Dice que lo que más le dolió fue dejar la casa sabiendo que su mamá estaba adentro

Por: Hugo Solano 27 noviembre, 2016
L a noche de ese jueves ella estaba en un cuarto con su hijo Matías, de cuatro años y su compañero sentimental, Omar Saravia Silva, de 34 años, fue quien los salvó.
L a noche de ese jueves ella estaba en un cuarto con su hijo Matías, de cuatro años y su compañero sentimental, Omar Saravia Silva, de 34 años, fue quien los salvó.

Jenifer Barboza Alvarado, de 23 años, quien perdió a su madre y hermano el jueves en la avalancha provocada por el huracán Otto en Bagaces, Guanacaste, relató este sábado el drama que vivió al escapar de la muerte con su hijo y su compañero sentimental, huyendo por un hueco de la casa donde quedaron sus parientes.

Ella es hija de Mariza Alvarado, de 45 años, sepultada el sábado y hermana de Joseph Barboza, de 24, de quien no se ha recuperado el cuerpo por el tiempo lluvioso y nublado que prevalecía en la zona.

La noche de ese jueves ella estaba en un cuarto con su hijo Matías, de cuatro años y su compañero sentimental, Omar Saravia Silva, de 34 años, fue quien los salvó.

Los tres estaban en la misma cama cuando se les vino todo encima, quedaron a oscuras y Saravia cruzó a como pudo al otro lado de la habitación, le dio unos golpes a la pared hasta hacer un boquete y salieron los tres.

Lo que más le dolió fue saber que adentro quedaban su mamá y su hermano y no podía hacer nada.

"Mi bebé me preguntaba nos morimos, mamá y yo le decía no, mi amor, Diosito nos salvó y nos va a sacar de esto".

Nos fuimos para la casa de mi tío Dennis Alvarado, porque vimos la luz de un foco, ahí estaba mi tía con los dos chiquitos, pero nos dijo que Dennis estaba prensado en el baño.

Avisaron al sistema 9-1-1 y como sonaba horrible la avalancha, desistieron de huir por el lado de Thermo Manía. Eso les salvó la vida, pues por ahí bajaban toneladas de piedras, lodo y troncos.

Al ver que no podían pasar y solo llevaban un foco pequeño, decidieron salir por otro lado. Estaba lloviendo, iban todos embarrialados y descalzos.

Se devolvieron y al llegar de nuevo a la casa de Dennis, ya habían llegado unos vecinos para tratar de rescatarlo.

Mientras tanto, Jenifer cambió al niño que iba empapado para que no sufriera una hipotermia. Le puso unas camisas y paños que estaban tendidos.

"Como sonaba tan horrible", los rescatistas que habían llegado en un pick-up, decidieron no esperar y los sacaron hacia La Fortuna de Bagaces.

Luego supieron que su tío Dennis había sido rescatado, pero que no pudo sobrevivir y antes de la 1 a. m. había muerto.

La joven recordó que su madre era cocinera en el centro turístico El Guayacán desde hacía 10 años y en ese mismo lugar, que es una empresa familiar, labora ella y sus hermanas Jeylin y Yerlin, de 20 y 27 años, respectivamente.

Por su parte, Joseph, de 24 años, laboraba en una lechería de su abuelo Marcos Alvarado, dueño de El Guayacán.

"Esa noche mi madre estaba muy tranquila, la última vez que hablamos fue cuando me dijo que no olvidara asistir a la gata que estaba recién operada y que se fuera a morir por culpa de huracán. Al final la gata también desapareció".

"Ella siempre fue fuerte, alegre luchadora, nos sacó adelante. Por su parte, Joseph, mi papucho, era chichoso pero cariñoso. Adoraba a Yerlin, mi hermana mayor".

Joseph estaba solo en un casita aparte, que se comunicaba con la de su madre por un pasadizo, pero fue la parte que la avalancha alcanzó primero y era una casa de material muy débil.

A Dennis lo recuerda como un hombre alegre, que hacía reír siempre a la familia y muy cariñoso.

Dijo que su tío Dennis, de 37 años, laboraba como administrador de obras civiles en el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).

La familia de Dennis se salvó. La esposa estaba alistando a su hija de dos años, porque ya se iban a dormir y les acompañaba otro hijo de Dennis, cuando de pronto vieron que la corriente se llevó gran parte de la casa y derribó el resto prensando a Dennis.

Ella salió a llamar al 9-1-1, pero la ayuda tardó en llegar, porque el camino era casi inaccesible.

Jenifer se siente confortada porque el sábado la Iglesia estaba llena durante el funeral y en el cortejo hasta el cementerio de Guayabo.

Dijo que ahora le da gracias a Dios porque pese al dolor, la dejó con vida y espera que El Guayacán pueda volver a la normalidad y laborar para compartir con su familia y con el hijo de Joseph, Jason Alfaro, un niño al que su madre quería como un hijo más.

"Mi mamá siempre me decía: Cuál de mis hijas se va a echar El Guayacán al hombro cuando yo no esté, entonces ahora vamos a echar para adelante, que fue lo que ella siempre quiso.

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