5 noviembre, 2014

Limón. Un hombre de apellido Torres reconoció ayer a cuatro de los siete sujetos que figuran como acusados por el homicidio de Jairo Mora, ocurrido el 31 de mayo del 2013 en un paraje de Barra de Matina.

El testigo declaró ayer al reiniciar el debate por el caso de Mora. | R. MARTÍN.
El testigo declaró ayer al reiniciar el debate por el caso de Mora. | R. MARTÍN.

Torres, su esposa y dos sobrinos fueron atacados en la misma zona 13 días antes del crimen de Mora, bajo el mismo modus operandi , hechos que también forman parte del expediente que contiene el asesinato del joven ambientalista.

El testigo relató que ellos fueron emboscados, asaltados, despojados de sus pertenencias, privados de su libertad y, en el caso de su pareja, fue agredida sexualmente, cuando estaban por dejar la bocana del río Moín, adonde habían llegado para disfrutar de una noche de pesca familiar.

Los imputados que fueron reconocidos son de apellidos Salmon, Quesada, Centeno y Cash.

Torres realizó la identificación por solicitud de la fiscala del Ministerio Público, Carmen Zúñiga, quien al final de su interrogatorio le preguntó si podía o no identificar entre el público presente a los responsables de esos hechos.

No tuvo dudas. El Tribunal de Juicio avaló ese proceso y entonces Torres procedió sin titubeos, señalando en tres ocasiones a los sujetos e individualizando lo que recordaba de cada uno.

Uno de los momentos más dramáticos llegó cuando el hombre narró el sentimiento de impotencia que lo embargó esa noche, al reconocer que tuvo la intención de salir en defensa de su familia. Sin embargo, explicó que no actuó para no ponerlos en un riesgo mayor.

Dijo que, al ser sorprendidos por los cuatro antisociales, agarró de la mano a su esposa e intentó huir con ella por una de las margenes del río Moín, pero regresaron al percatarse de que un sujeto mantenía retenido a uno de sus sobrinos.

Torres ofreció su declaración al reiniciar ayer el debate por el homicidio de Mora, luego de ser suspendido hace una semana.

Antes de él, testificó su esposa, pero mediante una videoconferencia que fue secreta y bajo un trato de marcada protección policial.

El mismo proceso se realizó con los dos menores, quienes, al igual que sus tíos, vivieron esa noche en Moín una pesadilla.