Dos jóvenes fueron asesinadas y descuartizadas por el mismo hombre a finales del 2000 e inicios del 2001. El caso quedó abierto y el asesino nunca apareció

 25 junio

Las partes del cuerpo comenzaron a aparecer diseminadas. Primero fue un brazo, luego la cabeza, después una pierna. Más tarde apareció el otro brazo y el tronco.

Desde el 13 de diciembre del 2000 y por dos meses se inició a reconstruir un escalofriante rompecabezas humano.

La quebrada Los Negritos, el relleno sanitario Río Azul, el río Cucubres y el río Agres comenzaron a escupir restos humanos de una joven de 17 años que había sido brutalmente descuartizada.

Ambas víctimas eran habitantes de la calle y se conocían. Las dos dejaron sus casas desde jóvenes.
Ambas víctimas eran habitantes de la calle y se conocían. Las dos dejaron sus casas desde jóvenes.

Su nombre era Jackeline Rodríguez y desde los 12 años cayó en las garras del crack. Jackeline era habitante de la calle y deambulaba por Lomas de Ocloro, San José, antes de ser la primera víctima de un hombre conocido como “el descuartizador de adolescentes”.

En febrero del 2001, un brazo, una cabeza y una pierna de una víctima nueva se sumaban al caso, repitiendo los mismos patrones.

Ivett Badilla, de 14 años, también adicta al crack y habitante de la calle en Lomas de Ocloro había sido igual asesinada y descuartizada.

“Los exámenes (...) revelaron que ambos casos están ligados debido a que se utilizó una misma herramienta para efectuar los cortes”, publicó La Nación en febrero del 2001. “Dicha conclusión permitió establecer que el mismo o los mismos sujetos cometieron los crímenes. (...) Los cortes que presentaban las dos víctimas fueron realizados con una hoja de sierra o con un serrucho”.

El asesino sigue sin ser identificado y el caso de las adolescentes asesinadas y desmembradas continúa impune.

Rosario Zamora, madre de tres de las niñas asesinadas en el crimen de Alajuelita, se convirtió en policía y sirvió durante 16 años a la Fuerza Pública. En una coincidancia irónica y como si no hubiera sido suficiente lo que vivió, la vida la llevó a conectarse directamente con el caso de Ivett y Jackeline.

“¿Sabe qué me tocó a mí?”, dijo el año pasado en un reportaje realizado para la Revista Dominical. “Atender el caso de las chiquitas descuartizadas, unas indigentes jovencitas que aparecieron descuartizadas, también fue un psicópata el de eso. A mí todo el mundo me decía ‘Rosario, pero, ¿cómo hace usted, por Dios, después de pasar lo que pasó?’. Y viera que no sé si es que Dios me ha dado la fuerza de analizar las cosas diferente, pero cuando me tocó ese caso, por ejemplo, me daba tanta lástima ver esas chiquitas así que hasta me ponía a pensar que al menos a las mías no les pasó eso”.