Por: Katherine Chaves R. 11 septiembre, 2016

Alejandro Valverde sumaba año y siete meses encerrado en las llamadas tumbas de La Reforma cuando lo entrevistamos. En ese tiempo, admitió, ha podido estudiar para sacar su bachillerato de colegio.

Sin embargo, la mayoría de los días sufría ataques de pánico y ansiedad, generada por no poder salir del cubo de cemento.

“Uno se sofoca mucho y, por eso, hay compañeros que hasta han llegado a hacerse daño con tal de salir de estas celdas”, lamentó Valverde, quien debe descontar una pena de 24 años por robos agravados y hurtos.

Pese a ello, para este reo, lo más difícil no lo constituye el encierro, sino las condiciones que los rodeaban.

“No hay ventilación, los cables de electricidad están expuestos y se puede generar un incendio, y no tenemos nadie con quién hablar. En este momento, estoy seguro de que vivimos peor que las ratas”, aseguró Valverde.

Lamentó que, además de lo ruinoso de la infraestructura y lo frustrante del encierro, lidiaban con compañeros problemáticos.

“Aquí no lo piensan dos veces en tirarte un poco de mierda y eso es tan incómodo... Hace que todo sea más difícil de sobrellevar”, comentó Valverde.

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