Por: Katherine Chaves R. 9 febrero
El papá de la víctima, Rodrigo Salas (derecha), declaró durante una media hora ante la jueza Krissia Zamora Pérez.
El papá de la víctima, Rodrigo Salas (derecha), declaró durante una media hora ante la jueza Krissia Zamora Pérez.

Después de que la doctora Sonia Salas Valverde tuvo un grave accidente de tránsito en el centro de San José en el 2011, ella ya no tenía deseo de vivir más. Pasó de ser una persona muy proactiva a tener dificultades hasta para pronunciar su nombre.

Esa afirmación la hizo Rodrigo Salas, de 84 años y papá de la ofendida, durante el primer día de juicio que se lleva en contra del chofer de bus, apellidado Quirós Torres, quien es acusado del delito de lesiones culposas.

Según la acusación, el 25 de julio del 2011 Quirós Torres (a cargo de un autobús de la ruta a San Rafael Abajo de Desamparados), irrespetó un semáforo que estaba en rojo, lo que provocó que golpeara el costado izquierdo del carro de Salas, lo arrastrara y lo dejara prensado contra un poste de luz.

En su declaración, el papá de la víctima explicó que la doctora –quien era especialista en oncología pediátrica quirúrgica– sufrió de un politraumatismo. "Fueron lesiones cerebrales que trastornaron sus funciones en forma permanente y que le han generado una enfermedad: la epilepsia. Hoy la víctima tiene 52 años.

"El cerebro lesionado modifica la actividad eléctrica, la hace más intensa y eso provoca convulsiones, las cuales deben ser controladas con sedantes. Como su caso es tan grave, esas medicinas tienen que dársele en dosis muy elevadas y, a la larga, eso produce toxicidad. Lo que hace es reducir los glóbulos blancos, que se encargan de la defensa.

"Entonces, cuando bajan mucho las defensas, queda expuesta a todo tipo de padecimientos por bacterias, hongos virus y hasta cáncer. Cuando eso ocurre, hay que reducir las dosis, lo que provoca que entre en un estado epiléptico. Pero no es uno común y corriente, sino que es prolongado, no cede y se requiere de hospitalización para poder reestablecer el control", explicó el padre, quien es un médico jubilado.

Rodrigo Salas, de 83 años, y su esposa, Venus Valverde, de 71, ahora deben estar al pendiente de su hija, la médica que sufrió el accidente. | GABRIELA TÉLLEZ.
Rodrigo Salas, de 83 años, y su esposa, Venus Valverde, de 71, ahora deben estar al pendiente de su hija, la médica que sufrió el accidente. | GABRIELA TÉLLEZ.
Golpe emocional

Esos padecimientos, que la aquejan desde el día del accidente, aseguró el papá, también la han golpeado emocionalmente. Era tal la inestabilidad que los familiares y médicos consideraron internarla en el hospital psiquiátrico; sin embargo, antes de hospitalizarla, prefirieron darle un tratamiento para observar cómo evolucionaba.

"Ella antes de todo esto disfrutaba de muy buena salud física y mental; ella tenía enorme actividad hasta ese día (...) Pero, todo esto le afectó el comportamiento de una manera muy severa", recordó.

Según narró, los meses después del accidente, su hija solo quería morir. "Lo único que quería era morir, se encerraba en eso. No soportaba verse sin poder hacer nada (...) Mi hija no puede trabajar. No solo perdió la salud, el trabajo, la profesión y los contactos sociales, ella perdió su vida. Mi hija es otra, realmente es otra, comparada con lo que era antes. Perdió todo.".

El padre contó que, para ayudarla a superar esta situación, la hacían recordar sus éxitos profesionales y, sobre todo, le recordaban lo mucho que la necesita su hija, quien para ese momento estudiaba la carrera de Nutrición.

"La hacíamos ver que había disfrutado mucho su profesión, que había viajado mucho a seminarios y que eso se debía, en parte, a que nosotros (los papás) la habíamos apoyado mucho. Entonces, basándonos en eso, le decíamos que la hija de ella también merecía una oportunidad como la que ella tuvo y que la hija también esperaba que ella (Sonia) la apoyara en sus estudios", detalló.

Agregó que, gracias a la psicoterapia, lograron que ella fuera aceptando vivir en esa condición. "Todo eso nos ayudó a que ella cambiara su pensar porque, definitivamente, lo único que ella (la doctora) quería, era morir", concluyó el papá.

Después de la declaración del también médico, la jueza Krissia Zamora Pérez hizo pasar a la sala de juicio a la afectada Sonia Salas; no obstante, pese a que ella intentó brindar su declaración, sus padecimientos se lo impidieron.

Por este caso, la familia reclama una indemnización de ¢922 millones.

El Código Penal castiga el delito de lesiones culposas con una pena de cárcel que va entre 1 y 10 años.

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