Joven de 23 años quemó vivienda para vengarse de esposa por la separación

Por: Hulda Miranda P. y Óscar Rodríguez 17 marzo, 2015

Heredia. Después de rociar gasolina por toda la casa, un joven de 23 años, de apellido Araya, abrazó a su hijo de tan solo cinco años y le dijo: “Usted se muere aquí conmigo”.

La sentencia se la dio al tiempo que lanzaba un encendedor y las llamas empezaban a consumir la vivienda en Puente Salas de Barva, Heredia.

Mientras tanto, el dueño de la casa, Fabio Sancho Morales, de 23 años, intentaba salvar a sus hijos (de dos y tres años), a su esposa, a la compañera de Araya y a los dos hijos de ellos.

Todos lograron salir, pero no ilesos. El menor de cinco años sufrió quemaduras en el 30% del cuerpo y está delicado en el Hospital Nacional de Niños.

Sancho y el mismo Araya sufrieron lesiones graves y están hospitalizados.

Elena Sancho, hermana de Fabio, tiene graves quemaduras en ambas piernas.

Ayer, tendida en una cama de la casa de su hermana Marcela, la joven, de 26 años, relató “la historia de terror” que vivieron el sábado, desde las 8:30 a. m.

Víctima. La tragedia se comenzó a tejer hace un par de meses, cuando Araya y su esposa le pidieron a Fabio Sancho un lugar para vivir y él les dio un cuarto de su casa.

Elena Sancho trabaja en producciones de eventos, pero no tiene un empleo fijo. No cuenta con seguro médico y ha tenido que insistir en centros de salud para ser atendida. Todo lo que tenía se quemó. | GABRIELA TÉLLEZ
Elena Sancho trabaja en producciones de eventos, pero no tiene un empleo fijo. No cuenta con seguro médico y ha tenido que insistir en centros de salud para ser atendida. Todo lo que tenía se quemó. | GABRIELA TÉLLEZ

Elena se quedaba en una habitación adjunta a la vivienda.

Frecuentemente, se escuchaba a la pareja recién llegada tener discusiones, según narró ella.

Hace 15 días, Araya intentó “sacarle los ojos a su esposa con un lapicero”. Por eso fue obligado a salir de la casa y no acercarse.

Sin embargo, el sábado regresó para vengarse. “Escuché que ella gritó: ‘¡No haga eso, váyase!’. El chiquito también le pedía: ‘¡Papi no haga eso, por favor!’.

”Salí corriendo y me metí en la casa. Él estaba parado en la sala, con un encendedor. Ya había rociado la gasolina por todo lado, porque primero forcejeó con mi hermano”, recordó Elena.

De inmediato, vio una explosión, corrió para pedir ayuda a los vecinos y cayó al suelo.

También, observó a su cuñada romper una ventana y lanzar fuera a sus dos hijos para salvarlos.

Imagen sin titulo - GN
Imagen sin titulo - GN

Luego, vio cuando sacaban al niño de cinco años. “Estaba pelón, no tenía cejas, no tenía pestañas, los ojos los tenía como rojos. Las plantas de los pies las tenía guindando, se le caían los pedacitos de pellejo”.

Héroe. Elena también vio al agresor salir “ como una antorcha humana” y a un hombre ayudarle a su hermano a abandonar la casa.

“Mi hermano es un campeón. Lo primero que le importó fue sacar a todos. La esposa le preguntó cómo se sentía y él le dijo que bien, que fuera a ver a los chiquitos. Ella intentó caminar y él la llamó: ‘¡Elsa’! Y ella le contestó: ‘¿Qué pasó , mi amor’? ‘Elsa, así quemadito me va a amar también? Y ella le dijo: ‘Sí, lo voy a amar más’. Entonces Fabio empezó a orar”, narró.

Mucha fe. Pese a no tener un seguro médico (pues no tiene un trabajo fijo) y a perder todas sus pertenencias, Elena Sancho dice necesitar solo de las oraciones para su familia.

Ella y sus allegados confían en que su hermano se recuperará.