Ambos sujetos lideraban una banda formada por 32 personas

Por: Adrían Galeano Calvo 14 noviembre
El OIJ y la Fiscalía lograron las detenciones por medio de 19 allanamientos. Foto OIJ.
El OIJ y la Fiscalía lograron las detenciones por medio de 19 allanamientos. Foto OIJ.

Desde muy jóvenes, dos hermanos de apellidos Rivera Chavarría y vecinos de de barrio Luján, en San José, ya gozaban de una gran reputación como estafadores.

Esas andanzas los llevaron a liderar una banda criminal que logró adueñarse de ¢127 millones a punta de estafas y de engaños.

Los hermanos Rivera, conocidos como “Joselito”, de 40 años, y “Lulú”, de 39, fueron detenidos la mañana de este martes por el OIJ y el Ministerio Público, que les seguían la pista a raíz de múltiples estafas cometidas con cheques alterados con los que hacían caer tanto a instituciones públicas como a privadas.

Además de los hermanos, por medio de 18 allanamientos en San José, Nicoya y Cartago, las autoridades también agarraron a 32 miembros más de la banda, entre los que destacan 11 mujeres.

Walter Espinoza, director del OIJ, explicó que la investigación por el caso “Hermanos” se inició desde principios de año, cuando empezaron a averiguar de dónde que sacaban tanto dinero “Joselito” y “Lulú”.

“Ambos habitaban en Tres Ríos, el segundo de ellos (Lulú) en una casa que había adquirido recientemente y que fue pagada en efectivo, de un buen nivel económico y en un residencial. El otro de ellos (Joselito) estaba relacionado con actividades fraudulentas y con tráfico de drogas”, dijo Espinoza.

La banda de los hermanos también se dedicaba a la falsificación de dinero. Foto OIJ.
La banda de los hermanos también se dedicaba a la falsificación de dinero. Foto OIJ.

El director de la Policía Judicial contó que los dos hermanos pasaron su niñez y adolescencia en barrio Luján, donde empezaron a hacerse fama de estafadores. Además, explicó que en ese mismo barrio fue donde reclutaron a varias personas para la banda que estaban liderando.

“Ellos tienen pasadas policiales, pero no tienen antecedentes, o sea, (no tienen) sentencias firmes en contra suya. Son una especie de leyenda urbana, si cabe la expresión, toda vez que desde hace muchísimos años han estado vinculados con esta misma temática. Incluso familiares suyos han sido mencionados como miembros de organizaciones criminales que años atrás se relacionaron con actividades de naturaleza fraudulenta”, relató Espinoza.

Aunque “Joselito” y “Lulú” fueron muy vivos para reclutar personas y hacerse con varios millones a punta de estafas, les faltó cabeza para buscar la forma de encubrir sus delitos. En lugar de poner algún negocio o algo así solamente se dedicaron a disfrutar de su fortuna.

“No tenían actividades licitas ni actividades económicas que sean conocidas, parte de la investigación estuvo dirigida a conocer si tenían algún negocio que pudiera ayudarlos a mantener su forma de vida, pero únicamente se mantenían con la actividad fraudulenta”, añadió Espinoza.

La venta y distribución de drogas también era una actividad que realizaban a pequeña escala. Foto OIJ.
La venta y distribución de drogas también era una actividad que realizaban a pequeña escala. Foto OIJ.
Depósito equivocado

Para cometer las estafas millonarias la banda de los hermanos se valía del llamado “timo del depósito falso”.

Lo que hacían era esto: depositaban ¢50.000 en una cuenta de instituciones públicas o privadas), entre las que había desde bancos hasta municipalidades.

Según dijo José Pablo Miranda, fiscal adjunto contra Fraudes, después de hacer el depósito, los delincuentes contactaban a la entidad diciendo que se habían equivocado para que les hicieran el reembolso. Pedían que fuera en efectivo o en cheque porque, decían, no tenían cuenta bancaria.

“Si les devolvían el dinero en efectivo lo reutilizaban en otra víctima, pero si les daban un cheque aprovechaban para alterarlo de forma muy sofisticada, al punto de que tenemos afectaciones en todo el sistema bancario”, mencionó MIranda.

El trabajo de alteración era tan bueno que si les devolvían un cheque por ¢50.000, ellos lo convertían en uno de hasta ¢10 millones. Después llegaban con el cheque alterado y solicitaban el cambio.

Miranda explicó que con la intervención realizada este lunes calculan que lograron evitar que esta organización se adueñara de al menos ¢70 millones más.

Además de la alteración de cheques, el grupo de los hermanos se dedicaba a la fabricación de dinero falso e, incluso, a la venta y distribución de drogas, esto a una escala menor. Su fuerte eran las estafas.