Cuido estaba a cargo de su hermana y sus padres, quienes son adultos mayores

Por: Katherine Chaves R. 1 noviembre, 2016
En este cuarto era donde permanecía el hombre con discapacidad. Antes, el techo era de latas, las paredes eran de color verde y permanecía un fuerte olor a excremento, según detalló el Juzgado de Violencia Doméstica de San Joaquín de Flores, Heredia. Actualmente y después de unas remodelaciones, luce así. | MELISSA FERNÁNDEZ
En este cuarto era donde permanecía el hombre con discapacidad. Antes, el techo era de latas, las paredes eran de color verde y permanecía un fuerte olor a excremento, según detalló el Juzgado de Violencia Doméstica de San Joaquín de Flores, Heredia. Actualmente y después de unas remodelaciones, luce así. | MELISSA FERNÁNDEZ

Un hombre de 38 años que tiene una discapacidad mental, pasaba sus días encerrado y sucio en el cuarto de su casa, ubicada en el barrio Santa Marta, en Flores de Heredia.

En la habitación de poco más de 16 metros cuadrados había una cama, un baño y, en lugar de puerta, un portón que siempre permanecía cerrado.

No había conexión para poner bombillos, por lo que de noche quedaba a oscuras.

La forma de entretenerse de este sujeto era dibujando figuras en las paredes usando excremento. En ocasiones también se golpeaba a si mismo.

Por sus padecimientos, él dependía de sus padres, quienes tienen 61 y 71 años, además de una hermana, de 35 años. Pero, por más que tuviesen la disposición de atenderlo, la situación se les salía más y más de las manos.

Cuando los funcionarios de la Clínica Jorge Volio, en San Joaquín de Flores de Heredia, se enteraron de este caso, dieron aviso al Juzgado de Violencia Doméstica de esa zona.

Tras un análisis y varias visitas a la vivienda, en setiembre pasado la jueza Nelda Jiménez ordenó su reubicación en una residencia privada subsidiada por el Consejo Nacional de la Persona con Discapacidad (Conapdis).

“Se logró comprobar el descuido en la apariencia física de la presunta víctima, además de que efectivamente había excremento en las paredes de su habitación”, reprochó Jiménez.

El hombre permanece desde el 23 de setiembre en ese albergue, donde comparte con otros 15 jóvenes que también tienen alguna discapacidad. Ellos son cuidados por tres mujeres.

El proceso. Todo comenzó cuando el padre del afectado, quien tiene 61 años, tuvo una emergencia médica y fue llevado a la clínica. Él tenía una bacteria y su vida estuvo en peligro.

Pese a ello, el papá solicitaba que le dieran de alta porque tenía que ir a cuidar a su hijo. Tal insistencia llamó la atención del personal del centro médico. Tras averiguar el porqué de la urgencia, el 7 de julio anterior solicitaron la intervención de las autoridades judiciales.

Según la resolución de la jueza, el informe de la clínica indicaba que el hijo estaba “en una condición de vulnerabilidad, posible riesgo de negligencia por parte de la familia, con problemas de salud, lo que afecta actualmente las condiciones, estabilidad y calidad de vida del usuario”.

El documento agregaba: “No existen las condiciones habitacionales ni de aseo personal en el afectado, quién además tiene una apariencia física descuidada con uñas y cabello largo”.

El 13 de julio, Jiménez ordenó a los padres mejorar las condiciones de aseo y de la habitación.

En un reporte con fecha posterior, Jiménez manifestó que, si bien los familiares habían cumplido con arreglar la infraestructura, no acataron la orden de prestarle más atención a la limpieza personal del afectado.

“Pude ver que botaron la basura que tenía sobre la cama, pintaron las paredes, cambiaron el techo, pero no tenían el material humano para cuidar de esta persona”, detalló la funcionaria en entrevista con La Nación.

Desde que el afectado ingresó a la residencia privada del Conapdis, la situación ha cambiado para bien, afirmó Cristian Bolaños, psicólogo de ese Consejo.

La madre Jeannette Campos, de 71 años, peleará para que su hijo regrese a la casa. | MELISSA FERNÁNDEZ
La madre Jeannette Campos, de 71 años, peleará para que su hijo regrese a la casa. | MELISSA FERNÁNDEZ

Bolaños explicó que, al estar aislado, el hombre solía estar enojado. Sin embargo, como en este otro sitio debe compartir con más personas, su humor ha mejorado bastante.

“En las primeras 72 horas se notaron grandes cambios. Por ejemplo, empezó a tener una mejor interacción con sus compañeros, mejoró su apariencia personal (le cortaron el cabello y la barba), aprendió a hacer solo cinco tiempos de comida, entre otras cosas”, mencionó.

Reclamo y lucha. Pese a esa mejoría que describió el psicólogo, los familiares del reubicado no están conformes con la decisión tomada por la jueza Villalobos.

La madre, Jeannette Campos, de 71 años, señaló que el fallo los tomó por sorpresa, ya que “estábamos acatando las órdenes del Juzgado”.

“Estábamos haciendo nuestros arreglitos, poco a poco, pero los hacíamos. Sin entender nada, nos lo quitaron”, lamentó Campos al hablar con La Nación.

Aseguró que su hijo vivía bien en su casa. “Él era feliz aquí, cuando quería algo nos lo pedía y nosotros corríamos para dárselo. No entiendo porqué se lo llevaron”, insistió.

Mientras tanto, la hermana del afectado, y cuya identidad se mantendrá en reserva, aseguró que lucharán para que él regrese a la vivienda.

“Él tiene su casa, no tiene porqué estar ahí. Nadie lo va a cuidar mejor que nosotros. Es muy doloroso, nos lo quitaron y se llevaron nuestro corazón”, concluyó.

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