lo extrajeron en el hospital Calderón Guardia, donde fue operado de emergencia pocas horas después del dramático incidente.

Los hechos ocurrieron el 20 de agosto del año pasado, después de las 5 p. m. cuando los sospechosos interceptaron al ofendido para asaltarlo. Ahí comenzó el cruel viacrucis de Herrera, el cual no terminó sino hasta avanzadas horas de la noche.

Como acusados figuran una mujer de apellido Rosales, de 29 años, y los varones Rodríguez, Banton y Moreira de 19, 21 y 28, respectivamente.

La acción acusadora fue desplegada por el fiscal Dawer Moya quien basó su mayor petición de pena, 51 años en total, contra Banton. La solicitud, se desglosa de la siguiente manera: tres por la portación de arma ilegal; seis por la privación de libertad agravada, siete por el robo agravado y 35 por el homicidio calificado en grado de tentativa.

En un segundo orden aparece la pareja formada por Rosales y Moreira, para quienes solicitó 48 años de cárcel. Les atribuyen los mismos delitos, con la excepción de que fueron exonerados por la portación de arma prohibida.

Finalmente, figura Rodríguez con la menor petición: 38 años en su contra. El fiscal Moya, igualmente, lo libra de la portación de arma ilegal y, en vez de pedir 35 años por la tentativa de homicidio calificado, solicitó 25 años. porque fue el único de los tres que, de acuerdo con su criterio, mostró un real arrepentimiento por lo ocurrido.

En la foto aparece de espaldas y camisa de cuadros uno de los acusados, de apellido Banton, a la derecha y de corbata el fiscal Dawer Moya.
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En la foto aparece de espaldas y camisa de cuadros uno de los acusados, de apellido Banton, a la derecha y de corbata el fiscal Dawer Moya. (Rodolfo Martín)

Noche de pánico Herrera, que conducía un automóvil Hyundai, fue interceptado por Rodríguez, alias Tocino en los alrededores del barrio La Colina, en Limón centro. El imputado le pidió un servicio al barrio Roosevelt donde debía recoger a un amigo, en este caso Banton, conocido como Chata.

Luego de recogido este pasajero, le pidieron dirigirse al barrio El Bosque, para que Tocino cobrara una supuesta deuda de ¢150.000. Moreira sería el que, en apariencia, le entregaría el dinero. No obstante, todo esto era un montaje, según el fiscal Moya.

El recuento del fiscal indica que Moreira no estaba en el sitio, así que el taxista informal continuó hasta el barrio Cangrejos, donde Moreira finalmente apareció, acompañado por Rosales, su pareja.

Es entonces, cuando los cuatro le solicitaron a Herrera llevarlos al barrio Pacuare pero, al paso por un lugar solitario, Chata -que viajaba en el asiento de atrás- sacó un revólver, lo amenazó de muerte, lo obligó a detener el vehículo y a bajarse del mismo.

En ese momento, le amararon las manos con una camiseta y lo forzaron a meterse dentro de la cajuela del auto y aunque la puerta no cerraba del todo, Herrera no pudo lanzarse del carro porque Chata había desprendido parte del asiento trasero y lo amenazaba con su revólver 38.

Luego, lo llevaron hasta un apartado lugar de playa Moín donde la mujer les recordó que había llegado la hora de darle muerte.

Aunque Herrera suplicó por su vida una y otra vez, Chata prestó oídos sordos y a empellones y con el arma en su mano, lo obligó a caminar unos 10 metros y le disparó por la espalda.

Herrera cayó arrodillado y ahí mismo, se escuchó el segundo disparo. El chofer informal se desplomó de frente, de cara a la arena y los cuatros sujetos abandonaron la escena en el Hyundai creyéndolo muerto. Los atacantes, además, escaparon con la billetera del chofer que apenas contenía ¢45.000.

Ellos, desde un inicio, habrían decidido asaltarlo y ultimarlo porque, en apariencia, el conductor conocía muy bien a Rodríguez y su familia porque les había prestado servicios en varias oportunidades, según las investigaciones policiales.

Herrera, quien sangraba por la parte posterior de la cabeza, reaccionó al percatarse que era atacado por las hormigas y sentía ahogarse por la arena que había tragado. El taxista informal se incorporó y como pudo salió en búsqueda de auxilio.

A criterio del fiscal Moya, durante el debate quedó corroborada en todos sus extremos la acusación planteada por el Ministerio Público, con una prueba que resultó demoledora.

En primer término, la declaración del sobreviviente, que resultó contundente desde que habló con los primeros oficiales de la Fuerza Pública que lo atendieron minutos después del hecho, hasta las posteriores manifestaciones que hizo ante el OIJ.

En segundo lugar, los reconocimientos fotográficos y en persona que resultaron positivos; el decomiso de evidencia en la casa de Rodríguez de algunos bienes del ofendido como su teléfono celular, los parlantes del vehículo y un bate que Herrera andaba dentro del mismo para defendese.

Aunque Rodríguez admitió que todo se debió al interés de robar el vehículo para vender algunas piezas como respuesto, el fiscal hizo hincapié una y otra vez en que el grupo tuvo distintas oportunidades para haber dejado abandonado con vida al chofer. Contrario a eso, lo sometieron a una doble tortura: privarlo  de su libertad, e  intentar liquidarlo de dos balazos en la nuca.

Es probable que este viernes haya sentencia, luego de las conclusiones de los representantes de los acusados, todos miembros de la Defensa Pública de Limón.

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