Por: Hugo Solano 13 marzo

El río Bijagua, en Upala, fue uno de los que, el día en que pasó el huracán Otto, recibió en su cauce y en los de sus afluentes, materiales falseados por un fuerte temblor que sacudió esa zona cuatro meses antes.

El informe de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) indicó que la sacudida, de 5,4 grados, también produjo desprendimientos y grietas en taludes de la margen izquierda del río Zapote.

Las avalanchas que corrieron por Bijagua de Upala y arrasaron casas y comercios, surgieron cerca de la falla geológica. | ARCHIVO/R. MURILLO
Las avalanchas que corrieron por Bijagua de Upala y arrasaron casas y comercios, surgieron cerca de la falla geológica. | ARCHIVO/R. MURILLO

El temblor se registró el 2 de julio, 6 kilómetros al norte de Bijagua, en las faldas del Miravalles, tuvo réplicas fuertes y se sintió en las localidades upaleñas de Bijagua, Altamira, Pata de Gallo y El Macho.

En aquella ocasión, los informes sobre el sismo advertían de que las zonas con desprendimientos estaban muy inestables y tenían alto potencial de colapso en caso de lluvias.

Esa vez, Juan Bosco Acevedo, alcalde de Upala, se mostró preocupado por varios deslizamientos que se observaron en las laderas del volcán y el taponamiento en los ríos Zapote y Guacalito. “La gente teme una avalancha”, dijo.

Las lluvias de más de 400 litros por metro cuadrado que cayeron al paso del huracán Otto, saturaron los suelos y ocasionaron los anunciados aludes en sitios con más de 350 años de no registrarlos, informó la CNE.